|
|
SECCIONES
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| |

|
|
|
Suscripciones
al teléfono
472-7694 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
|
|
 |
|
 |
|
|
 |
 |
En torno a flojeras y apatías
En el 2001, el de la Odisea del Espacio, la electricidad nos sorprende y regocija cuando aparece, el agua de los grifos que no se puede beber viene y se va alocadamente en los mejores sectores y en los peores, no llega nunca. El lío de la Corporación de Electricidad, más que privatizada, latrocinada, de latrocinio, de ignominia, ha redundado en facturas inmorales y descaradas en su abultamiento criminal.

Por Jacinto Gimbernard Pellerano
En la revista Selecciones de los años cuarenta avanzados, existía una sección fija que traía el título: ¿Si otros pueden, por qué no usted? Por alguna razón desconocida (estoy por creer que todas las razones son fundamentalmente desconocidas) me atrajo el título hasta el punto de recortarlo y pegarlo en un viejo armario que yo había convertido en librero en mi habitación. No estoy seguro de haber leído, por lo menos con interés, los textos de esa sección. Mi interés estaba en el título, en la idea, en el reto.
Muchos años después, contratado como Konzertmeister de la Sinfónica de Hannover, en Alemania, recordaba aquel título iluminador -por lo menos para mí- cuando veía instrumentistas de esa Orquesta Sinfónica de larga e ilustre tradición, aunque no esté a la altura de Berlín, Viena, Nueva York y otras de primerísima línea. Se trataba de músicos extraordinariamente esforzados, disciplinados y cuidadosos. Por supuesto que tocar música de Bach, o Mazart o Haydn, no es nunca fácil; mientras menos notas rápidas aparecen, más alta es la exigencia de diafanidad y limpidez en el sonido (iba a decir "transparencia" pero ya los políticos han embarrado la palabra). El caso es que estos músicos llegaban tempranísimo al local de ensayos y continuaban allí el estudio y perfeccionamiento de pasajes sinfónicos que los instrumentistas de la Sinfónica dominicana leían a primera vista y nunca se molestaban en practicar "porque Mozart es fácil, y Bach también". Aquellos alemanes y vieneses que integraban, casi en su totalidad, la Sinfónica de Hannover no eran mejores músicos de atril que un número de los dominicanos de nuestra Orquesta, pero su rendimiento era incomparablemente más elevado.
¿Por qué? Por su disciplina, su determinación a sacar el máximo de su talento y sus posibilidades. La actitud no se limitaba a la música. Los mecánicos, los obreros diversos, los barrenderos y lavaplatos tenían y tienen igual apego a la eficiencia. No los políticos y los burócratas que son iguales en todas partes.
Alguna vez he contado que una tarde en Oxford, Inglaterra, por 1963, conversando con don Salvador de Madariaga, le manifestaba mi pesar por nuestra indisciplina, que tapaba e invalidaba tan terriblemente el talento de nosotros los latinoamericanos. Don Salvador repuso con un cuento que trataré de resumir a lo esencial. Había dos remotas aldeas españolas que se disputaban contínuamente sus méritos y logros primitivos. Las bandas de música de cada una de las dos aldehuelas estaban incluidas en tal competencia. En una ocasión, decididos a darle el palo de gracia a los rivales, los pobladores de uno de los villorrios mandaron un músico al remoto Madrid para que trajera un instrumento nunca visto por las aldeas, un fenomenal tuba, con una gran campana reluciente. Fue la espectación y el asombro cuando tan formidable y enorme instrumento apareció en el desfile de la banda. Un músico de la aldea contraria se infiltró boquiabierto, pero no escuchaba ningún sonido del imponente artefacto. Ya incapaz de resistir más, se coló dentro de la banda, se puso al lado de quien llevaba la tuba y le dijo: -Pero no oigo na', eso no suena
Y el otro el contestó: ¡Ay, si sonara!
Don Salvador decía que si latinoamérica "sonara", la hicieran sonar, por educación y disciplina, el resultado sería un estruendo de maravillas.
Hoy el mundo entero parece haber caído en la sentina del disparate. En verdad la República Dominicana está mejor que muchísimos otros países de su mismo nivel de desarrollo y también mejor que otros que teníamos por muy cultos y superiores.
Pero no me conformo.
Especialmente cuando veo que la indisciplina y la defachatez contumaz ganan terreno como si calzaran las botas de las Siete Lenguas, mientras la capacidad de indignación se amilana y se encoje a dimensiones liliputenses.
¿Si otros pueden, si otros han podido, por qué nosotros no podemos educarnos y disciplinarnos? El país está lleno de analfabetos, semianalfabetos y alfabetizados que no leen más que unas cuantas noticias y comunicados que los meta en la carrera de los ventajismos fáciles de la política y sus ramificaciones directas o indirectas. En el 2001, el de la Odisea del Espacio, la electricidad nos sorprende y regocija cuando aparece, el agua de los grifos -qu e no se puede beber- viene y se va alocadamente en los mejores sectores y en los peores, no llega nunca. El lío de la Corporación de Electricidad, más que privatizada, latrocinada, de latrocinio, de ignominia, ha redundado en facturas inmorales y descaradas en su abultamiento criminal.
Y sólo tenemos palabras que no se escuchan.
Ignorancia y abuso. Impotencia y apatía.
|
 |
Otros
artículos
Los hijos del gran desorden
Pedro y Salomé
LIBROS
|
|
|
|
|
VISITE LA WEB DE LOS PERIÓDICOS
|
Hoy | El Nacional
|
Revistas Nacionales, S. A. | Santo Domingo, República Dominicana | Todos los Derechos Reservados
|
|