La Basura
En el vicioso círculo de los servicios públicos
No hablemos de ornato. Los montículos de desperdicios heces de arrabal depositadas en el centro que se encuentran en cualquier centro urbano, insultan a los contribuyentes y desdicen del modelo en arreglo al cual organizan su vida civil y política

Por Pedro Canó
La urbanización desorganizada, la improvisación y la falta de visión para ver el problema desde una perspectiva global, así como la falta de voluntad para enfrentarlo, se cuentan entre los ingredientes de ese caldo apestoso cuyos restos se acumula en aceras y bordillos, en avenidas y callejones, en cualquier rincón de cualquier ciudad de la República Dominicana.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa sobre la morbilidad y mortalidad asociadas con la falta de higiene como un ominosos lastre que pesa sobre los países en vías de desarrollo. Tales males imponen un nada desdeñable régimen de gastos de salubridad sobre los Estados en estos países, al tiempo que ralentizan el desarrollo integral de su más preciado recurso: sus habitantes.
La disposición inadecuada de los residuos sólidos contamina los cursos de agua y, por razón de tal infestación, se multiplican las posibilidades de contraer enfermedades. Lo anterior resulta en un incremento en las urgencias sanitarias de la población, que se expresa en brotes de males infecto contagiosos y respiratorios, y pulular de toda clase de microbios. En el momento se registra un incremento dramático en los casos de amebiasis, por sólo poner un ejemplo.
En países como el nuestro las inversiones en salud son responsabilidad del Estado. Sin embargo, la población especialmente los estratos medios- debe suplirse tales servicios a pesar de haber pagado por ellos en forma de impuestos, so pena de sucumbir. Tales actividades de disposición particular de desperdicios genera empleo, pero de un tipo que pagan los bolsillos equivocados.
Entre los focos de infección por excelencia se halla la basura. Esa que enferma y desluce. Esa por cuya adecuada disposición pagamos todos, en un sistema que grava directamente a cada consumidor.
En fin, pagamos por recoger los desperdicios que no se recogen, que nos enferman y tenemos que volver a pagar ahora para curarnos de los males que produce la basura cuya recolección ya hemos pagado. Es un círculo vicioso.
Santo Domingo como ejemplo
Alrededor de dos millones de personas viven en esta ciudad. Cada habitante de Santo Domingo produce diariamente unas cuatro libras de desperdicios como promedio, sumando un total de cuatro mil toneladas por día. Así, un total mensual de 120, 000 toneladas de desperdicios sólidos resultan de las actividades cotidianas de los capitalinos día por día.
Para que se tenga una idea de la cantidad de basura que esto significa, vale el dato siguiente. Un camión compactador regular recoge diariamente entre 15 y 16 toneladas en dos o tres recorridos. Hay áreas como los parques y la Ciudad Colonial- donde operan camiones más pequeños, cuya capacidad no es más de una cuarta parte de la que tienen los grandes aparatos recolectores.
De todas maneras, se necesitarían no menos de 250 camiones para recoger tal cantidad de desechos. No hay tantos.
A esas cifras hay que agregar las chatarras, los escombros y los residuos líquidos, que son responsabilidad del cabildo pero que no figuran en el contrato con las empresas recolectoras contratadas. ¿Quién, entonces, se hace cargo?
Cinco empresas privadas, Proaseo, Colimex, Urbaser, Climatex y Madrax - esta última encargada de recoger exclusivamente los desperdicios de los mercados públicos -, contratadas por el Ayuntamiento del Distrito Nacional, tienen a su cargo la recogida de la basura en la capital; cinco son los responsables inmediatos de retirarla de ante los ojos de la población; esto así porque las autoridades municipales, responsables últimas, y el Gobierno central, en su momento no lograron resolver el problema con sus propios recursos.
El problema, sin embargo, continúa. Se trabaja de sol a sol en su solución, tanto desde el sector público como desde el privado, pero parece que las metas son en extremo ambiciosas y el método no es el más idóneo; la visión del problema es, tal parece, sesgada.
Cantidad de desperdicios sólidos producidos en Santo Domingo
Cada habitante por día 4 libras
Total diario 4, 000 toneladas (8 millones de lbs.)
Total semanal 28,000 Tons (56 millones de lbs.)
Total mensual 120,000 Tons (240 millones de lbs.)
Total anual 1,456,000 Tons (2.9 billones de lbs.)
La salud también es precaria
Las clínicas privadas ganan terreno
El área de la salud es una de las más importantes para las familias dominicanas, y también una de las más descuidadas por los diferentes gobiernos que ha tenido la República Dominicana. Estudios realizados en el sector salud indican que menos de 60 por ciento de la población es cubierta por el sistema de Salud Pública y la que se incluye en este porcentaje recibe un servicio con un grado de deficiencia bastante alto.
El panorama sigue siendo desalentador. Los 46 hospitales públicos, dotados de 6,300 camas en los distintos puntos del país, no son suficientes para cubrir la demanda de más 8.5 millones de habitantes. Hay que agregar que la mayoría de esos hospitales sufren precariedades como falta de equipos y mantenimiento; a esto se agrega que para este año el presupuesto destinado al sector por el Estado es de siete mil millones de pesos, de los 65 mil millones distribuidos en distintos renglones.
Un ejemplo de lo que está sucediendo en los hospitales públicos puede verse diariamente en el hospital Luis Eduardo Aybar, donde el cúmulo de pacientes sobrepasa la capacidad instalada. En este centro de salud, que cuenta con 262 camas, 183 médicos especialistas y 117 residentes, son atendidos todos los días aproximadamente mil pacientes, de los cuales aproximadamente 400 acuden a la emergencia. Este hospital ofrece consulta de 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, en dos tandas.
En el hospital Luis Eduardo Aybar son atendidas todas las especialidades, pero la queja general es la constante petición de camas para internamiento, a la que sólo responde la negativa de los médicos. Y es que para ingresar a este centro es necesario ser incluido en una lista que puede tener hasta un mes de espera. Lo mismo está sucediendo en el hospital Darío Contreras, único centro público de traumatología. Recientemente fue declarado en estado de emergencia por los médicos residentes y la Asociación Médica del Distrito Nacional, porque no había ni siquiera material gastable para atender a los cientos de pacientes que acuden allí en busca de asistencia.
Mientras en los hospitales públicos las precariedades continúan estando presente, las personas tienen que buscar salud en las clínicas privadas. De acuerdo con la Asociación Nacional de Clínicas Privadas en el país existen unas 650 clínicas, cifra que cada día va en crecimiento. Actualmente la consulta en uno de estos centros oscila entre $300 y $500 pesos
El alto precio de estas consultas ha llevado a que las familias que pueden pagar una suma mínima mensual recurran a los seguros médicos privados para recibir servicios de salud. Un millón 500 mil afiliados, entre los que pertenecen a compañías de seguros e igualas médicas integran el universo de personas que han recurrido a esta modalidad.
Esta cifra está dividida entre quienes tienen un seguro empresarial o los que optan por uno personal. En el primer caso la persona tiene que pagar entre RD$185 y $225 pesos mensuales, mientras que en el segundo caso el pago oscila entre $250 y $350 pesos mensuales.
A cambio del pago de esta suma mensual el paciente tiene derecho a 15 consultas al año, sin poder usar más de dos mensuales, además de que por cada una de esas visitas al médico debe pagar entre $20.00 y $50.00 pesos de diferencia, dependiendo del especialista y la clínica a la que acuda. Cada uno de estos seguros tiene sus limitaciones, y las personas que se afilian a ellos tienen que estar conscientes de cuáles son sus beneficios antes de usarlos.