3 de Diciembre del 2001 • Edición número 1,231
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Crisis tras crisis en el PRD
La reforma a la Constitución de la República y la elección de los candidatos para las próximas elecciones provocaron el resurgimiento de viejos conflictos en el partido de Gobierno

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Por Ivonne Ferreras

Nubarrones que preludian tempestad se asoman al interior del Partido Revolucionario Dominicano, el cual se desarrolla el segundo asalto de una crisis pactada a cuatro asaltos. El primero lo constituyó el forcejeo en torno a la fecha y características de la convención que inició con las exigencias para renovar el liderazgo de la organización. En esa etapa se presentó también la disposición del partido para defender al gobierno frente al impacto de los acontecimientos nacionales y los posibles efectos de una crisis económico-social.

Las iniciativas institucionales de discutir el problema de la reelección y las reformas precipitaron esa crisis, debido a las urgencias del sector gubernamental de tener en la reelección un instrumento de acción política frente al resto de los grandes partidos de oposición y, de manera fundamental, frente al propio proceso interno del partido blanco.

Es así como desde el gobierno se articula un plan para despojar de sus capacidades de manipulación y control orgánico al sector de Hatuey Decamps, no solo por la función que éste ejerce de manera efectiva, sino porque la parcela del Presidente de la República, aunque cuenta con un grupo de dirigentes conocidos y de bastante renombre, padece de ciertas desventajas. A saber: no tiene dominio orgánico del partido oficial, apenas cuenta con una influencia política, por el momento basada únicamente en la capacidad clientelista que se deriva de su control sobre las instituciones del Estado. Por eso que el presidente Hipólito Mejía ha distribuido las funciones del Estado otorgando una parte a cada fracción partidaria, pero dejando el control hegemónico, los puestos claves de conducción política, a la gente bajo su dependencia.

Asimismo, los promotores del Proyecto Presidencial Hipólito (PPH), que le conservaban al Presidente su influencia en aquellos sectores tradicionales en que siempre fundamentó su fortaleza: el agropecuario y el empresarial. Las funciones políticas centrales y delicadas, fueron destinadas por el mandatario al grupo de intelectuales vinculados al doctor José Francisco Peña Gómez.

Una segunda fase que tiene que ver con el proceso hacia la convención en función del control del partido, se asocia ahora al problema de la reelección, no en el sentido de crear una crisis, sino de respuesta de un proceso interno que obliga a gente opuesta al presidente del partido a tener un liderazgo que no puede resumir el secretario general, Rafael Suberví Bonilla, ni Milagros Ortiz Bosch, y mucho menos los advenedizos que se puedan lanzar como candidatos a la presidencia del PRD.

El único llamado a jugar ese papel, en términos de figura e influencia y con la ventaja de ser presidente de la República, es Hipólito Mejía. Es por eso que su proyecto sigue siendo PPH, ni siquiera toma un formato distinto, toda vez que el primer mandatario ha reiterado que no cree en la reelección.

"No he desperdiciado oportunidad alguna para expresar en publico y en privado que no soy reeleccionista y he propuesto que se prohiba la reelección de manera absoluta. Es más, ni siquiera estoy de acuerdo con la reelección en los puestos directivos de los partidos políticos", ratificó Mejía la semana pasada.

Sin embargo, no faltan analistas que atribuyan al Presidente la práctica de "tirar la piedra y esconder la mano". Esa lógica se fundamenta en lo siguiente: El denominado PPH tiene en los actuales momento tres dirigentes principales que son el consultor Jurídico del Poder Ejecutivo Guido Gómez Mazara, Eligio Jáquez y el mismo presidente Mejía, además de Hernani Salazar entre otras personas que giran alrededor del proyecto.

En función de lo anterior, el PRD vive un momento clave de una crisis en desarrollo, que por demás se presenta en un momento donde es más amplio el abismo entre las bases perredeistas y la dirección, y entre la población que vota por esa organización y la dirigencia, por lo que se observa un doble fraccionamiento

Es evidente que la aprobación de la reelección presidencial plantea una situación difícil para el PRD, y fue suficiente un año para que se rompiera con el peñagomismo histórico.

Hacia dónde camina el PRD
El PRD transita ahora por una nueva desnaturalización. Antes abandonó el nacionalismo revolucionario, mientras la conducta ética fue cuestionada en la gestión gubernamental de Salvador Jorge Blanco, cuando la organización se logró recomponer bajo el liderazgo de Peña Gómez. Pero, el peso de las fracciones, la corrupción y cualquierización de ciertos dirigentes, podrían llevar a ese partido a una ruptura definitiva, no sólo en los aspectos ético y programático, sino también en el político.

Se ha observado que un elemento central que sirvió a la construcción del gran PRD de Peña Gómez, cultivado en el anti balaguerismo, fue la oposición a la reelección. De esto no se excluye el hecho de que en las elecciones ganadas por el extinto líder, la reivindicación fundamental, mediatizada por el 50 por ciento, fue precisamente la no reelección presidencial.

Estos elementos, considerados antes como conquistas del perredeismo, son ahora enterrados por el proyecto de reelección, induciendo a los legisladores a enfrentar al propio partido, y logrando que la cultura mercenaria se entronice, no sólo en las instituciones del Estado, sino también en la práctica cotidiana de su propio partido.

Lo anterior asegura una crisis de grandes repercusiones de cara a las elecciones congresionales y municipales, donde el PRD, para garantizar el formato de la unidad política, siempre pensando terminar de conjurar la crisis antes de las elecciones del 2004, tendría que manejarse con una relativa libertad hacia las bases en materia de los próximos comicios.

Para las elecciones congresionales y municipales, Hatuey Decamps que defiende el dictado de Peña Gómez de entregar el 50 por ciento de los cargos a las bases del partido, dice que por el carácter de la nueva legislación y reglamentación de las elecciones del año que viene, lo correcto sería entregar el 100 por ciento de las candidaturas a la militancia. Esa posición ayuda a que el presidente del PRD se renueve un poco.

Bajo esas condiciones, la tendencia a la reelección en el seno del PRD va a potenciar a destiempo el proceso de aislamiento del gobierno. Algunos dirigentes importantes del partido argumentan y apuestan a la cultura antireelecionista de la organización, como lo ha planteado el pre candidato presidencial Enmanuel Esquea Guerrero.

Resulta que esa cultura, planteándose la reelección como tal, aun cuando el presidente Mejía insista en lo contrario, pero impulsada por esferas muy cercanas a el, conduce a un rechazo de las bases del partido a su propio gobierno, y por tanto, a un proceso acelerado de aislamiento del Presidente, quien para no quedar solo, tendría, a destiempo también, que ser coherente con lo que ha dicho.

De no ser así, el presidente Mejía estaría condenado a volverse contra su palabra y jugar con el fenómeno de oposición al continuismo, para evitar así que el gobierno se le quede solo aun al interior de su propio partido.

Por supuesto que esa situación tendría repercusiones políticas en la sociedad dominicana. Se requerirá entonces de la emergencia de una cuarta fuerza política que no saldrá de las lides tradicionales, sino de fracciones del PRD, del movimiento social, otros sectores dispersos y personas independendientes.

Se prevé entonces una probable división en la organización que no tiene que ser formal por el momento, debido a que las próximas elecciones permiten un manejo flexible. Así las cosas, algunos observadores del comportamiento político del país prevén que en el partido oficial se plantea una división que se hará concreta y que se recompondría o no, dependiendo de la evolución de los acontecimientos de mayo del 2002 y hacia el 2004.

Aunque esa organización política está en crisis en la actualidad, la debilidad de los dos restantes partidos mayoritarios pospone el estallido definitivo de una ruptura de grandes proporciones en el seno del PRD.

Se trata de un PLD acosado, al cual recuerdan cada día quienes son en realidad, con lo que se impide volcar hacia el partido morado la diáspora que genera la situación interna del PRD. No ocurre lo mismo con el Partido Reformista Social Cristiano, ya que los perredeistas no evolucionan hacia esa organización. El combate contra la corrupción peledeista es el muro que evita que franjas del perredeismo y su influencia se vuelquen al PLD.

En ese sentido, se mantiene como partido pequeño y en aislamiento al PLD, quien no puede crecer en base al balaguerismo, puesto que este ultimo ha decidido recomponer sus estructuras y sus bases. Es obvio que los tres partidos mayoritarios, condenados durante este proceso a andar solos en búsqueda de ser el polo de la segunda vuelta para volver a reeditar, primero como farsa y ahora como tragedia, la experiencia de Leonel Fernández y el Frente Patriótico.

Ese fenómeno puede ser obstruido por un proceso de ruptura que se ve llegar, de hegemonía de las tres principales fuerzas políticas del país. En medio de una situación internacional como la que se vive actualmente, con la seguridad de que la economía dominicana no es auspiciosa después del primer trimestre del próximo año cuando termine la bonanza del manejo de los recursos provenientes de la deuda externa, con la carga impositiva reforzada sobre los hombros de los consumidores y los pequeños productores, lo más probable es que sea una situación que confluya con un gran conflicto social que pondrá en entredicho la institucionalidad de la República.

Crisis en el PRD
De la crisis en el Partido Revolucionario dominicano no están convencidos algunos dirigentes de esa organización. Es el caso del pre candidato presidencial Enmanuel Esquea Guerrero. A su juicio, aun cuando se apruebe la reelección presidencial, el PRD seguirá siendo un partido antireeleccionista.

Por supuesto que él está consciente de que esa posibilidad contraviene los estatutos del partido, entiende que ese solo hecho de por sí, no necesariamente tiene que generar un conflicto interno. "Aunque tengamos una constitución que permita la reelección, el PRD ha transitado por situaciones similares sin que haya reelección". Se refiere a las gestiones gubernamentales de Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco, ante quienes se produjeron aprestos rápidamente extinguidos.

Claro está que el doctor Esquea Guerrero no niega que hubo conatos de efervescencia reeleccionista promovidos por sectores que no eran del PRD. Más aún, el ex consultor Jurídico del Poder Ejecutivo recuerda la experiencia de connotados dirigentes de otras organizaciones que en más de una oportunidad se le acercaron para que convenciera al entonces presidente Salvador Jorge Blanco para que se repostulara, "porque entendían que si Jorge Blanco no se repostulaba , Joaquín Balaguer retornaría al poder".

No niega que la situación del momento es distinta y reconoce que aún cuando el presidente Mejía plantea la no reelección, hay un número apreciable de seguidores de su corriente, que incluye funcionarios de alto nivel y legisladores, los cuales postulan por esa reforma.

"Esa situación pudiera llevarnos a pensar que se avecina una crisis del PRD donde se enfrentaran dos corrientes: La reeleccionista y la antireeleccionista". Claro está, el doctor Esquea Guerrero quien ha dicho que el presidente Mejía es el árbitro de la situación interna del PRD, considera que es momento de que asuma ese papel, por tratarse del líder máximo que la convención de la organización quiso elegir.

"Pero llegué a decir que debió ser el presidente del PRD para que haya armonía entre el partido y el gobierno, y ahora cobra fuerza mi tesis, porque ese enfrentamiento entre los que postulan la reelección y los que se oponen, tiene un fiel de la balanza que es el propio Presidente. Quiero pensar que el Presidente tiene una capacidad reflexiva en el comportamiento, y el sabrá ponderar el empeño de su palabra de que no se reelegirá".

Eso no implica que el doctor Esquea obvie una realidad. "Quienes rodean al Presidente creen que la reelección puede ser una continuación del disfrute del poder que disfrutan hoy".

La convención, otra amenaza
El doctor Enmanuel Esquea Guerrero reitera posiciones de todos conocidas. Habla de que debía celebrarse la convención ordinaria para renovar la dirección del partido desde septiembre pasado, en tanto la convención extraordinaria para escoger los candidatos debió celebrarse en diciembre.

Ni una cosa ni la otra y terminará el año sin convención de ningún tipo. Solo que Esquea Guerrero considera que todo fue programado para que ocurra de ese modo, de manera que no se produzca una actividad organizada, "y nos sorprendieran los plazos de inscripción de candidaturas y frente a esa inminencia, volvieran las negociaciones de cuarto frío y las repartideras entre las distintas facciones de la organización e imponer candidatos que respondan a los intereses sectoriales".

Sin dudas, entiende que el desarrollo de los acontecimientos le ha dado la razón. "Dije que el presidente del partido, Hatuey Decamps estaba maniobrando en ese sentido porque no le interesaba la convención ordinaria, y el interés era sólo hacer una captación de candidatos. El anuncio del 50 por ciento me da la razón, porque cualquier candidato puede recurrir a la Junta Central Electoral".

Con ello deja claro que ningún partido puede reservarse y señalar candidaturas en desmedro de un procedimiento democráticos ni en desmedro de otros aspirantes, "porque en el fondo se busca crear conflictos en el partido porque eso ha dado resultado a gentes que a través del voto no han tenido oportunidad de ascender en el partido".

Jorge Blanco a la presidencia del PRD
Mucho se ha hablado de la necesidad de renovar la dirección del PRD, aun cuando no se conocen muchos de los nombres que se barajan para ocupar esa posición. El doctor Esquea Guerrero recuerda que cuando fue señalado por el doctor Peña Gómez para ocupar la presidencia del partido, el extinto líder dijo también que "cuando falte definitivamente, quiero que mi sucesor sea Vicente Sánchez Baret".

Y fue la sugerencia que se hizo cuando se empezó a hablar de la convención. Sin embargo, por las funciones que ocupa en el gobierno, el licenciado Sánchez Baret se negó a asumir ese rol.

Frente a esa coyuntura, el ex presidente del PRD considera que " hoy por hoy, el único perredeista que pudiera jugar un papel de equilibrio en la situación que se avecina, es el doctor Salvador Jorge Blanco".

Tan convencido está Esquea Guerrero del papel que jugaría el ex Presidente de la República que la motivación la ha hecho entre otros dirigentes de la organización. "No es un ente beligerante en el partido, tiene el prestigio de un ex presidente, todos lo respetan y creo que nadie objetaría su presidencia".

En medio de todas estas corrientes cruzadas, tirijalas y contradicciones internas, el partido de Gobierno presenta un cuadro de tendencias y divisiones difícil de recomponer. El PRD enfrenta y aviso de huracán y aparentemente no está preparado para manejarlo adecuadamente. Y siendo, como lo es, el partido de mayor militancia del país, sus tropezones y sus angustias son también, en buena mediada, angustia y tropezones para la República. Conviene a todos que sus crisis sean superadas.


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