26 de Noviembre del 2001 • Edición número 1,230
 SECCIONES
 



Suscripciones
al teléfono

472-7694 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
Rafael Peralta Romero
La mejor cara de un precandidato


Estamos ante aviso de elecciones y he aquí que el paisaje nacional se cubre de precandidatos. La mercadología política aconseja que un precandidato muestre su mejor cara cuando salga al escaraparte, donde ha de ofertarse a los potenciales clientes.

En esta feria de rostros, cada cual procura exhibir su lado más atractivo. La etiqueta determina muchas veces la aceptación o rechazo de un producto. Una visita a la peluquería, con alisado para los de pelo crespo, es cuestión de rigor.

La foto deberá tomarse ese mismo día, antes que la cabellera regrese a su viejo orden. Los carteles de Angel Lockward son el mejor ejemplo de ello. El inquieto aspirante a senador de la Capital ha conseguido su mejor cara, aunque no esté buscando tesoros. Para él, el mayor peligro radica en que su líder no perdona y eso podría desgranarle la sonrisa.

Una dama precandidata será más dama que nunca. Ese peinado de doña Pegyy Cabral junto a su grata sonrisa, la tipifican como una auténtica pretendiente de algo grande, como la sindicatura, y quizás ella rivalice en porte y figura con Minou Tavárez Mirabal, quien logró su mejor cara en un cartel que opaca a muchos.

Una rareza la encontramos en Tomás Hernández Alberto, quien luce favorito para la candidatura a sindico del Distrito Nacional por el PRD. Siempre se mostró con un cuidado bigote y para lanzar su campaña ha prescindido de este aditamento. ¿Piensa Tomás que su mejor imagen no lleva mostachos? Parece.

Para presentar su mejor cara, un pre-candidato oculta algunos defectos físicos, si cuenta con recursos y asesoramiento publicitario. Una dentadura dispareja puede ser corregida por un buen diseñador gráfico y esto permitirá que ría sin miedo. Si lleva espejuelos recetados deberá modernizar su montura antes de tomarse la foto clásica de la campaña o de lo contrario buscarse lentes de contacto, pues las gafas, si bien dan aire de “leído”, también avejentan al sujeto.

A algunos precandidatos les ha resultado difícil sacar su mejor cara, o quizás no tienen otra. Fíjese en la sonrisa de Radhamés Segura, qué fatigoso debió salirle. Lo contrario ocurrió con Eduardo Selman, puesto de perfil para disminuir la mancha congénita en el rostro y vivos colores de sus vallas le encienden el sello aristocrático. Pocos como él han logrado su mejor semblante.

Pero Franklin Almeyda, su competidor a lo interno del PLD, le ha respondido con una sorpresa. Sacó durante días una campaña de “intriga” en la prensa nacional. Todos creímos que se trataba del comercial de una joyería, a propósito de investiduras universitarias, pero era Franklin con su sortija académica. El se identifica así, pues la de académico es su mejor cara, piensa.

Los precandidatos alardean de lo que son y quizás minimizan aquello de lo que adolecen. El título universitario ayuda a decir quién es quien.: Dr. Padilla, Dra. Belliard... Lo mismo la ropa, algunos se retratan con traje formal, aunque no lo usen habitualmente. Por eso el que se identifica como Macorís se retrató en camisa, como quien dice “yo estoy por encima de eso”.

El doctor Hugo A. Ysalguez, periodista convertido en abogado, no se propuso exhibir su mejor cara, al parecer, se tomó la foto en un momento de mal humor y así se muestra, rígido como un juez, apurado como un sentenciado. Igual suerte está corriendo la Dra. Belliard, médico reformista que quiere ser diputada. ¡Qué rostro tan adusto, qué semblante tan lejano! Parece que fuera a ella que Pablo Neruda escribiera el poema que dice: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente/ distante y dolorosa como si hubieras muerto”

El nombre se asocia a la cara del precandidato y más en estas venideras elecciones en que se inaugura un nuevo sistema. Venancio logró su sonrisa desde el pasado proceso y se quedó con esa foto para éste, pero su nombre, eso eso sí no lo deja, es el único en la campaña. Pero dígame usted Miguel, ¿cuántos hay? Uno de ellos es Sanz Jiminián, que no desarrolló todo su potencial para conseguir su mejor cara. Disla hizo mayor esfuerzo, aunque, bueno....

Los apodos juegan su papel. Manola está consciente y ella junto a su mejor faz agrega su nombre legal (Betsaida Santana), que es el que aparece en la boleta. Caso más dificultoso es el de un empresario de las apuestas que con su nombre coloca el de su cadena de bancas (Juancito Sport) porque de lo contrario ni el comité político del PLD sabría de quién se trata.

Con Pacheco si no va eso, él expone la única cara con la que cuenta, por la que lo conoce su barrio, con una suerte diferente a la de Rubén Peña, a quien los tormentos de las cuentas administradas tal vez le impidieron la sonrisa. En todo caso supera a la de Sergio Tobal, tan seca.

¿Hay alguna relación entre el maquillaje físico de los pre-candidatos y el maquillaje moral? Siento no responder, pues el espacio se ha terminado.




Otros
articulistas


Claudia Mejía Ricart
Creando políticas de desarrollo nacional

Max Puig
Sueño, dolor y solidaridad

Guillermo Moreno
El Presidente y la reforma policial



VISITE LOS PERIÓDICOS
Hoy|El Nacional