26 de Noviembre del 2001 • Edición número 1,230
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Pappy Lafontaine
Fue un cansagrado a la promoción de nuestros artistas en Estados Unidos




Por Augusto Socías


Pappy Lafontaine, un exitoso locutor y empresario artístico que en base al trabajo organizado logró triunfar en el competitivo mundo del espectáculo y la radio de Nueva York, fue una de las víctimas de la tragedia del pasado lunes, cuando un avión Air Bus de American Airlines, el vuelo 587, cayó en Queens minutos después de despegar del aeropuerto John Kennedy, de Nueva York, muriendo todos sus ocupantes.

Lafontaine trilló una carrera exitosa en diferentes emisoras de Puerto Plata, su ciudad natal, Hato Mayor y la capital. Laboró en Radio Puerto Plata y La Voz de la Libertad; Radio Maguá, de Hato Mayor; Unión, Universal y Tropical, de Santo Domingo. Esta última era una pequeña estación propiedad de Cuco Valoy que funcionó en la calle París próximo a la avenida Duarte.

Decidió irse a vivir a Nueva York en 1969, donde antes de penetrar al competitivo mercado radial hispano cogió sus pelas tintando artículos de fantasía y como mensajero de una ferretería.

Se marchó con la meta de destacarse en la radio y en dar a conocer los artistas dominicanos, labor que había desempeñado con éxito en Puerto Plata. Pese a su voz ronca, que no desperdiciaba oportunidad para utilizarla en son de broma, por su agilidad y espontaneidad, consiguió trabajo en la radio. Primero en WBNX, cuyo director, Sergio Ballesteros, según dice el propio Lafontaine en su libro Peripecias de un locutor de tercera: "Me trató con mucho afecto y después de yo mostrarle mi curriculum me sometió a una prueba leyendo noticias recortadas del teletipo".

A los pocos días empezó su ascendente carrera, convirtiéndose en uno de los más pegados animadores, no obstante "mi meliflua voz". Fruto de la incidencia que alcanzó, el 27 de febrero de 1970 inició su espacio Sábado Dominicano, el primero dedicado a difundir música dominicana durante tres horas. Posteriormente ingresó a Radio X y luego a la 97.9, de don Raúl Alarcón, dueño de La Mega y otras radiodifusoras que operan en territorio norteamericano.

Debido a la popularidad que obtuvo, Pappy no tuvo dificultades para dar sus pinitos en la animación. Debutó en el Club Caborrojeño, el día que un avión de Dominicana de Aviación se preciptó al mar Caribe, tragedia en la que perdieron la vida sus pasajeros y tripulantes, entre éstos el campeón de boxeo Carlos -Teo- Cruz.

"Duré un solo round. Don Ruperto Roberto, dueño del Caborrojeño, me noqueó. Comencé con tanto ímpetu que me puse ronco, yo que soy ronco natural, comencé a hablar por señas. Tenía a Tito Puente en tarima y de un momento a otro llegó, me tomó por el brazo y me señaló la puerta", recordó Lafontaine en su obra citada.

Sin embargo, no se echó a un lado. Siguió adelante, logrando por su facilidad de expresión y carisma ser el primer criollo que presentó un espectáculo en el Madison Square Garden de Nueva York.
Lafontaine, asimismo, jugó un papel de primera línea en la difusión de los discos de Rafael Solano, Johnny Ventura, Wilfrido Vargas, Víctor Irrizarry, y Milly Quezada y Los Vecinos, entre otros.

EL PROMOTOR
Comenzó en su rol de promotor en 1975, cuando contrató a Wilfrido Vargas para su primera gira.

"Wilfrido fue el primer artista que medio traje a los Estados Unidos, siendo locutor de radio en un medio.", recordó.

Después prosiguió organizando las presentaciones en Estados Unidos de Cuco Valoy y su Tribu, Cheché Abréu y sus Colosos, para la época una de las agrupaciones más populares; Bonny Cepeda y La Gran Orquesta, Monchy Capricho, Los Rosario, Anthony Ríos, Luisito Martí y El Sonido Original; Tony Cebal y Los Gitanos, Jerry Vargas (El Nazareno), Pochy Familia y su Coco Band, Milly Quezada y Los Vecinos, Conjunto Quisqueya, y Ramón Orlando y la Orquesta Internacional.

Pappy fue quien montó las más importantes presentaciones de Ramón Orlando y la Orquesta Internacional, incluyendo un concierto en el Lehman College, lugar que abarrotaron los admiradores del talentoso pianista, arreglista y compositor.

El último artista que llevó a Nueva York fue Eddy Herrera, en 1993. Luego se retiró de la actividad alegando sentirse frustrado del negocio de los espectáculos.

"Nosotros llegamos a cobrar 10 mil dólares por Ramón Orlando y Coco Band. Estos precios eran demasiado elevados. La guerra en ofrecer tanto dinero a los grupos había llegado. Recuerdo que Ramón Orlando en la fecha que cobramos 10 mil dólares sólo llevó al baile 300 personas. Este error nuestro automáticamente llevaba al grupo a precios menores, peligrando así el mismo, ya que el comprador al perder dinero no volvía a contratarlo", expresó Lafontaine.

Además de incursionar en la radio y los espectáculos, trabajó como encargado de relaciones públicas de la revista Papeles.

Conocimos a Lafontaine hace más de 20 años. Siempre estaba dispuesto a echar la pelea hasta conseguir el éxito. Cuando se dedicaba a promocionar un artista lo hacía como si se tratara de un hijo. Andaba con el disco en las manos visitando las radiodifusoras y periódicos. Recordamos la primera rueda de prensa que organizó a Milly Quezada y sus afanes para que se escuchara en las más importantes emisoras el primer tema de la carismática artista que alcanzó categoría de hit: "Tú sabes".

La desaparecida Radio Visión, estación que estaba entre las más escuchadas y era dirigida por Rubén Camilo, jugó un papel importante en la difusión de la señalada canción en el 1977, año en que Pappy vino junto al fenecido Rafael Vásquez y Milly Quezada al país.

"Siempre tuve fe en Milly, al igual que su esposo Rafael, quien es verdaderamente el que tiene el mérito de la gran carrera de este grupo merenguero", dijo. En cada viaje que hacía al país se esforzaba por comunicarse con sus viejos amigos, si no tenía tiempo para hacerlo personalmente establecía contacto con ellos a través del teléfono. Era de los que les tendían la mano a los compatriotas que procuraban su colaboración en Nueva York.

"Yo he querido ser un hombre simple toda la vida. Quizás no lo sea, pero de corazón lo he querido. No me gustan las reuniones, pero me fascina que me cuenten", decía con frecuencia entre amigos. Puede decirse, sin temor a equívocos, que Lafontaine gustaba de las polémicas, sobre todo si la razón estaba de su parte, y no se andaba por las ramas cuando tenía que decirle la verdad a cualquiera.



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