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La violencia de género y su impacto en la salud mental de las mujeres

Por Mildre Nolasco Vargas
La violencia contra la mujer es una de las principales estrategias que utiliza el poder masculino para mantenerse vigente sobre el género femenino.
En República Dominicana, el número de mujeres que mueren a mano de hombres agresores ha aumentado en la última década, siendo más notorios los casos donde las víctimas son mujeres, niños, niñas y adolescentes. Se estima que en lo que va de año más de 80 mujeres han sido asesinadas, dentro del cuadro de violencia basada en el género que se vive en el país.
La violencia deja en la mujer una serie de secuelas o consecuencias muy diversas, entre las cuales el límite es muchas veces la muerte provocada de diferentes formas.
LAS TRAMPAS
En la mujer sobreviviente de la violencia basada en el género o violencia intrafamiliar, se suele dar una dinámica en forma de círculo vicioso que las hace propensas a la revictimización con más facilidad que a otras mujeres. Dentro de estas consecuencias se pueden citar una serie de trampas sicológicas en las que caen muchas mujeres, las cuales me parece útil tomar en cuenta para el abordaje en la intervención dirigida a combatir la violencia, la victimización y sus efectos.
Dichas consecuencias no debemos verlas como enfermedad o trastornos psicológicos, pues son el producto del modelo femenino asumido por la sociedad, que aún nos lo sigue tratando de imponer como único, bueno y válido para las mujeres. Los indicadores de estas trampas se ven como problemas psicopatológicos cuando se comparan con el modelo masculino de salud mental, lo cual crea un doble vínculo en la psicología de la mujer, porque si bien es cierto que afecta nuestra salud mental, también es cierto que es lo que se espera de nosotras. Entre estas trampas están:
La desesperanza aprendida: Término utilizado por Leonor Walker para describir cómo las mujeres se atrapan en relaciones abusivas a través de un estado de pasividad como resultado del proceso de victimización progresiva en que una mujer llega a convencerse de su incapacidad e imposibilidad para salir de la situación de violencia. En este sentido, plantea Walker, la mujer escoge hacer lo que tenga mayor probabilidad de éxito para minimizar el dolor y aumentar la posibilidad de supervivencia, en lugar de asumir el riesgo de que la maltraten más o que la maten.
Síndrome de Estocolmo: Este tiene que ver con el vínculo que establece la víctima con el agresor, caracterizado por la dependencia, ya que él la tiene en sus manos y puede decidir seguirle haciendo daño y/o ser indulgente con ella en algún aspecto o momento. Focaliza las indulgencias del agresor como mecanismo de defensa y se atrapa así en la relación. Ella se mantiene en estado de alerta para satisfacer las necesidades del agresor, con tal de que no se altere, partiendo de la perspectiva de él y no de la suya.
Síndrome de la mujer abnegada: Este término fue usado por los doctores Fesler y Fiels a partir de una sistematización de la experiencia psicoterapéutica con mujeres. La mujer abnegada coloca en primer orden las necesidades ajenas y se define a sí misma a través de su relación con los otros y otras, ganando la etiqueta de buena y abnegada por los hombres a quien ella beneficia, sacrificando su individualidad, sus sueños y metas, ya que son secundarios ante los de los demás, enfatizado en la pareja. Las mujeres que se enganchan en esta trampa piensan que algo malo pasa con ellas, tienen la idea de que los hombres son mejores, considera que el poder es un asunto de los hombres, como seres superiores, mantiene estereotipos que la limitan, piensa que la independencia es peligrosa, entre otros indicadores.
Síndrome de las mujeres que aman demasiado: Este es el término usado por Robin Norwood para describir a las emociones, pensamientos y conductas que llevan a muchas mujeres a buscar relaciones nocivas y sin amor. Las mujeres que caen en esta trampa pueden darse cuenta de las condiciones de la pareja y se sienten imposibilitadas para cortar la relación, desarrollando dependencia y haciendo grandes esfuerzos para complacer, y están dispuestas a asumir más del 50% y aceptan la culpa y reproches en la relación de pareja. Suelen ser propensas a la depresión, la cual tratan de prevenir ocupándose del hombre.
Complejo de Cenicienta: Este término fue usado por Colette Dowling, quien desarrolló una teoría haciendo uso de su experiencia personal y de otras mujeres, definiéndolo como una trampa de actitudes y temores largamente reprimidos que sume a la mujer en una especie de letargo y que le impide el pleno uso de sus facultades y de su creatividad, esperando que algo desde fuera venga a transformar su vida, expresado en un deseo de ser salvada.
Complejo o dilema de Wendy: Esta es la trampa señalada por Dan Kiley cuando habla de la actitud maternal, se refiere al papel de Wendy en la historia de Peter Pan, que representa un modelo de la mujer que a falta de controlar su propia vida hace esfuerzos por controlar la de su pareja a través de un papel maternal. Este proceso la convierte en víctima de la pareja que suele conseguir: hombres inmaduros emocionalmente, como son la mayoría de hombres agresores.
Muchos de estos problemas los encontramos a diario no sólo en las mujeres que van a la consulta, porque son el resultado de la violencia de género que recibimos todas a través de las diferentes vías: educación, publicidad, etc. Y son estas trampas precisamente las que vivimos combatiendo a diario cuando rompemos los esquemas establecidos, cuando hacemos lo inesperado como mujeres, cuando somos rebeldes ante el modelo de feminidad moldeado e impuesto.
Esta situación de mantener a las mujeres entrampadas bajo la victimización, utilizando la violencia de género para ello, constituye una estrategia para sustentar la superioridad masculina contrapuesta a los logros y capacidades que tenemos las mujeres. Así que a la consigna de mantener la rebeldía le quedan muchos años como bandera de las mujeres que no estamos de acuerdo con el modelo que se nos sigue vendiendo.
Con relación a las secuelas psicológicas
El hecho de que una mujer haya o esté siendo víctima de violencia intrafamiliar trae secuelas emocionales y psicológicas, dentro de las que podemos citar:
o Depresión
o Ansiedad y angustia
o Trastornos o dificultades sexuales
o Trastornos de alimentación
o Trastorno de estrés post traumático
o Dependencia afectiva
o Baja autoestima
o Falta de motivación
o Sentimientos de culpa
o Labilidad emocional
o Miedo
o Desesperanza
o Bajo rendimiento laboral
o Ambivalencia emocional
o Trastornos del sueño
o Disociación
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