12 de Noviembre del 2001 • Edición número 1,228
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Guillermo Moreno
Juan Bosch

Siendo muy joven escuché a Juan Bosch decir que “ningún corazón engaña a su dueño”. Recuerdo que esa frase, como un rayo caído sobre mí, me paralizó. Me sentí desnudo. Descubierto. Entendí el porqué de esa sensación interna de insatisfacción cuando no hacemos lo correcto. Mas allá de las apariencias los seres humanos estamos dotados de una conciencia que es nuestro más severo juez y a quien nunca podemos engañar. Desde entonces he llevado esa frase conmigo.
Creo que no hay un solo dominicano adulto que alguna vez no haya sido tocado por una expresión o enseñanza de Juan Bosch. Eso da una idea del valor y la dimensión de este dominicano ejemplar. Su vida fue el ejercicio de un magisterio, enfocado en contribuir a que los dominicanos eleváramos nuestro grado de conciencia social y política y pudiéramos construir un mejor país para bienestar de todos.

Con Juan Bosch usted podía estar o no de acuerdo, pero nunca ignorarlo. Y no se trata sólo del contenido de su prédica, sino además del modo cómo exponía sus ideas y del atractivo natural de su personalidad, todo lo cual lo convirtió en líder indiscutible de sus contemporáneos.

Si de alguien puede decirse que fue un político atípico, ese fue Juan Bosch.

Una cierta escuela que ha dominado el escenario político criollo ha impuesto el criterio de que el político es el simulador, el que sólo actúa por conveniencias; que de lo que se trata es de llegar al poder, no importa las artimañas que sean necesarias, ni con quién haya que aliarse, y desde allí negociar la permanencia en él, y asegurar la reelección, a costa de los principios, de la corrupción y de ser necesario de la represión de la oposición.

Bosch hizo todo lo contrario. Ejerció la política pautado por valores y principios éticos. Nunca actuó como un demagogo para lograr sus objetivos políticos. Le dijo siempre la verdad a su pueblo, aun en ocasiones en que era difícil su comprensión. Bosch fue medularmente honesto y nunca buscó en la política beneficios personales. Por el contrario, la actividad política supuso para él, y su familia, sacrificios y entrega, de lo cual son ejemplos, no sólo el abandono de su brillante carrera literaria, sino además el haber puesto al servicio de la política su patrimonio literario. Bosch fue nuestro primer Presidente electo democráticamente luego de la caída de la dictadura de Trujillo. Durante su efímero mandato cumplió cabalmente su promesa de que en su gobierno no perecería la libertad. Pero su derrocamiento y la posterior intervención militar norteamericana le evidenciaron las grandes debilidades y falsedades de la democracia representativa en el contexto de la guerra fría. Entonces Bosch inició un proceso de renovación profunda de su pensamiento político y social. Combatió y denunció los planes continuistas del doctor Balaguer, sus farsas electorales su régimen corrupto y los que le siguieron. Su pensamiento avanzó hacia una concepción más social y radical de la democracia. Todo ello supuso grandes confrontaciones ideológicas y políticas con los responsables y beneficiarios de un sistema político cimentado en grandes injusticias sociales. Bosch no rehuyó dar la batalla, a pesar de su edad, y aún a costa, por momentos, de prácticamente quedarse solo.

Esa capacidad de renovación constante de su pensamiento, su estudio y conocimiento profundo de la realidad histórico social dominicana, su patriotismo, sus principios éticos, su visión de la política como una pedagogía de educación y de elevación de la conciencia del pueblo, constituyen un conjunto que le da unicidad y coherencia al ejercicio político de Juan Bosch y lo convierte en un legado para las nuevas generaciones.

Decidir entre continuar un ejercicio de la política y del poder, como ha sido en todos estos gobiernos, caracterizados por la corrupción, la demagogia y el engaño, orientados a favorecer siempre a élites de poder tradicional y puestos de espalda a los grandes problemas de nuestro pueblo, o asumir el legado de Juan Bosch, es una cuestión crucial para el futuro de la nación dominicana.

El mejor modo de honrar a este dominicano universal es trabajando, sin descanso, para hacer realidad en su patria, a la que tanto amó, sus sueños de justicia social por los que luchó durante toda su vida.




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