12 de Noviembre del 2001 • Edición número 1,228
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Hasta siempre,
profesor Juan Bosch




Por Enilda Torres

Una bandada de palomas sobrevolaba enfrente de la catedral de La Vega, toda vez que la multitud apostada allí expresaba con vítores la admiración y el respeto que sintió por el profesor Juan Bosch, en un último adiós a sus restos, que fueron sepultados en el cementerio municipal en medio de llantos, tristeza y expresiones como “Bosch vive”.

La gente comenzó a movilizarse por la ciudad desde temprano. Todos querían asegurarse un espacio desde el cual pudieran avistar el féretro con los restos mortales de Bosch. En el cementerio la entrada era restringida, pese a que muchos lograron penetrar al camposanto y esperar largas horas hasta la sepultura, que ocurrió a las 7:30 de la noche de ese inolvidable viernes 2 de noviembre, día, por demás, de los fieles difuntos.

El profesor Juan Bosch expiró el jueves 1 de noviembre a las 3:30 de la madrugada, luego de una intensa lucha por mantenerse con vida. Padecía varios quebrantos de salud, entre éstos, problemas respiratorios que le llevaron al quirófano en varias ocasiones. Contaba con 92 años a la hora de su muerte.

Sus restos fueron expuestos en la Casa Nacional del Partido de la Liberación Dominicana, fundado por él en el 1973 a raíz de su rompimiento con el Partido Revolucionario Dominicano, también fundado por él en el 1939, en La Habana, Cuba.

Cientos de personas, simpatizantes y relacionados acudieron al local del PLD a despedir a su líder, formando largas filas para lograr su objetivo. Rostros compungidos, llorosos, cabizbajos y pensativos se observaba por dondequiera que se echaba la mirada. El féretro permaneció en la Casa Nacional del PLD todo el día y fue trasladado tarde en la noche a la Funeraria Blandino, donde amaneció.

El viernes temprano los restos mortales del destacado líder, político y escritor fueron llevados de nuevo a la Casa Nacional del PLD, donde permaneció por varias horas más, hasta que cerca de las 10:30 de la mañana sonaron los himnos Nacional y del Partido de la Liberación Dominicana para despedir el cuerpo sin vida del profesor, para ser llevado luego hasta la capilla del Palacio Nacional en su condición de expresidente de la República. Previamente, se hizo una parada de cinco minutos en el Altar de la Patria, donde reposan los restos de los padres de la Patria.

EL CORTEJO FÚNEBRE
Durante el cortejo fúnebre muchas personas aprovecharon la oportunidad para manifestar su solidaridad sacando banderas moradas desde sus casas y fotos del profesor para expresar su último adiós.

El cortejo llegó a las 11:45 al Palacio Nacional y permaneció allí por espacio de una hora. El expresidente Leonel Fernández, quien se mantuvo muy de cerca del féretro, no asistió a la despedida que se le rindió en la casa de gobierno.

De allí partieron rumbo a La Vega, donde una multitud lo esperaba desde tempranas horas de la mañana. El comercio en esa ciudad cerró al mediodía y sus calles estaban vigiladas celosamente por miembros de la Autoridad Metropolitana, diseminados por toda el área céntrica.

La autopista Duarte a todo lo largo hasta llegar a La Vega también atestiguó del cotejo fúnebre. La gente, incluyendo niños, salieron de sus hogares y con trinitarias moradas en las manos, fotos y banderas, se sentaron a esperar desafiando el sol candente que sólo en La Vega se apagó, pues el cielo llenó de nubarrones. No llovió, pero a la hora de la sepultura unas finas gotas de agua bendijeron el momento, lo mismo que una brisa suave y fresca.

En la catedral de La Vega, adentro, los bancos estaban repletos de peledeístas, hubo que habilitar sillas que fueron ocupadas por exfuncionarios y allegados a Don Juan.

Afuera, la gente se aglomeraba. Muchos lucieron vestimentas moradas y cintas negras en señal de suelo. Todos ellos se disputaban un lugar y decidieron permanecer de pie todo el tiempo necesario. El cortejo fúnebre llegó a las cinco de la tarde. Entraron al templo religioso Danilo Medina, Alejandrina Germán y Lidio Cadet, más atrás el ex presidente Leonel Fernández y Jaime David Fernández Mirabal, entre un tumulto de gente, seguidos por doña Carmen Quidiello, viuda Bosch, quien lucía abatida por el dolor y la tristeza de ver por última vez a quien fuera su compañero de muchos años, así como otros exfuncionarios y políticos.

Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, quien pronunció la homilía; el arzobispo de Santiago, Antonio Flores Santana, y el obispo de la diócesis de La Vega, monseñor Antonio Camilo, esperaban en el interior para iniciar la ceremonia religiosa. Allí hablaron, además, Alejandrina Germán y Lidio Cadet. El cantautor Manuel Jiménez interpretó una canción escrita por Bosch, en la que se destaca su condición de humanista.

Terminadas las honras en la catedral se partió al cementerio municipal, donde finalmente fueron dejados los restos del profesor. Varias bolsas conteniendo tierra de España, Venezuela, Puerto Rico y Cuba estaban al pie de la tumba. Era un pedido que el profesor había hecho para cuando sucediera ese momento. Con la tierra se preparó una jardinera en la que se sembraron 27 rosas blancas, representando a los 27 países latinos y del Caribe, y España, y 12 jazmines que representan a los 12 apóstoles de la Biblia. Previo a la ceremonia sonaron las notas del Himno Nacional acompañadas de 19 cañonazos.

En el cementerio hablaron Patricio Bosch Quidiello y Leonel Fernández, quien calificó a Bosch como el más grande de los pensadores dominicanos y lo despidió con unos versos escritos por el poeta Robert Berroa:

“Sigue compañero, que los hijos rendidos en el tibio resplandor de la lucha, desde su azul lejano, tomarán tus manos poseídos por el más hiriente dolor hasta ir a la más apartada orilla del luto, entonces tú empezarás a crecer en los rituales y los sueños retenidos en los rincones de la Patria”.

¡Maestro, que en paz descansen sus restos, y que Dios el Todopoderoso lo acoja para siempre! Fueron las últimas palabras de Fernández, quien entregó luego la bandera a doña Carmen e introdujeron el ataúd en su morada. La corneta sonó y sonó hasta cumplida la misión.


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