12 de Noviembre del 2001 • Edición número 1,228
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Peña Gómez o Leonel Fernández
¿Quién ha sido el mejor discípulo de Juan Bosch?


Por José P. Monegro

El 17 de diciembre de 1962 se produjo un debate televisivo que hizo historia. Juan Bosch refutaba las acusaciones de comunista que le hizo el padre Láutico García en un artículo que publicó en medio del fragor electoral. Los analistas de la época coinciden en que Bosch ganó el debate, lo que le permitió ganar las elecciones presidenciales tres días después. El discurso estuvo lleno de planteamientos teóricos, uno de ellos fue cuando Bosch le explicó a Láutico García lo que a su entender significaba “saber gobernar”. Sus planteamientos llevaban a la conclusión de que “saber gobernar” era llegar y mantenerse en el poder y manifestó que a eso se refería cuando hablaba de que esa expresión se le podía aplicar a Lenin. Bosch ganó las elecciones, asumió el poder el 27 de febrero de 1963 y fue derrocado el 23 de septiembre de ese mismo año. Nunca más pudo volver a la Presidencia de la República.

En otros escenarios, otras épocas y otras circunstancias, Juan Bosch mantuvo un discurso coherente de que un político honesto no podía negociar sus ideas con tal de llegar al poder, y que incluso no aceptaba el respaldo de políticos a los que él consideraba que no compartían su modo de ver la política. Ese argumento lo enarboló en 1990 cuando rechazó el respaldo que le ofreció el Partido Revolucionario Dominicano para las elecciones presidenciales que se realizarían ese 16 de mayo, y que él y su Partido de la Liberación Dominicana le disputaban a Joaquín Balaguer. El entonces presidente Balaguer pudo ganar las elecciones por un estrecho margen porque, entre otras cosas, Bosch rechazó el respaldo de un partido que en esa contienda sacó más de 400 mil votos.

Hay dos conceptos importantes en la corriente del pensamiento político de Bosch: “Buen político es el que llega y se mantiene en el poder” y “Es preferible no llegar al poder antes que negociar sus ideas”.

Debido a todos sus aportes, el ahora fenecido expresidente de la República se ganó el título de “Gran maestro de la política dominicana”. Varias generaciones de políticos bebieron de las enseñanzas de Bosch y su genio le permitió fundar a los dos partidos que en las últimas dos elecciones se disputaron la Presidencia de la República.

Pero pocas contiendas electorales han tenido tanto simbolismo como las de 1996. Los dos partidos fundados por Bosch se disputaban el triunfo. Leonel Fernández y José Francisco Peña Gómez, dos discípulos de Bosch, luchaban por la Presidencia. Era la primera vez que en unas elecciones presidenciales no participaban ni Bosch ni Balaguer y la nación vio cómo esos dos archirrivales de la política dominicana se unieron ese 30 de junio para respaldar a Leonel Fernández y cerrarle el paso a José Francisco Peña Gómez.

Debido a los problemas de salud que ya venía arrastrando Juan Bosch, muchos han dicho que él no estaba consciente de lo que hacía y que fue llevado por los dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana a sellar una alianza que rompía con su posición de que “las ideas no se rechazan”, pero esos mismos críticos olvidan que el propio Juan Bosch había planteado la importancia que para el político reviste el llegar al poder y mantenerse en el poder.

Ante todas esas situaciones es obligada la pregunta: ¿Cuál ha sido el discípulo más aventajado de Juan Bosch? ¿José Francisco Peña Gómez y Leonel Fernández?

Uno y otro cumplieron una de las dos máximas e incumplieron la otra.

EL PRIMER DISCÍPULO
José Francisco Peña Gómez fue el primer gran alumno del Profesor y su aprendizaje empezó en el mismo 1961 cuando le tocó ayudar en la parte operativa a Angel Miolán a organizar el primer mitin realizado por el Partido Revolucionario Dominicano luego de la muerte del dictador Rafael Leonidas Trujillo.



A partir de ese momento, Peña Gómez empezó a crecer bajo el amparo del caudillo, que lo impulsó hasta abrirle las puertas a la Secretaría General del PRD. Luego de las elecciones de 1966, celebradas bajo una intervención militar norteamericana, Bosch duró varios años en el extranjero y le tocó a Peña Gómez dirigir el día a día en la organización política, aunque mantenía una comunicación constante con el líder máximo.

Bosch decía que Peña Gómez era como un hijo suyo y le reconocía su talento en la política. Sin embargo, a partir de 1970 empezaron a aflorar las diferencias entre las dos figuras principales del PRD. Al retornar Bosch al país se encontró que su partido, dirigido por su discípulo, había hecho acuerdos con sectores de la izquierda y de la derecha antibalaguerista que no le gustaron.

A partir de ahí empezó a acuñar la expresión de que era necesario quitarle las garrapatas que había adquirido ese partido y a desautorizar las iniciativas que había tomado su discípulo.

Desde ese momento la opinión pública empezó a darse cuenta de que el joven secretario general del PRD, de origen pobre y de piel negra, era una joya política que empezaba a brillar con luz propia y que, por consiguiente, era inevitable un choque con su maestro.

DIFERENCIAS CON EL MAESTRO
Las diferencias duraron más tiempo para estallar porque Peña Gómez salió a estudiar a París, período en que Bosch hizo cambios en el rumbo que llevaba el PRD. A su retorno encontró un partido diferente que el que había dejado.

Es por esa razón que cuando Peña Gómez renuncia de la Secretaría General del PRD, al llegar a su climax las diferencias con su mentor, le envía una carta en la que manifiesta que prefiere salir del partido que enfrentarse a Bosch.

“Yo soy un astro con luz propia al que se mantuvo por un tiempo fuera de su órbita y cuando se me llamó a reentrar en ella me encontré girando en una dirección diferente”, y agregó que ante las posibilidades de enfrentamientos con Bosch “preferí abandonar mi órbita desplazándome a otros cielos para que la estrella mayor complete sin interferencia su impresionante ciclo histórico”, dice Peña Gómez en su carta de renuncia a principios de mayo del 1973.

En esa misma epístola, que marcó la ruptura entre el alumno y el maestro, Peña Gómez añade que “soy un discípulo del maestro Juan Bosch, pero un discípulo que a diferencia del peón político, que sólo ejecuta órdenes, tiene ideas propias, a veces diferentes a las del maestro”.
A la renuncia de Peña Gómez, Juan Bosch respondió, en una entrevista concedida a la revista [A]HORA y publicada en la edición 497, del 21 de mayo de 1973, diciendo que las diferencias con su antiguo alumno eran ideológicas.

Tenía mucho que ver la posición de Juan Bosch de que un político honrado no podía aliarse con quien fuera para llegar al poder. Su alumno propiciaba alianzas con la izquierda radical de la época y con la derecha antibalaguerista como una forma de alcanzar el poder. Bosch se veía entonces en la encrucijada de los dos principios enarbolados por él en épocas diferentes.

Sin embargo, prefirió las no alianzas. El hoy fenecido ex Presidente lo explica de la siguiente manera en la citada entrevista: “Las diferencias con Peña Gómez son menos profundas de lo que algunos creen, pero a la vez son más complejas que lo que Peña Gómez piensa, pues se trata de diferencias aparentemente tácticas, y sin embargo son también ideológicas. Cuando Peña Gómez se lanza contra la Comisión Permanente del Comité Ejecutivo Nacional (que había suspendido a un grupo de dirigentes a los que Peña Gómez había atraído y que decidió separarse de cualquier posibilidad de alianza con organizaciones de la extrema izquierda o la derecha antibalaguerista) está lanzándose contra toda la organización del Partido, y resulta que la organización del Partido tiene su base en razones ideológicas. La gente se organiza para hacer cosas concretas; por ejemplo, cuando se organiza para jugar pelota tienen que reunirse 12 hombres, entre los cuales uno, por lo menos, jugará de pícher, otro de quécher, otro de primera base, y así hasta llegar a los relevos. Cuando el partido tenía como único fin ir a las elecciones, teníamos un tipo de organización, pero ahora tenemos otra, y el que la combate está combatiendo de hecho y en el fondo la posición ideológica del Partido”.

Sin embargo, la posición de Peña Gómez en torno a la alianza antibalaguerista fue ganando fuerza al interno del PRD y su popularidad personal iba ganando tanta fuerza que el que terminó abandonando al Partido fue el profesor Juan Bosch, cuando se produjo su renuncia en noviembre de 1973 para luego crear al Partido de la Liberación Dominicana. Ese mismo año ingresa Leonel Fernández a la nueva organización.

UN ASTRO CON LUZ PROPIA
A partir de ese momento le tocó al discípulo convertirse en el astro y demostrar que realmente brillaba con luz propia. José Francisco Peña Gómez tenía bien claro hacia dónde quería llevar al partido que Juan Bosch ayudó a fundar en 1939 durante su autoexilio en Cuba. Quería una estructura política capaz de llegar al poder y sabía que para hacerlo necesitaba que esa organización fuera un partido de masas y no uno de cuadros, como el que planteaba su maestro.

“Un partido sin perspectivas de poder no tiene porvenir político en la República Dominicana”, explicaba Peña Gómez pocos días después de que se produjera la renuncia de Bosch.

A Peña Gómez le tocó la misión de recomponer al PRD, salvarlo del cisma y prepararlo para llegar al poder, ahora imponiendo sus propias estrategias. El Partido dividido no acudió a las elecciones de 1974, por lo que Joaquín Balaguer se impuso sin mayor dificultad.

Al fogoso nuevo líder del PRD le tomó mucho tiempo crearse una imagen de presidenciable debido a la resistencia de los sectores oligárquicos y tradicionales del país a permitir que alcanzara la primera magistratura de la nación un hombre pobre, negro y autoproclamado hijo de haitianos. Por tal razón, Peña Gómez se dedicó fortalecer al partido y a impulsar las aspiraciones de otros. Así accede a la presidencia el hacendado Antonio Guzmán Fernández. La coronación de esos esfuerzos se produjo en 1978 cuando ya el PRD era la organización política más numerosa del país, con una fuerza electoral de tal magnitud que sacó tantos votos que no valieron los subterfugios del régimen balaguerista para arrebatarle el triunfo y ver ascender al poder al primer perredeísta desde que Bosch fue derrocado en 1963.

El paso por el poder del PRD volvió a encender la chispa de la división. Peña Gómez había logrado sacarlo del hoyo cuando se produjo la renuncia de Bosch y en cinco años pudo llevarlo al poder. La capacidad organizativa del entonces líder perredeísta se impuso, aunque se dio lo que Bosch previó, ya que el PRD se convirtió en un partido de masas sin mucha sustentación ideológica y es que su discípulo era precisamente eso, un organizador con gran capacidad para la táctica política.

La siguiente prueba de fuego se le presentó a Peña Gómez en 1990, cuando el Partido volvió a dividirse por las pugnas internas, esta vez motivadas por la candidatura presidencial que se disputaban él y Jacobo Majluta. Nuevamente la capacidad táctica del antiguo discípulo de Bosch se impuso, logrando sortear la tempestad y volver a salir consolidado como líder máximo de la organización.

Ya actuando como un caudillo a la altura de Bosch y Balaguer, Peña Gómez le tocó reconstruir al partido y prepararlo para llevarlo al poder, pero ahora con él como figura presidenciable.

Sin embargo, los resultados confirmaron que todavía veinte años después de 1973 no se había logrado superar la resistencia de importantes sectores de la vida nacional para que un hombre de su origen social llegara a la Presidencia de la República.

Peña Gómez reorganizó al PRD, pero no pudo llevarlo al poder con él como aspirante a la Presidencia. Al igual que en la ocasión anterior le tomó cinco años volver a convertir a esa organización en la más fuerte del país, pero en 1994 se quedó corto por un puñado de votos que le hicieron falta como consecuencia de irregularidades ocurridas en esas elecciones.

EL OTRO DISCÍPULO
En esos comicios se presentó como candidato vicepresidencial el otro gran discípulo de Bosch, Leonel Fernández, que acompañaba al Maestro en la boleta del Partido de la Liberación Dominicana.



La organización fundada por Bosch en 1973 se puso los pantalones largos en 1990, cuando le disputó la Presidencia de la República a Joaquín Balaguer, pero por razones similares a las de 1994 tampoco pudo ganarlas.

Pero Peña Gómez volvió a poner de manifiesto su capacidad táctica y en 1994 logró arrancarle dos años a Joaquín Balaguer y provocó la firma del denominado “Pacto por la Democracia”, el cual disponía una serie de reformas a la Constitución, entre las que se destacaba el convocar elecciones presidenciales con dos años por adelantado.

La imponente figura popular de Peña Gómez hacía pensar que nada ni nadie detendría su llegada a la Presidencia en 1996, pero su destino era otro, ya que se le interpondría su tradicional archirrival, su antiguo maestro y el otro discípulo. No lo logró.

Ese momento histórico marca el nacimiento de un nuevo astro en el firmamento político dominicano, Leonel Fernández, quien en 1990 era un desconocido para las grandes masas y en 1994 era apenas el compañero de una candidatura destinada a un lejano tercer lugar.

Fernández utilizó la misma táctica que Peña Gómez cuando provocó el cisma de 1973. El primer discípulo concentró las fuerzas antibalagueristas para sacar a Balaguer del poder, lo cual logró cinco años más tarde. El segundo concentró en torno suyo todas las fuerzas antipeñagomistas y le brindó a Balaguer la oportunidad de pagarle con la misma moneda al que se había convertido en su archirrival.

A diferencia de Peña Gómez, Leonel Fernández no era el genio de la táctica. En el PLD ese papel le correspondió a Danilo Medina y a Miguel Cocco. La parte de Bosch que heredó Fernández fue su mesticulosidad en el estudio de la política, pero con la ventaja de que aplicó en el terreno práctico la mayoría de esas teorías con la intención de llegar al poder. Por supuesto, la parte teórica de la política tenía elementos nuevos comparados con los años en que Bosch estaba desarrollando su pensamiento ideológico. Más que de marxismo, leninismo, dictadura con respaldo popular, imperialismo y cosas por el estilo, en la década de los noventa había que agregarle conocimientos sobre comercio, globalización, mercadeo político y enfrentar el derrumbe de las ideologías.

Fernández consumó uno de los preceptos de Bosch que no pudo consumar Peña Gómez: llegar al poder. El primer alumno del hoy fenecido ex Presidente murió sin poder ascender al solio presidencial. El segundo se auxilió de muchas de las tácticas que en el pasado utilizó Peña Gómez, aprovechó la resistencia de la oligarquía contra el ya líder máximo del PRD, puso en práctica los nuevos conceptos del mercadeo político, atrajo el ángel de los dos ancianos caudillos y llegó al poder.

En 1996 Leonel Fernández sobrepasó al otro discípulo de Bosch en que pudo llegar al poder, cumpliendo así la máxima que su maestro le había planteado al padre Láutico García en el debate del 17 de diciembre de 1962.

Sin dudas, Bosch tuvo en Peña Gómez y Leonel Fernández a dos grandes discípulos: uno que demostró ser un gran organizador y líder popular, y el otro que supo llegar al poder.


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