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Rafael Peralta Romero
¿Cuál es el empeño?
¿Cuál es el empeño de algunos sectores de opinión de meter al Presidente Hipólito Mejía en la ruta de la repostulación? Sea político o periodista, analista o lobbista, todos tienen derecho a simpatizar con la idea de la reelección presidencial. Ese derecho, como todos los de su tipo, tiene un límite.
Cualquiera hubiera pensado que a esta fecha ese tema estaría extirpado del debate político nacional. Pero hay que entender que la democracia es tolerante y comprensiva y gracias a ello se vuelve a este asunto, aun en contra de la opinión del Presidente de la República, Hipólito Mejía. Es así como presenciamos un fenómeno auténticamente nuevo en la política criolla.
Las palomas le tiran a la escopeta. A ello es comparable esta particular situación en que por primera vez un gobernante dice que no buscará la repostulación y representantes de otro poder del Estado, senadores sobre todo, insisten en contradecirlo. Hipólito Mejía ha manifestado su posición sobre el particular en tono dulce, en tono agrio, en voz baja, en voz alta y lo ha pregonado a los cuatro vientos.
El senador Luna anuncia la creación de un movimiento a favor de la reelección de Mejía. Rafael Suberví Bonilla, secretario general del PRD, y a quien se le suponía aspiración presidencial, está de acuerdo con que se revoque el impedimento de la repostulación al primer mandatario.
Algunos justifican la posición alegando que un período de gestión no es suficiente para que un Presidente realice todas sus aspiraciones. Y plantean que debe permitirse al jefe del Estado repetir por otro período. Otros, incluso, conciben la repetición en el gobierno como un premio o reconocimiento al gobernante que lo hizo bien en su primera etapa.
Los ejercicios gubernamentales del doctor Joaquín Balaguer crearon en la conciencia dominicana un rechazo profundo y justificado a la sucesión de un Presidente por sí mismo. Todavía no nos hemos repuesto totalmente del trauma ocasionado por las atropellantes jornadas reeleccionistas de Balaguer.
La adulación es la peor consejera de un estadista y en el pasado ha sido la principal catalizadora de las aspiraciones continuistas de los presidentes. Hipólito Mejía ha sido poco simpático con los oficiantes de esta práctica y en ningún caso ha mostrado que disfruta la adulación. Como tampoco ha dicho a nadie que anda interesado en un nuevo período gubernamental.
Quienes consideran conveniente la inclusión de la repostulación al momento de reformarse la Constitución, que defiendan su posición. Lo que no creo que haga falta es contar con la anuencia del Presidente Mejía, ni condicionar esa parte de la reforma a que el actual jefe del Estado quiera optar por volver a la codiciada silla de alfileres.
Gente de extracción política confusa está planteando este asunto con deliberada mala intención. Hace poco escuché a cortesanos del doctor Leonel Fernández reclamarle al Presidente Mejía que acepte la repostulación para que el expresidente tenga un competidor a su nivel, porque de acuerdo con ellos en el Partido Revolucionario Dominicano no hay más nadie que pueda rivalizar con ese potencial candidato.
Un comentarista de televisión le exigía al Presidente, casi como un deber, postularse de nuevo para que le gane a Fernández, porque de acuerdo con ese analista Mejía obtuvo su triunfo en forma muy fácil, cuando según su decir, el doctor Balaguer le sacó la muleta al Partido de la Liberación Dominicana, que como se sabe llegó al gobierno sobre los hombros del nonagenario líder reformista.
Hipólito Mejía ya le ganó unas elecciones a Leonel Fernández, quien al no poder repostularse, por el impedimento constitucional, lanzó a su hombre de mayor confianza, apoyado con todos los recursos del Poder para enfrentar al candidato del PRD. No obstante, quienes quieran hacerse la idea de la invencibilidad de Fernández tienen ese derecho.
A lo que no hay derecho es a meter al Presidente Mejía en lo que reiteradamente ha dicho que no está. El actual gobernante debe conservar el mérito de ser el único estadista dominicano que ha recriminado a los colaboradores que le sugieren la idea de la reelección. Mientras unos se sirvieron como quisieron de ella, como Balaguer, y otros lo intentaron a contrapelo de la Constitución, como Fernández.
La tarea fundamental de un gobernante es resolver problemas de la comunidad nacional. En ningún caso tiene que actuar cual si se tratara de una competencia deportiva y si fulano se postula el Presidente tiene que hacer lo mismo. Nadie debe dudar que Hipólito Mejía es un hombre auténtico, nada maquillado ni acartonado, y que sólo expresa lo que siente, no sabe de simulación, de lo que sí hay maestros en nuestro ambiente político.
El debate sobre la reelección puede efectuarse a la luz del Derecho y la Ciencia Política, sin intenciones ocultas y sin salpicar de ella al Presidente Mejía. Hay mala fe en eso de pretender opacarle a Mejía el mérito de ser el único Presidente en rechazar categóricamente que quiera seguir en el cargo por otros cuatro años. ¿Por qué el afán de hacerlo cambiar de actitud?
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