5 de noviembre del 2001 • Edición número 1,227
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Cuando muere un pariente…
Rafael Molina
Morillo


El cierre de El Siglo constituye un golpe duro para la prensa nacional y para la nación dominicana, que se ve privada de una voz serena, prudente y responsable.
Cuando muere un pariente todos nos afligimos. No importa si en una u otra ocasión hemos tenido diferencias de criterio. El caso es que cuando nos encontramos frente al inexorable final, el peso de la impotencia nos abate.

Lo mismo pasa en la familia periodística. En esta semana asistimos al cierre definitivo del periódico El Siglo, un pariente querido que estuvo orientando a la opinión pública con prudencia y responsabilidad durante más de una década. Para los demás medios de prensa dominicanos es como si se nos hubiera muerto un familiar muy querido.

Con la salida de El Siglo del escenario nacional cambia sensiblemente el panorama periodístico del país. Se va a sentir el vacío de una serena voz que se apaga. Se extingue una de las pocas luces que todavía iluminaban el oscuro ámbito de nuestra sociedad.

Al lamentar el suceso, [A]HORA extiende un saludo solidario a todos aquellos hombres y mujeres que con su esfuerzo, y desde distintas posiciones, hicieron posible la existencia de El Siglo, en la persona de su director Federico Henríquez Gratereaux. ¡En el camino nos veremos de nuevo!


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