29 de Octubre del 2001 • Edición número 1,226
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Rafael Peralta Romero
El poder del prefijo “re”


La derivación es el procedimiento más atinado para enriquecer la lengua mediante la creación de nuevas palabras. Ante la introducción de nuevos vocablos mediante esta forma, los académicos más conservadores no tienen más remedio que darle cabida.

Y tiene que ser así, porque la diversidad de palabras que se componen a partir de la combinación de los afijos es indispensable para la denominación de innúmeras acciones, situaciones y cosas que a diario necesitamos mencionar.

¿Cómo nos haríamos sin algunas de esas partículas que puestas al principio o al final de una palabra nos ofrecen un término nuevo? Para muestra me referiré solamente al prefijo “re”, que antepuesto a ciertos vocablos, por ejemplo “aparecer”, proporciona otros como “re-aparecer”. El lenguaje político empobrecería drásticamente si se le privara de esta simple sílaba.

Es que en la política siempre se precisa de “re-estructurar” las instituciones, “re-formular” planes y proyectos o “re-lanzar” iniciativas que han parecido buenas, pero que fueron abandonadas por quien detenta el poder o lo acaba de entregar.

A la Policía Nacional, piensan muchos, le ha llegado el momento de su “re-formulación”, porque la sociedad dominicana ha cambiado mucho desde que esa institución fue “formulada”, pero en realidad deber ser “reestructurada”, es decir que sus componentes deben ser sometidos a un nuevo ordenamiento.

El inicio de todo gobierno, como la asunción de la dirección de cualquier institución social demanda de los incumbentes el “re-ordenamiento” de la casa, porque se tiene sabido que siempre los que salieron dejaron un desorden.

“Re-activar” la producción agrícola contribuye a la “re-animación” de la economía y por tanto al “re-surgir” de la esperanza, por eso ese verbo acompañará a quienes tienen la responsabilidad de cambiar un panorama desolador. El Presidente Mejía tiene entre sus primeras metas el levantamiento de la producción de alimentos y esa necesaria “re-activación” de la vida nacional.

Donde pierde fuerza el prefijo “re” es cuando se intenta aplicar al verbo abrir, si con ello se refiere a las empresas que fueron del Estado. Sería un verdadero mago quien logre “re-abrir” la Compañía Anónima Tabacalera y hasta la Dominicana de Aviación, de cuyo aterrizaje forzoso sólo queda el edificio que algunos simuladores usaron para acusar de corrupción a quienes lo construyeron.

Uno puede “re-adaptarse” a condiciones de vida anteriores. Los que viven en Nueva York tendrán que hacerlo, para reponerse del golpe fatal que les propinara el terrorismo fanatizado. “Re-escribir” un artículo cuando ha salido mal o si habiendo quedado bien se extravió, es tarea dura, y en cada caso el prefijo “re” conducirá a una repetición del trabajo, para demostrar su alcance y potestad.

Donde realmente esta partícula verbal revela su grandeza es en boca de políticos y teóricos que conciben fórmulas para cambiar el mundo, transformar la sociedad... “Re-fundar” la República. ¿Recuerda eso? Ahí está contenida la tesis de ese gran maestro del discurso político conocido como Fafa Taveras. El título dice bastante, pero claro, gracias a “re” porque ya la República fue fundada en 1844.

Algunos candidatos a la rectoría de la Universidad Autónoma de Santo Domingo levantan como consigna “Re-pensar” la UASD. Presumo que se requiere pensarla de nuevo, para hacer de ella todo lo que no contempla la bula In Apostolatus Culmine, expedida por el papa Paulo III, y “re-definir” sus objetivos y “re-novar” su filosofía.

Pero no sólo los políticos “re-diseñan”. En los medios de comunicación aparecen cíclicamente unos señores, generalmente extranjeros estrafalariamente vestidos, que cambian un periódico de arriba para abajo con el pretexto de que todo lo que hay son “boludeces”. Los diarios se “re-diseñan” tanto que por eso los formatos se “re-ciclan”.

Ahora, una cosa muy diferente a esto ocurre cuando “re” se une a “conectar” o a “conexión”. Pero quizás digo mal, pues cuando se unen deberá producirse nuevamente la “conexión”, pero si cualquiera de las “EDE” que dominan la vida nacional no le da con “re-conectar” un servicio de energía eléctrica suspendido, “re” ejerce un poder negativo, para mal. Peor que eso sólo puede ser que le “re-ajusten” a uno la tarifa. Esto resulta diferente al efecto que ejerce cuando a un paciente se aplica la “re-sucitación” después de un proceso quirúrgico.

Podremos hablar de “re-lanzar”, “re-encauzar” o “re-orientar”, pero quien quiera lucir moderno, capaz e inteligente ha de usar el término “re-ingeniería”. No aparece en el diccionario de la lengua, ni parte de ningún verbo, pero no importa, pues la derivación es una técnica irrefutable de crear palabras.

Pienso que los ingenieros y científicos, tildados de poco diestros en el uso de la palabra, se han “re-animado” y restan espacio a sociólogos y retóricos para aportar una palabra de gran peso y que muchos aceptamos sin tener claro su significado.

Nunca la había empleado, hasta hoy en que me propuse “re-flexionar” sobre el alcance del prefijo “re”. Sin embargo, sería difícil “re-novar” cualquier asunto de nuestra vida y lograr una “re-ingeniería” de toda la sociedad, si no partimos de este elemental fragmento verbal tan transmisor de nuevos significados.




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