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Sin grandes cambios
La historia de las 13 elecciones en 40 años demuestra que el votante dominicano es poco dado a cambios bruscos

Por Gustavo Olivo Peña
El comportamiento de los votantes en las elecciones presidenciales, congresionales y municipales celebradas desde 1962 hasta la fecha, trece en total, demuestra que el pueblo dominicano es poco dado a los cambios, sobre todo a los bruscos, aquellos que implican un rompimiento con lo establecido.
Y esta ausencia de cambios políticos importantes, en lo relativo a partidos y elecciones, de alguna manera explica lo conservadora que es la dirigencia política nacional, poco dada a impulsar cambios políticos y económicos, y su vocación decididamente populista.
Los pasos que dan un dirigente político y un partido deben estar determinados por las circunstancias, pues en política la precipitación es muy mala consejera.
A partir de este razonamiento, los acontecimientos deben pautar el quehacer político. Ningún dirigente se considera derrotado antes de tiempo; más bien tiende a pensar que nada está seguro en política; que si en un momento no hay ninguna posibilidad de triunfo, en el futuro inmediato las circunstancias pueden colocarse a su favor.
Habría que preguntarse quién ha hecho conservador a quién, ¿el líder político y el partido han hecho conservador al pueblo? ¿la renuencia al cambio expresada por el pueblo ha hecho de los líderes y los partidos actores conservadores?
Esas interrogantes son una excelente materia prima para el estudio de politólogos, sociólogos, historiadores y hasta especialistas de la conducta humana.
Por lo pronto es interesante observar la votación histórica de los partidos que hoy constituyen el sostén del sistema democrático dominicano.
EL PRD EN SU CASA
En las elecciones del 1962, la primera después de más de 30 años de dictadura, el Partido Revolucionario Dominicano derrotó a la Unión Cívica con 619 mil 491 votos contra 317 mil 327. Juan Bosch, recién retornado del exilio junto al PRD que había fundado en La Habana, Cuba, en 1939, se convirtió en el primer gobernante democrático dominicano en más de 31 años.
El gobierno de Bosch sólo duró siete meses, pues fue derrocado mediante un plan en el que participaron los sectores más conservadores de la sociedad, incluyendo a sacerdotes católicos, pastores evangélicos, intelectuales de la derecha y el gobierno de Estados Unidos.
Interrumpido el ensayo democrático, el país vivió dos años de enfrentamientos y tensiones políticas que culminó con la rebelión de los militares constitucionalistas que exigían el retorno al gobierno democrático de Bosch sin nuevas elecciones. La rebelión fue resistida por las fuerzas conservadoras, lo que dio lugar a una guerra civil y luego a una intervención de EE.UU. que duró hasta el 1966.
Entre los años de la dictadura golpista y el gobierno provisional de Héctor García Godoy surgió el Partido Reformista, creado por un grupo de seguidores de Joaquín Balaguer, en momentos en que éste se encontraba en EEUU, a donde había huido para escapar de la furia de los antitrujillistas que clamaban justicia.
A Balaguer se le permitió retornar al país durante los meses de guerra civil, por una decisión del gobierno provisional de la parte constitucionalista.
NACE RIVALIDAD PR-PRD
En los comicios del 1966 se llevó el triunfo el Partido Reformista, con Joaquín Balaguer como candidato presidencial.
El PRD, que de nuevo llevó a Bosch de candidato presidencial, denunció que no se le permitió hacer campaña y que se cometió fraude en la mayoría de las provincias. El PR obtuvo 759 mil 887 votos, contra 494 mil 570 votos. Obviamente que Balaguer era el candidato del gobierno de EEUU y los sectores militares antidemocráticos.
A partir de esos comicios se iniciaría un largo período de antagonismo entre el PR, encabezado por Balaguer, y el PRD, encabezado en principio por Bosch y después por José Francisco Peña Gómez.
Esta etapa de enfrentamientos contra el PR y Balaguer duraría hasta el año poco después del 1996, en el caso de los seguidores de Peña Gómez, y hasta 1994 en el caso de los seguidores de Bosch.
En los comicios de 1970 y 1974 el PRD no participó en las elecciones, alegando que no existían condiciones por la fuerte represión política y los asesinatos que sustentaron el régimen de Balaguer.
En diciembre de 1973 se dividió el PRD, cuando Bosch renunció junto a un grupo de notables dirigentes y fundó el Partido de la Liberación Dominicana, de orientación marxista y estructura leninista.
REINADO DEL PRD Y FORTALECIMIENTO DEL PLD
En 1978 el PRD, con Peña Gómez convertido ya en el líder político más importante del país, acudió a las elecciones y logró el triunfo, convirtiéndose en Presidente de la República don Antonio Guzmán Fernández.
El PRD ganó el favor de 855 mil 765 votos; el PR 698 mil 163, y el PLD 18 mil 375 votos.
En 1982 el PRD logró ganar de nuevo las elecciones, con el doctor Salvador Jorge Blanco como candidato presidencial. De nuevo el PR y el doctor Balaguer fueron derrotados.
Pero el hecho político más importante en estos comicios fue el surgimiento del PLD como un gran partido político, después de haber obtenido una pobre votación en 1978.
En 1982 el PRD ganó con 854 mil 868 votos; el PR con 669 mil 176 votos, y el PLD con 179 mil 849 votos. De esta manera el país pasó del bipartidismo al tripartidismo.
RETORNA BALAGUER
En 1983 el PR se fusionó con el Partido Revolucionario Social Cristiano, y se convirtió en PRSC con los símbolos del gallo y el machete verde.
En 1986 el PRD llevó de candidato al licenciado Jacobo Majluta, y perdió las elecciones a pesar de obtener el mayor número de votos. Ocurrió que fueron invalidados los votos marcados a Majluta al unísono en el PRD y La Estructura, quedando invalidados decenas de miles de votos.
El PRD sólo obtuvo 706 mil 588 votos, contra 855 mil 565 del PR, y 387 mil 881 del PLD.
CRISIS EN PRD Y PLD
Al salir del poder el PRD entró en una profunda crisis. Los seguidores de Peña Gómez y Jacobo Majluta se disputaban el control del partido; el ex presidente Salvador Jorge Blanco fue sometido a la justicia junto a un grupo de sus ex funcionarios acusados de corrupción contra el Estado.
A pesar de los esfuerzos de importantes mediadores, Majluta y Peña Gómez terminaron separados, y se acordó que ninguno de los dos acudiría con el nombre del PRD a las elecciones. Peña Gómez lo haría por el Bloque Institucional Socialdemócrata, Majluta iría por el Partido Revolucionario Independiente.
Pero en una jugada maestra, aprovechando un viaje al exterior de Majluta, el grupo de Peña Gómez, encabezado por Hatuey Decamps, aprovechó el hecho de que a Balaguer y el PRSC le convenía la división definitiva del PRD, y lograron que la Junta Central Electoral reconocieran al grupo de Peña Gómez como el auténtico PRD, y le permitió inscribir sus candidaturas por el Partido Blanco.
Esta acción contó con el aliento del PLD y Bosch, los cuales tenían profundas contradicciones con Majluta, y además se verían beneficiados electoralmente con la división del perredeísmo.
En estas circunstancias los sectores más liberales del país volcaron sus simpatías hacia el PLD y Bosch. En los comicios de 1990 el PLD era visto como el partido a vencer, como el único que podía derrotar al doctor Balaguer. Pero el doctor Balaguer y el PRSC lograron vencer una vez más, a pesar de la denuncia del PLD de que se había cometido un fraude colosal. El PRSC obtuvo 678 mil 065 votos; el PLD 653 mil 595 votos; el PRD 444 mil 086 votos, y el PRI 135 mil 649 votos (sumados PRD, PRI y aliados alcanzan 585 mil 048, lo que demuestra que las fuerzas políticas tradicionales conservaron su fortaleza a pesar de la división del principal partido).
Para el 1994 el PRD se había reunificado en torno al doctor Peña Gómez, sobre todo con el retorno de la mayoría de los más notables dirigentes del PRI (Tony Raful, Winston Arnaud, entre otros).
La relocalización de los votantes liberales alrededor del PRD dejó sumamente débil al PLD que, por demás, había sufrido varias crisis consecutivas, incluyendo una que llevó a la renuncia de Juan Bosch en 1991, cuando lamentó que la mayoría de los dirigentes peledeístas sólo buscaban hacerse de dinero.
De nuevo el PRSC y el doctor Balaguer registran la mayor cantidad de votos: 1 millón 275 mil 460, incluyendo a sus aliados; contra 1 millón 253 mil 179 votos del PRD y aliados.
En esta ocasión el PRD fue más allá de la simple denuncia y se agenció el apoyo de importantes fuerzas sociales dentro del territorio nacional, y del apoyo decisivo del gobierno de EEUU y la OEA, obligando a Balaguer a salir del poder en 2 años.
El PLD de nuevo había caído al tercer lugar, con 395 mil 653 votos.
Nadie iba a pensar que sólo un año y medio después el PLD, con un candidato nuevo y prácticamente desconocido para la mayoría de los dominicanos, iba a competir con el PRD y el doctor Peña Gómez.
Con la introducción de la doble vuelta electoral y la necesidad de obtener el 50% más un voto para ganar en la primera, el PLD trazó su camino hacia el poder, sobre todo aprovechando las profundas contradicciones que existían entonces entre perredeístas y reformistas. Los reformistas, desde el doctor Balaguer hasta los más humildes dirigentes de las bases, votaron por el doctor Leonel Fernández, exhibiendo un entusiasmo que nunca pusieron al servicio del licenciado Jacinto Peynado, su propio competidor.
En la segunda vuelta el PLD y aliados obtuvieron 1 millón 466 mil 382 votos, contra 1 millón 394 mil 641 votos.
Como se puede apreciar, los tres grandes partidos seguían manteniendo su tendencia porcentual histórica en la votación.
úNICOS CAMBIOS NOTABLES
Probablemente los cambios más relevantes en la proporción de votos obtenidos por los grandes partidos, desde que el PLD creció en 1982 y en 1990 desplazó al PRD de la competencia por el primer lugar, ocurrieron en los comicios de 1998 y 2000.
En los comicios congresionales de 1998 el PRD obtuvo 1 millón 26 mil 455 votos, contra sólo 654 mil 713 del PLD, y 351 mil 133 del PRSC.
En las municipales se mantuvo la misma proporción, con 1 millón 11 mil 883 para el PRD; 650 mil 574 para el PLD, y 360 mil 013 para el PRSC.
En los comicios presidenciales del 2000 el PRD repitió una gran votación, con más de 1 millón 500 mil, contra poco más de 800 mil del PLD y 800 mil del PRSC.
En conclusión, como hasta el momento no se han producido hechos que puedan haber influido de manera tan profunda en la sociedad como para cambiar radicalmente la decisión de la mayoría de los votantes tradicionales, es previsible que el PRD, el PLD y el PRSC estarán de nuevo compitiendo por los primeros lugares en los comicios del próximo año.
Quienes esperan grandes cambios, quienes sueñan con un abstención electoral tan grande que haga entrar en una crisis a los partidos, probablemente se lleven una desilusión. Los cambios sociales y políticos suelen llegar lentamente en República Dominicana.
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