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Lo del Medio Oriente
y la traición a los ideales paternos
Por Jacinto Gimbernard Pellerano
Es asombroso. ¡Cuán antigua y terrible es la ambición de poderío! ¡Cuánto odio ha generado en el mundo, a través de toda la historia conocida y desconocida, la prepotencia de los poderosos!
Estoy convencido de que la grandeza de las naciones está montada sobre virtudes y no sobre defectos.
Voy a apoyarme en palabras de dos ilustres personajes norteamericanos, redactores de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica en 1776. Me refiero a Thomas Jefferson y a Benjamin Franklin. El primero de ellos, Jefferson, principal redactor de la Declaración de Independencia, fundador del Partido Antifederalista en 1797, propugnador de una descentralización estatal y capaz de lograr expansionismos sin sangre ni violencias -como cuando, siendo Presidente (1801-1809), compró la Louisiana a Francia- afirmaba a D. Tracy, en carta fechada en 1793: "No he podido concebir cómo un ser racional puede considerarse feliz por el solo hecho de poder mandar a otros". Benjamin Franklin, quien participó en la redacción del documento independentista y fuese también uno de sus signatarios, comisionado para negociar la paz con Gran Bretaña en 1781, lo cual manejó con gran habilidad, tenía y practicaba una máxima que dejó escrita: "No cambies la salud por la riqueza ni la libertad por el poder".
Ilustres personajes como éstos son los que hicieron posible el enorme poderío de los Estados Unidos, porque sus virtudes irradiaron tal positividad que sobrepasó las ambiciones disparatadas de dominio mundial que ejercieron posteriormente los jefes -políticos o empresariales- de esta gigantesca potencia mundial.
No me gusta simplificar, porque toda simplificación es errónea, pero pienso en el inmenso daño que Teodoro Roosevelt (Presidente desde 1901 a 1909) hizo a su país con su política del "big stick" o del garrote, que él aclara en su Autobiografía (New York, 1916): "Habla suave, lleva un buen garrote y llegarás lejos".
El ataque terrorista, especialmente a las Torres Gemelas de Nueva York, es algo espantoso y pesadillesco. Así las amenazas, o muestras, de una posiblemente cercana guerra bacteriológica de incalculables consecuencias para la humanidad. Pero no es menos pesadillesca la respuesta norteamericana (e inglesa, con minúsculas, como fue la presencia de diversos países en la intervención militar norteamericana a nuestro país en 1965).
¿Cómo es posible que los excelentemente bien pagados servicios de inteligencia norteamericanos no fueran capaces de desarticular hace tiempo los campos de entrenamiento terrorista que funcionan en distintos puntos, a pesar de las peticiones internacionales que se hicieron al respecto? ¿Cómo es posible que si en diciembre de 1989 las tropas norteamericanas, en una operación denominada "Causa Justa", invaden Panamá, derrocan el gobierno -ya no conveniente- de su antiguo servidor, Manuel Antonio Noriega, lo apresan y lo llevan prisionero a Florida, teniendo en aquellos años (cuando la tecnología avanza pasos de Gulliver de día en día) capacidad para ubicar exactamente, por sofisticados medios electrónicos, dónde se encontraba Noriega, si había ido al sanitario o a la cocina cómo es posible, repito, que hoy, con unos avances tecnológicos que dejan a uno boquiabierto, no haya podido ubicarse a Bin Laden, si es el culpable de este preciso ataque terrorista? En 1997 la tecnología norteamericana ¿no dejó al mundo perplejo por la increíble eficacia con que fueron ubicados -vistos- los catorce guerrilleros que tomaron la embajada de Japón en el Perú, con casi quinientos invitados que celebraban el cumpleaños del emperador japonés Akihito, convertidos en rehenes, asunto resuelto en un ataque de poco más de media hora? Y sabían -o veían, por sofisticados aparatos espaciales- dónde estaba cada quién. Eso en 1997. ¿Cómo serán las cosas en el 2001?
Si Bin Laden está en un formidable bunker, éste lo construyeron los rusos, y deben existir planos y detalles de localización, porque se dice que ahora Rusia apoya a los norteamericanos y se trata de información de primerísima importancia.
Como ha afirmado un analista político internacional y catedrático en USA, en varios programas "Choque de opiniones" que transmite CNN ¿Será Bin Laden una excusa petrolera? ¿Lo dejaron llegar tan lejos, sin sospechar intensidades, para poder intervenir militarmente y controlar un vecindario rico en petróleo?
LA SUGERENCIA LUCE MOUSTRUOSA
La realidad es que los gobiernos de los Estados Unidos, digamos que desde el tiempo de Teddy Roosevelt, han escupido sobre los consejos de los Padres de la Nación. Siguen poderosos por una inercia del girar de la bondad y la buena intención que motivó e hizo accionar a los Padres Fundadores.
Si la catástrofe no nos aplasta definitivamente, si sobrevivimos a la imprudencia y la locura, la historia pondrá las cosas en su sitio.
Aunque no sirva de mucho. Pero algo es cierto.
No fue a eso a lo que aspiró George Washington.
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