22 de Octubre del 2001 • Edición número 1,225
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Por el mundo del boliche

LA BOLERA DE EL CONDE


Por Papi Santana

Fué en el año 1958 cuando el deporte del boliche hinchó sus pulmones de aire dominicano. Ocurrió en el sótano del Edificio Baquero, situado en la calle El Conde esquina Hostos. Allí, en estas primeras cinco pistas, se empezó a escribir la historia del boliche nacional. Pedro Rodríguez Villacana, propietario de la tienda López de Haro y los demás accionistas: Luis Manuel Baquero, su hermano Alfredo; Tomasín y Tirsín Ramos, propietarios de La Opera tuvieron la visión de invertir en una instalación deportiva de este calibre. Aunque para entonces el boliche se consideraba más bien un juego de salón.

Los accionistas le entregaron la administración del centro al hoy muy querido William Vargas, a quien le resultaba algo totalmente novedoso y desconocido, ya que no tenía ninguna experiencia previa, ni referencia, en el manejo de un negocio de estas características.

Es William quien nos cuenta que como hombre inquieto al fin y con deseos de hacer las cosas lo mejor posible se metió de lleno en el negocio y comenzó a reunirse con el ingeniero que estaba construyendo la bolera, un alemán cuyo nombre no pudo recordar, y quien según nos dijo estaba casado con una artista dominicana.

Este señor le dio muchas instrucciones que le sirvieron más adelante para convertirse en instructor de este deporte, que era totalmente desconocido en esa época.

"La bolera estaba construida con cinco pistas debidamente bien niveladas, aunque muy duras y revestidas de una capa de un material que se denominaba "shillack" . Las bolas eran de bakelita, una material que no le permitía a los jugadores curvear".

Aquellas canchas no eran autómaticas, sino que había unos jóvenes que se colocaban detrás, debidamente protegidos con unas colchonetas o colcha espuma, quienes colocaban los pines manualmente. Sin embargo, aun estando protegidos, en muchos casos eran fuertemente golpeados por aquellos jugadores que tiraban muy fuerte, ocasionando que los pines saltaran y los golpearan.

"El retorno de las bolas era también manual. Los jóvenes a los cuales llamábamos -Pin Boy- se fueron perfeccionando y con el tiempo hacían el trabajo como si fuera una bolera automatizada", comenta William Vargas.

La práctica de los bolos comenzó a crecer, la clientela aumentó y las 5 pistas ya no eran suficientes, se presentaban inconformidades en el público, que tenía que hacer turnos para jugar.

En poco tiempo el boliche se convirtió en la gran pasión de muchos jóvenes y sobre todo de una gran mayoría de los comerciantes de la calle El Conde, quienes al cerrar sus establecimientos a las seis de la tarde pasaban a jugar boliche hasta las primeras horas de la madrugada."Como en todo deporte hubo un grupo que se podía catalogar como -fiebruses- del deporte. Entre ellos se encontraban Francisco Prats, padre de nuestro buen amigo Franchi Prats, quien fue el primer jugador en tirar el juego más alto de esa epoca 298; Puppy Michell, Angel Gesualdo e Iván Alvarez, quienes más tarde fueron los únicos en tirar juegos perfectos de 300.

Otros jugadores reconocidos de la época eran Mario Escobar, Rafael Marchena Johnny Haché, Ing. Julio Prestol, Andres Somoza, Ing. Pachín Ramírez, Huáscar Castillo y Pablo Díaz, quien era además encargado de llevar los computos generales. También los comerciantes Alberto Currella, Don Isidro Tercilla,Tomasín y Tirsín Ramos y muchos más del Conde", recuerda Vargas.

Y continúa: "Luego se comenzaron a organizar las ligas por equipos de cuatro y hasta cinco jugadores.”

El negocio crecia cada día pero, entrado el año 1959 la era de Trujillo comenzó a tambalearse y con la invasión del 14 de junio la cosa se ponía cada día más fea. En la bolera se refugiaba un grupo de intelectuales que se reunían primero en el Hotel Comercial y luego pasaban a la bolera y se sentaban en la barra a comentar lo que en esa época no se podía.

“Ese grupo encabezado por los hermanos Luis Manuel y Afredo Baquero, Tomasín y Tirsin Ramos, Carlos Curiel, Máximo Hernández Ortega y otros que no vienen ahora a mi mente, al parecer fueron delatados y de ahí en adelante la bolera comenzó a ser vigilada por los calieses de la epoca". Al parecer, el apresamiento de algunos asiduos visitantes de la bolera, como Ivan Alvarez, Huascar Castillo, José Matos y Pachín Ramírez y otros que visitaban la bolera y pertenecían al 14 de Junio llevó a que la juventud que asistía regularmente a la bolera se quedara en casa, en toque de queda voluntario, por el temor que desató la represión del régimen. La calle El Conde se convertiría en esa época en un verdadero cementerio después de las 7:00 de la noche.

"Esta situación me llevó a renunciar de la bolera y dedicarme a la venta de anuncios en los periódicos y luego formar la Publicitaria Extensa, la cual estuvo reconocida como una de las más exitosas. Juan Olivo fue mi sustituto, quien mostró buenas credenciales al frente del negocio,” recordó Vargas.

EL CIERRE TOTAL
La situación política que vivio el país a raíz del 1962, tuvo que ver mucho con la clausura, pues Luis Manuel Baquero se proclamó como uno de los cabecillas de la Unión Cívica Nacional y se desprendió un poco del negocio, lo que ocasionó el cierre total del establecimiento que tantas alegrías y penas había cosechado.



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