|
|
SECCIONES
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| |

|
|
|
Suscripciones
al teléfono
472-7694 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
|
|
 |
|
 |
|
|
 |
 |
¿A cuál partido conviene más?
La reducción delporcentaje para ganar en la primera vuelta y los comicios del 2004

Por Gustavo Olivo Peña
Uno de los puntos de la propuesta de reforma constitucional tiene que ver con la reducción del porcentaje mínimo de votos para ganar las elecciones presidenciales en la primera vuelta.
Hay que tomar en consideración los cambios que ha registrado la política nacional desde la crisis de 1994 si se quiere obtener una idea de lo que podría ocurrir en los comicios del 2004, y cuál de los tres grandes partidos saldría más favorecido con la citada reforma.
Los fracasos electorales del Partido de la Liberación Dominicana en los comicios congresionales y municipales del 1998 y en los presidenciales del 2000 se debieron, en gran medida, a que la dirigencia de esa organización no acabó de comprender que su relación con el pueblo dominicano y los demás actores políticos cambió desde que asumió el poder el 16 de agosto del 1996. El PLD acudió a los comicios del 1998 y 2000 confiado en que su popularidad no había sufrido un desgaste significativo en el ejercicio del poder, y que los sectores que confluyeron en torno a la candidatura del doctor Fernández Reyna se comportarían exactamente igual que en 1996.
Esta errónea percepción, o más bien con-vicción, estaba tan arraigada en la dirigencia peledeísta que no alcanzó a observar el disgusto que se había generado en dos años entre sus seguidores tradicionales y en los conservadores que le favorecieron en 1996.
DOGMA DE FE
Pero hubo y hay más: el peledeísmo estaba y sigue estando profundamente convencido de que hizo el mejor gobierno de todos los tiempos, que no cometió ningún error de importancia, y que sus derrotas electorales se deben a que por alguna causa el pueblo dominicano no supo valorar su administración.
De estas dos convicciones erróneas el peledeísmo no ha logrado zafarse, y por el contrario desde la oposición las ha asumido con una tozudez más que impresionante.
Ahora la dirigencia peledeísta está segura --y así lo ha hecho creer a sus seguidores más vehementes-- de que su triunfo está seguro en los comicios del 2002 y el 2004.
Según este punto de vista la población castigará los errores que desde el gobierno comete el PRD volcando sus simpatías única y exclusivamente hacia el PLD y el doctor Leonel Fernández Reyna. Es dogma de fe para el peledeísmo la afirmación de que la sola presencia del doctor Fernández Reyna en la boleta electoral del PLD garantizará sin ningún problema el triunfo avasallador.
Y, si por alguna razón el ex presidente Fernández Reyna no logra alcanzar el porcentaje de votos mínimo para ganar en la primera vuelta, se repetirán como un calco los acontecimientos de 1996, y los reformistas votarán en masa por la boleta morada en una segunda vuelta electoral.
Repiten mecánicamente, una y otra vez, que desde el PRD se teme al doctor Fernández Reyna como oponente electoral para el 2004. Calcan así los peledeístas el comportamiento de los balagueristas más furibundos, que atribuyen a Joaquín Balaguer cualidades cuasi divinas, y lo consideran un ser infalible e inderrotable, cuando la historia ha demostrado lo contrario en muchas ocasiones.
LOS PERDEDORES
Como se sabe, la reforma de 1994 pretendía en principio elevar al 45 por ciento más uno de los votos válidos emitidos la cantidad mínima indispensable para ganar los comicios, pero debido a los acuerdos secretos de reformistas y peledeístas (al margen de lo pactado con los perredeístas y demás fuerzas políticas) se elevó al 50 por ciento más un voto. Esta jugada política predeterminó la derrota del PRD y el doctor José Francisco Peña Gómez en los comicios del 1996, los cuales fueron ganados por el Partido de la Liberación Dominicana y el doctor Leonel Fernández Reyna, gracias al apoyo del doctor Joaquín Balaguer y la mayoría de los reformistas.
Pero esos hechos no sólo perjudicaron al PRD, al propiciar la cohesión en torno al PLD de todos los sectores que rechazaban al doctor Peña Gómez y a los perredeístas, también sentó las bases para la dispersión y la disminución del PRSC y el balaguerismo.
Ni siquiera el PLD, el gran favorecido con aquellos acontecimientos, se libró de cosechar su parte negativa. La mística peledeísta se vio de repente permeada por prácticas balagueristas: compra de conciencias, corrupción en la administración pública, uso de la fuerza pública para fines puramente politiqueros, tráfico de influencia, entre otros vicios atávicos de la política nacional, los cuales se suponían erradicados de la conducta de los discípulos de Juan Bosch.
Además, el efecto más negativo de la necesidad de sumar un porcentaje tan elevado para ganar la Presidencia consiste en que las relaciones entre los partidos se convierten en un ejercicio constante de hipocresía, y permisividad.
Nadie quiere indisponerse ante nadie por el temor de tener que necesitar de ese rival para una negociación electoral. De esta manera, la competencia política ha devenido en una especie de convenio gene-ralizado de buen entendimiento, de no confrontación, de perdonarse de antemano cualquier delito cometido durante la administración del Estado.
Se teme a la negativa futura de un apoyo electoral o a la posibilidad de que el partido de menor fuerza pueda derrotar a uno más poderoso gracias a una alianza electoral con un tercero.
Y el que se encuentre un momento determinado en el poder tiende a utilizar todos los recursos disponibles para tratar de ablandar a la oposición y de persuadirlo de la conveniencia de que le apoye o por lo menos no apoye al contrario en las contiendas electorales.
Así procedió el PLD desde el poder, así está procediendo el PRD. El PRSC, aunque no ha vuelto propiamente al poder gubernamental desde que fue derrotado en 1996, exhibió esas mismas prácticas en sus gobiernos de 1966 a 1978 y de 1986 a 1996. Es más, el líder reformista comenzó a favorecer grupos y a permitir el enriquecimiento ilícito desde el Estado tan pronto ocupó interinamente la Presidencia de la República a raíz del ajusticiamiento del dictador Rafael Trujillo en 1961, en su afán por quedarse en el poder y dar forma a una tiranía propia a partir de la herencia del trujillismo.
El reformista se acostumbró tanto a las dádivas y las ventajas del poder, que al llegar a la oposición sin muchas esperanzas de recuperar el poder, se ha plegado a los deseos de peledeístas y perredeístas a cambio de una parte del pastel del poder: directiva de la Cámara de Diputados, cargos públicos, secretaría general de la Liga Municipal Dominicana, jueces en la Suprema Corte de Justicia, etc.
Pero el más perjudicado, el gran perdedor en todo esto ha sido el pueblo dominicano, que ha visto malearse más y más la práctica política nacional; que ha visto cómo los partidos y sus dirigentes dan la espalda a los ciudadanos una vez que han alcanzado el poder; que ha visto cómo se abusa del poder que el pueblo confiere en las urnas.
¿Quién tiene la ventaja para el 2004?
Si finalmente se reforma nuevamente la Constitución de la República se reducirá de 50 a 45 el porcentaje para ganar las elecciones en la primera vuelta, o una ventaja del 10% sobre el partido que quede en segundo lugar.
Aunque el PLD ha sido el partido que en principio más se opuso a esta posibilidad, antes del pacto firmado entre las tres principales organizaciones políticas en el Palacio Nacional, podría resultar la organización más beneficiada con este cambio.
El PLD tiene en el doctor Fernández Reyna al presidenciable más popular en estos momentos, según las encuestas políticas independientes, y sería un candidato que no necesita darse a conocer por su condición de ex presidente.
Con la apertura aprobada en su sexto congreso ordinario el PLD ha venido experimentando un crecimiento extraordinario, en todo el territorio nacional, pasando de ser un partido de cuadros y organismos tipo leninista a uno de masas, con arraigo popular.
De continuar su crecimiento, el PLD bien podría llegar a los comicios del 2004 con un porcentaje de votos potenciales que ronde el 40 por ciento o más.
El PRD, por su parte, si bien es cierto que sigue siendo el partido más grande, no es menos cierto que ha sufrido el desgaste consustancial al ejercicio del poder, sobre todo cuando se debe gobernar en medio de una crisis económica internacional.
Por primera ocasión en muchos años y meses, el PRD registró un una aceptación por debajo del 40% en la percepción de la gente en la encuesta Hamilton-HOY publicada en el pasado mes de agosto, al registrar sólo un 33%, contra un 26% del PLD y un 22% del PRSC.
El PRD tiene otro factor en su contra: su militancia, contraria a la peledeísta y la reformista, ha sido históricamente rebelde, contestataria hacia su propia dirigencia, y sabe expresar su disgusto con la abstención o con el voto de castigo.
En el PRD, además, las elecciones primarias o internas han sido tradicionalmente traumáticas, y las que deberán preceder a los comicios del 2004 podrían ser inusualmente reñidas, lo que dificultaría la cohesión de la organización en torno al candidato ganador.
Por el contrario, el PLD y el PRSC han pre escogido a sus candidatos presidenciales: Leonel Fernández y Joaquín Balaguer.
|
 |
|
|
|
|
|
VISITE LA WEB DE LOS PERIÓDICOS
|
Hoy | El Nacional
|
Revistas Nacionales, S. A. | Santo Domingo, República Dominicana | Todos los Derechos Reservados
|
|