15 de Octubre del 2001 • Edición número 1,224
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Los Guandules decidió garantizarse su futuro

Fue designado por ONAPLAN como el barrio más pobre de Santo Domingo y no se ha sentado a esperar que se cumplan las promesas


Por Pedro Canó

Como el fuego, la miseria quema, marca y deja su rastro malsano en la sociedad toda.

Entre el cinismo y la incapacidad manifiesta, entre el discurso cándido y la falta de voluntad, la efectiva erradicación de la pobreza no parece haber sido la prioridad de los cirujanos sociales que han conducido la acción desde el poder. No ha existido una acción mancomunada desde el Estado para alcanzar el cacareado objetivo sino que, por el contrario, el intento de lograr ciertas metas específicas –que suele quedarse en intento-- y el soslayo de las causas estructurales del mal han sesgado el esfuerzo oficial.

Para la generalidad de las empresas privadas, por su parte, estas labores no son problema sino objeto de caridad. No faltaba más.

En tal escenario, varias organizaciones comunitarias y juntas de moradores, asistidas por organizaciones de la sociedad civil e instituciones nacionales e internacionales de cooperación, han preparado una agenda de trabajo para el desarrollo de varios sectores de la ciudad.

Los Guandules, La Ciénaga, Canaán y Guachupita se cuentan entre las barriadas en que se han realizado consultas y exhaustivas pesquisas en torno a sus condiciones físicas y necesidades, a los fines de desarrollar planes para rescatar a los actores en este drama de carencias.

En esta entrega nos concentraremos en la Agenda de Trabajo para el Desarrollo Barrial correspondiente a Los Guandules, sector que comparte con Guachupita el espacio comprendido entre los puentes Francisco del Rosario Sánchez y Juan Pablo Duarte, a lo largo de la avenida que lleva el nombre del patricio fusilado en El Cercado.

LAS PRIORIDADES
La agenda para el desarrollo de Los Guandules ha identificado seis prioridades cuya solución debe integrar los esfuerzos del sector público, del privado, de las organizaciones internacionales, de la sociedad civil y de los propios moradores de una barriada que ya hoy debe rondar los 30,000 habitantes.

Un mercado de ubicación y condiciones físicas que contravienen toda norma o planteamiento urbanístico y de salubridad, que casi impide el tránsito por una avenida que constituye la vía idónea para movilizarse desde el Sur de la ciudad de Santo Domingo hasta la zona Este de la urbe; una escuela, que no existe, entre la avenida y el río; una política efectiva, basada en la realidad barrial, de combate a la delincuencia que impida caer en los excesos que conocemos; una urgente política de saneamiento ambiental; la solución, gradual pero efectiva, del problema de las viviendas, y una agresiva iniciativa de empleo articulada a todos los puntos anteriores son las metas que esta agenda identifica como prioritarias en tanto indispensables para el desarrollo de la barriada.

CÓMO VIVEN EN LOS GUANDULES
En tanto diagnóstico, las labores de diseño de la agenda contemplaron una componente de estudio de las condiciones y de la composición de la población que allí vive y muere día por día.

La densidad poblacional en el sector es bárbaramente alta. Hay un alto porcentaje de matrimonios en Los Guandules, con un nivel de estabilidad familiar bastante aceptable en comparación con la norma para quienes viven en tales condiciones.

La insuficiencia de planteles impide que alrededor de 2,000 niños asistan a la escuela cada año, por lo que los niveles de analfabetismo, ya escandalosos, se incrementan con el paso del tiempo. Así, el 17% de las mujeres y el 11% de los hombres mayores de 10 años son analfabetos.
La economía de los moradores de Los Guandules es inestable, irregular e informal, plantea el estudio. Los desempleados formales suman el 54% de la población adulta. La tasa de subempleo –chiripeo y labores mal pagadas de trabajo a destajo-- es alta, y el 49% recibe ingresos inferiores a los 2,000 pesos, mientras que el 20% recibe unos 1,000 pesos mensuales. Los empleados fijos no superan el 26%. Entre aquellos que trabajan por un salario hay una diferencia no menos que indignante entre lo que devengan las mujeres y lo que perciben los hombres, pues los mejores salarios son los de los últimos.

Como resultado de la combinación de baja escolaridad y necesidades materiales insatisfechas con reducidas oportunidades de empleo, el trabajo infantil es una herida abierta en el seno de la barriada que compromete el presente y el futuro de las familias que allí viven.

Por otro lado, el 48.3% de las viviendas del sector muestra la precariedad en que se desenvuelven sus habitantes. Cartón, materiales reciclados, zinc y latón son los materiales constitutivos de casi la mitad de las viviendas en Los Guandules.

La situación sanitaria es pobre. En el centro del barrio no hay ninguna conexión al servicio de agua potable. Cerca de la avenida, dos tuberías sirven para tomar el agua para miles de usuarios. El 40% de los moradores sufre de enfermedades intestinales, afecciones cutáneas y de las vías respiratorias. Como era de esperarse en tal ambiente de pobreza, los servicios de salud son precarios. Un solo subcentro de salud sirve a esta población.

Serios problemas de violencia caracterizan la vida de esta comunidad. Drogas, violencia familiar, una gama delictuosa rica en matices adorna la cotidianidad del barrio. Antes que contenerlo, la respuesta que da el Estado no logra sino acicatear el mal.

QUÉ PLANTEAN LOS MORADORES
La agenda de trabajo no sólo identifica los problemas, sino que integra una serie de propuestas de solución que asumen, simultáneamente, la intervención oficial desde las instancias municipal y nacional, la acción de las organizaciones de la sociedad civil y de los moradores.

El problema del mercado, por ejemplo, cuenta con avales nacionales e internacionales y, en tanto escapa a la posibilidad material de los pobladores, es el objeto de jornadas de protesta y de gestiones desde la comunidad hacia cada uno de los organismos pertinentes.

En cuanto toca a la violencia, la comunidad, asistida por organizaciones de la sociedad civil y, en su momento, por la Policía Nacional, se plantean –y llevan a cabo-- procesos de sensibilización de las familias y los grupos de moradores y se han establecido servicios de consulta en un Centro de Manejo de Conflictos.

Para abordar la problemática del estado de las viviendas, se ha iniciado un proceso de reconstrucción que, junto con el de saneamiento ambiental, convoca brazos del sector que trabajan con la asistencia técnica y material de organizaciones de la sociedad civil e instituciones de cooperación internacional, tomando en sus propias manos la satisfacción de sus necesidades.

Mientras, se prepara la creación de un centro de salud y orientación medio ambiental que permita realizar un trabajo integral de mejoría de la calidad de vida de los moradores.

Para reducir –porqué no, eliminar-- el índice de ausentismo escolar y analfabetismo, y contribuir con el objetivo de lograr una política de empleo sana y sostenible, se plantea la creación de un liceo técnico, con la colaboración del Estado, que permita sacar niños de las calles e incentivar el empleo de la mano de obra, así como la creación de puestos de trabajo desde la comunidad, en coordinación con un plan de asesoría y creación de un fondo de préstamos para incentivar la actividad productiva entre los moradores.

Hay, pues, una visión integral de los problemas desde la comunidad y se plantean respuestas razonables que, si bien han sido planteadas por los moradores, suponen la asistencia del Estado y las organizaciones, la empresa privada y el concurso de una comunidad que no pretende ignorar los sacrificios que impone la toma en sus manos de su propio destino.

HISTORIA DEL BARRIO
Cuando en el país era ley la voluntad de Rafael Leonidas Trujillo se fundó lo que hoy conocemos como Ensanche Luperón, en los terrenos que correspondían al antiguo barrio llamado Faria. La erección de las casas del Luperón exigió el desalojo de quienes allí moraban. Tales procesos de desalojo trajeron consigo un engrosamiento de las poblaciones que habitaban en la periferia de la ciudad y que se fueron arrimando al curso de los ríos que rodean y cruzan la ciudad de Santo Domingo.

Para los fines del desalojo y posterior asentamiento, Trujillo declaró de utilidad pública esas tierras, que eran propiedad de la familia Vicini. El conflicto por la propiedad de los terrenos sigue abierto hoy, a 50 años de aquellos hechos.

Es así, en esos momentos y circunstancias, cuando se inicia la historia de Los Guandules.

El nombre del barrio le viene a causa de la cantidad de malezas, hierbas y matas de guandules.

Ya en la década de los sesenta había unas 30 familias viviendo en el sector. Luego de la agitación de los doce años, que aglutinó a amplios contingentes de los sectores marginados en las luchas de oposición al gobierno de Joaquín Balaguer, las organizaciones comunitarias se desintegraron, pero ante el asedio del nuevo gobierno de Balaguer, en el 1990, se reactivaron y siguen activas a la fecha. La comunidad es hoy dinámica y compacta.

EL PROBLEMA DEL MERCADO
El mercado de Los Guandules funciona sobre las aceras, prácticamente sobre la propia avenida Francisco del Rosario Sánchez, desde hace veinte años sin que hasta hoy se haya satisfecho el reclamo de reubicación que desde hace tiempo exige la comunidad.

Félix Antonio Alejo, presidente de la Asociación de Mercaderes del Mercado de Los Guandules, piensa que quizás el día que ocurra una desgracia el Gobierno reaccione. Hasta el momento no han obtenido más que promesas complacientes.

Mientras habla, crece su indignación. “Hubo hasta maquetas a partir del 1994, y un financiamiento de la Comunidad Europea de más de un millón de dólares, pero el dinero se usó en otras obras –ni siquiera para esta comunidad- y se echó el nuevo mercado en el saco del olvido”.

El del mercado es un problema de coyuntura, opina Natalio Manzueta, presidente de la Junta de Vecinos Arzobispo Meriño. “Hay otros problemas, como los de vivienda, propiedad de la tierra, saneamiento ambiental o empleo y educación, que son determinantes para sacar de la situación a la población de Los Guandules, y esos, a diferencia del problema del mercado, no se resuelven con un plumazo”. Integrándose a una vieja discución, Manzueta entiende que la salida de la pobreza se encuentra en la educación y, en su opinión, junto con los problemas de saneamiento éste es el elemento principal del pastel de necesidades de los moradores. Las organizaciones han desarrollado planes y han propuesto a las autoridades programas para el desarrollo sostenible de la comunidad, pues, dice Manzueta, “no nos cruzamos de brazos”.

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