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Manuel Simó
Un artista de vanguardia
Por Antonio Gómez Sotolongo
El pasado 14 de septiembre se cumplieron trece años de la desaparición física del Maestro Manuel Simó, una de las más importantes personalidades de la vida musical dominicana durante la segunda mitad del siglo XX. Director de orquesta, compositor y profesor, tuvo la luz suficiente como para entender con claridad el significado de las rupturas estéticas que se produjeron durante la centuria, el valor de las tendencias y de lo necesario que es para un artista estar al tanto de lo que producen los creadores en todas partes del mundo. Poseedor de una vasta cultura musical, promovió lo nuevo y lo mejor en música hasta donde le alcanzaban sus fuerzas. Así fue que tanto entre sus discípulos como en la Orquesta Sinfónica Nacional de República Dominicana promovió las vanguardias.
Manuel Simó nació el 30 de junio de 1916, en San Francisco de Macorís, y fue su madre quien lo inició en la música, fue ella quien lo estimuló para que ingresara en la Academia del pueblo, donde a muy temprana edad asistió a las clases de Rafael Pimentel y Oguis Negrette, quienes le enseñaron solfeo y teoría.
Allá en San Francisco de Macorís integró la Banda Municipal de Música, hasta que se trasladó a la ciudad de Santo Domingo, donde ingresó en la Banda del Ejército, que por entonces dirigía el Maestro José Dolores Cerón, quien se convertiría en alguien muy importante para su vida futura, puesto que fue el Maestro Cerón el primero en descubrir las dotes del joven Simó, y quien le inició en la dirección orquestal.
Para 1941, fecha en la que se fundó la Orquesta Sinfónica Nacional, Manuel Simó ya era alumno de dirección del Maestro Casal Chapí, quien fuera el primer Director Titular de la institución y con quien trabajó como músico de atril en la sección de percusión y en el corno inglés.
A finales de la década del cuarenta el gobierno dominicano le otorgó al joven Manuel una beca para estudiar en el Conservatorio Kolisher, de Montevideo, donde continuó sus estudios con el Maestro Casal Chapí, quien, al terminar su contrato en Santo Domingo, fue a radicarse al país suramericano. Simó se graduó del prestigioso centro de enseñanza musical y, al regresar a su patria, fue nombrado en el cargo de director del Conservatorio Nacional de Música, institución en la que también fue profesor de composición durante varios años.
Su catálogo de obras compuestas es extenso y poco conocido. De él algunos autores mencionan la Pastoral, en La menor para pequeña orquesta; Obertura, en Fa mayor para gran orquesta; y la Cantata, para cuarteto de solistas, gran coro y orquesta, esta última resultó ganadora del gran Concurso Centenario en 1944. Simó escribió también sinfonías, sonatas para violín y piano, cuartetos para cuerdas y un cuarteto para instrumentos de viento con guitarra.
En 1952 ocupó la dirección de la Orquesta Sinfónica Nacional de forma interina, poco después la subdirección, y en 1959 fue nombrado como Titular, cargo que ocupó hasta 1981, fecha en la que le designaron Compositor Emérito.
Durante su paso por la institución el Maestro Manuel Simó se convirtió en el más ferviente divulgador de la música del siglo XX, y se esforzó por enriquecer el repertorio clásico de la orquesta. Incorporó a sus programas gran cantidad de obras, entre ellas El Teniente Kije, Pedro y el Lobo, la Suite No. 1 del Ballet La Cenicienta, y la Sinfonía Clásica, de Serguei Prokofiev; El pájaro de fuego, y La Sinfonía de los Salmos, de Igor Stravinsky; la Sinfonía No. 5, para orquesta de arcos, de Carlos Chávez; Istar, de Vicente DIndy; Don Juan, y Las aventuras de Till, de Richard Strauss; Sensemayá, y Homenaje a García Lorca, de Silvestre Revueltas. Entre las muchas obras que estrenó en el país el Maestro Simó se cuentan, Tocata y fuga, en Re menor, Bach-Stokowsky; Sinfonía No. 4, Op. 3, de J. Ch. Bach; Soirees Musicales, de Britten; Septimino, Op. 20, de Beethoven; Gymnospedies, de Eric Satie; la Sinfonía No. 2 en Re Mayor, de Jean Sibelius; el Concierto No. 2, para flauta y orquesta de arcos, de Naudot; la suite San Pablo, de Holst; y la Sinfonía No. 5, de Dimitri Shostakovich. Pero además, el Maestro Manuel Simó fue un activo promotor de los compositores nacionales y siempre alternó en sus programas obras de Manuel Marino Miniño, Juan Francisco García y Enrique Mejía Arredondo, entre otros.
Más de dos lustros pasaron desde que el Maestro Simó se fue; sin embargo, su huella está bien marcada, su nombre está en la historia musical dominicana.
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