8 de Octubre del 2001 • Edición número 1,223
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Sobre el veleidoso y relativo
poder de la prensa



Por Jacinto Gimbernard Pellerano

Bueno. En realidad no se trata sólo de la prensa, sino de la publicidad, de los intereses, ideas y propósitos que se divulgan masivamente por cualquier medio. Trátase de periódicos y revistas, radio, televisión, carteles bellamente elaborados o burdos graffiti.

Recientemente diecisiete notables instituciones nacionales: la Fun-dación Institucionalidad y Justicia (FINJUS), la Asociación Dominicana de Abogados Empresariales (ADAE), la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE), Participación Ciudadana, el Centro Dominicano de Asesoría e Investigaciones Legales, la Asociación para el Desarrollo, la Asociación de Industrias, las Cámaras de Comercio de Santo Domingo, Santiago y la región Norte, así como la Asociación de Empresas Industriales de Herrera, llevaron a cabo una formidable campaña sustentada por su honrosa "Coalición por una Justicia Independiente".

No se escatimaron recursos ni se descuidaron medios divulgadores de los altos ideales -conmovedores en su nobleza- de estos importantísimos grupos de buenos dominicanos.

Pero la extendida publicidad de sus patrióticos empeños, muy costosa y bien estructurada, no pudo horadar ni causar una raspadura a los intereses de la política.

La pública comunicación de estos patriotas altruistas al Presidente Mejía, fechada 7 de septiembre, felicitando al primer mandatario por disposiciones manifestadas hasta el momento en torno a la elección de los tres jueces faltantes de la Suprema Corte de Justicia, culminó en honda frustracción. Las sesiones para la elección de los altos jueces sería televisada y el pueblo podría presenciar la venerable función del Consejo Nacional de la Magistratura, en lo que se suponía una primera depuración de aspirantes.

Seis días después, el 13 de septiembre, tuvo lugar un increíble espectáculo en el Palacio Nacional, encabezado por el señor Presidente y el Honorable Consejo de la Magistratura. Se desconoce cómo un listado de 167 aspirantes fue reducido a 25 en secreta preselección. Lo que siguió, debidamente televisado, fue un espectáculo penoso, degradante, propio de escuela primaria, o tal vez de un alucinante concurso de belleza, cuando las preguntas absurdas resuenan y son sumisamente respondidas -imagino que en un asombro- sin que nadie se interese sino en la atractiva feminidad del cuerpo que responde.

En los concursos de belleza uno sabe cómo son las cosas y, en lugar de escuchar con atención respuestas cultas o brillantes, se limita a observar bellas curvas, protuberancias y encantadores rostros irradiando juventud y desenfado.

Pero no es lo mismo en este espectáculo.
Uno espera presenciar honradez, talento y capacidad. Se había enfatizado que serían excluidos los aspirantes que fuesen dirigentes de partidos políticos, que hayan realizado actividades político-partidistas o proselitistas en el pasado reciente o profesen una lealtad públicamente reconocida a líderes partidistas.

Los tres jueces elegidos y juramentados para la Suprema Corte de Justicia corresponden a intereses de balance político.

Como sucede con la energía eléctrica, hay tres elementos actuantes: positivo, negativo y neutro.

Bien está para la electricidad, pero doloroso espectáculo es constatar que en la severa y venerable Suprema Corte de Justicia está vigente la sumisión a la política, al juego de intereses.

He de confesar que, premunido, advertido y escamado por los muchos manejos sucios de la política, tenía gran desconfianza en la honorable limpieza de esta elección. Como soy un optimista irreductible esperaba con disparatada ansiedad y miedo lo que iba a hacer la Suprema Corte en esta elección.

Lo que hizo fue doblegarse a malas fuerzas. Como escribió Mu-Kien Sang: "No podría creer cuando escuchaba al presidente de la Suprema Corte de Justicia justificar el acto tragicómico que organizó y ejecutó el Consejo Nacional de la Magistratura" (Hoy, Areíto, 23 de septiembre, 2001).

Me viene a la mente Jesús: "Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen".

Pero ellos creen que saben.

Pero no saben. Se han robado la última esperanza de dignidades y patriotismos insobornables. Insobornables por unas u otras razones. Y se pregunta uno sobre la prensa.

¿Cuarto poder?

¿Aun cuando no coincida con la superestructura de poderosos intereses políticos, de arriba o de abajo?


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