8 de Octubre del 2001 • Edición número 1,223
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UNA GRAN PARADOJA
Los alimentos escasean donde son producidos

La FAO advierte que los pobres de RD tienen dificultades para acceder a los alimentos por los pocos ingresos y por la inexistencia de canales adecuados de comercialización



Por Santiago Estrella Veloz

Un viajero se detiene en una pulpería ubicada en una zona agrícola y pide cinco libras de yuca y algunos vegetales, que supone adquirirá a mejor precio que en la ciudad. “No hay, señor”, le dice un desalentado pulpero, “se lo llevaron todo para la ciudad”.

Este caso ilustra uno de los tantos problemas del sector agropecuario --que repunta en la actual administración— el cual tradicionalmente ha sido marginado de las grandes inversiones, tanto estatales como privadas. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que da seguimiento a todo lo relacionado con la agropecuaria a nivel mundial, advirtió recientemente que en el país resulta paradójico que donde se producen los alimentos es donde hay más dificultades para adquirirlos.

La FAO dice que no hay canales formales de distribución de los alimentos en la zona rural, donde la gente que vive en los parajes altos tiene que bajar a buscarlos a las ciudades más cercanas.

Otro problema planteado por la FAO es que la población pobre no tiene acceso físico y económico a los productos alimenticios, debido a la falta de ingresos de las familias y también por la inexistencia de canales adecuados de distribución.

En ese sentido, sugiere que para luchar contra ese problema hay que ofrecer a las familias pobres “oportunidades y empleos”, tarea que correspondería tanto al Gobierno como al sector privado, para que se generen ingresos y se pueda acceder a los alimentos.

La FAO considera que en el país “no existen problemas de producción de alimentos”, sino una serie de dificultades que impiden que la población muy pobre los adquiera, lo que podría lograrse si los productos agrícolas tuvieran un valor agregado que beneficiará más a los pobladores de la zona rural.

Un ejemplo sería que los campesinos participen en la cadena de comercialización o en la transformación de los productos, ya sea seleccionándolos o empacándolos. Esa actividad generaría empleos y, en consecuencia, habría dinero para comprarlos en las mismas zonas de producción o en las propias ciudades.

La misma FAO, al comentar el estado mundial de la agricultura y la alimentación durante el año pasado, sostiene que “la falta de coordinación entre los mercados, los gobiernos y las instituciones locales obstruye las vías para escapar de la pobreza”.

“Las deficiencias en esos tres niveles están muchas veces mutualmente conectados”, dice. “Las disfunciones del mercado de crédito, por ejemplo, son fundamentales para llegar a comprender el origen y la perpetuación de la pobreza, pero los intentos de corregirlas con diversos programas de subvención al crédito en los países pobres han sufrido los efectos de graves deficiencias políticas y de gobierno.

EL CRÉDITO RURAL
La FAO hace mención además del decepcionante historial de los programas subvencionados de crédito rural en América Latina, donde los prestatarios (y empresarios) menos necesitados muchas veces acaparan las subvenciones al crédito destinadas a los pobres”.

“El crédito administrado mediante organismos gubernamentales o para-estatales debilita los incentivos a invertir sabiamente o a efectuar los desembolsos con puntualidad”, plantea el organismo mundial.

Esa afirmación podría aplicarse al Banco Agrícola dominicano, que cada vez que surge un nuevo gobierno condona deudas a los agricultores por razones políticas, lo que mantiene la institución siempre al borde del colapso.

Esas y otras razones quizás expliquen porqué la actual administración encontró una escasa disponibilidad de efectivo en caja en el Banco Agrícola (unos $15.4 millones de pesos) para atender los compromisos de desembolsos por préstamos otorgados y otras obligaciones de la institución.

Encontró, además, compromisos por deudas con instituciones públicas y proveedores del orden de los 1,142 millones de pesos y cuentas por cobrar a instituciones públicas por 1,074 millones de pesos.

Se trata de un verdadero problema, por cuanto el Banco Agrícola es la principal fuente de crédito agropecuario y la mayor parte de su cartera la dedica a financiar la agricultura.

Es cierto que hay una abundancia de productos agropecuarios, a tal punto que los precios han disminuido drásticamente, situación que desanima a los productores. Si por ese motivo un agricultor fracasa, ¿cómo se animará a sembrar el próximo ano?

El gobierno del presidente Hipólito Mejía tiene por respuesta que le ha estado comprando la mayor parte de las cosechas a los agricultores, a precios que les permiten a éstos obtener ganancias, para venderlas a los pobres a precios populares.

El gobierno también cita como uno de sus logros el establecimiento de 1,163 mercados de productores, que en el primer año beneficiaron a 29,000 agricultores.

El movimiento económico generado por esas compras y ventas durante el período del 16 de agosto del 2000 al 16 de agosto del 2001 ascendió a 1,310 millones de pesos, mientras la población logró un ahorro de más de 458 millones.

Un vistazo a las estadísticas de producción da cuenta de que aumentaron significativamente rubros agropecuarios como arroz, plátanos, yuca, ñame, yautía, azúcar, cacao, papas, cebollas, habichuelas, leche, carne, vegetales y otros de gran demanda popular.

Se han limitado las importaciones de productos que se producen en el país, aunque un informe del gobierno da cuenta de que, a pesar de que la producción de habichuelas alcanzó el año pasado un volumen de 397,000 quintales y en lo que va de año se han producido 561,000 quintales, “será necesario realizar algunas importaciones de ese rubro”.

Las habichuelas constituyen la partida más importante de la canasta familiar dominicana. En el país se consumen un millón 200 mil quintales de habichuelas al año.

Las actuales autoridades enarbolan como un logro “un proceso de recuperación del aparato productivo, mediante un flujo sostenido de inversión y del esfuerzo sistemático de coordinación y modernización institucional, que se sintetiza en una agricultura con un crecimiento vigoroso y una abundancia de productos agropecuarios”.

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