1 de Octubre del 2001 • Edición número 1,222
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La propuesta del Presidente Mejía
La prohibición de la reelección y el desarrollo político dominicano




Por Gustavo Olivo Peña

El presidente Hipólito Mejía ha propuesto que en las reformas proyectadas para la Constitución de la República se incluya la prohibición de la reelección definitiva, es decir que ningún ciudadano que se convierta en mandatario pueda desde el gobierno ni una vez que lo haya dejado volver a ser candidato presidencial.

Al ser anunciada por el Presidente Mejía en momentos en que las relaciones de su gobierno con el líder del Partido de la Liberación Dominicana, doctor Leonel Fernández Reyna, estaban dominadas por la tirantez, dio lugar a que se interpretara como un intento por cerrarle el camino al ex mandatario peledeísta de retornar al poder en el 2004.

Y si el doctor Fernández Reyna aspira a retornar al gobierno en las próximas elecciones presidenciales (los peledeístas dan como un hecho que ya es el candidato del Partido de la Liberación Dominicana y que ganará sin ningún inconveniente los comicios), no hay que olvidar que el doctor Joaquín Balaguer es aclamado por sus más fervientes seguidores como el seguro candidato presidencial del Partido Reformista Social Cristiano.

Al margen de lo oportunista e interesada que pueda resultar una propuesta formal de prohibir que los presidentes y ex presidentes puedan aspirar de nuevo a gobernantes, lo cierto es que se trata de una cuestión importante, que debe ser debatida sin prejuicios y con profundidad.

POSIBLES EFECTOS POSITIVOS
Si un Presidente sabe que no podrá aspirar jamás a gobernar de nuevo el país:

1- Trataría de hacer un gobierno lo más eficiente posible para no quedar mal ante la historia y al mismo tiempo permitir que su partido, con otro candidato, pueda retener el poder.

2- Se cuidaría mucho de que no permitir corrupción entre sus funcionarios, porque no tendría que pensar en fomentar el nacimiento de nuevos ricos que le apoyarían en un futuro proyecto político personal.

3- Tendría muy presente que al concluir su carrera presidencial con un solo mandato no tendría la protección que suele ofrecer a los ex presidentes el miedo de sus competidores a un posible retorno al poder que se torne en retaliación. Por tanto, sería menos traumático que se le lleve a la justicia en caso de que se sospeche que apoyó, permitió o participó de hechos de corrupción y otros delitos.

4- Dentro de su partido no se convertiría en un freno a las legítimas y saludables aspiraciones presidenciales de otros líderes, lo que dinamizaría y democratizaría la vida de los partidos, dando lugar a la muerte definitiva del mesianismo y el caudillismo.

CONTINUISMO PERSONALISTA
Analizadas las cosas con la mesura que demandan los asuntos políticos, hay que convenir en que, a la larga, la prohibición de la reelección para presidentes y ex presidentes vendría a ser altamente beneficiosa para el desarrollo político nacional.

El continuismo ha sido definido por la mayoría de los tratadistas de las ciencias políticas como el afán de prolongar una modalidad de gobierno, una política oficial, sin importar que cambie la persona que detenta el poder gubernamental. Sobre este tema ofrece una explicación clara el doctor Rodrigo Borja en su ya fundamental Enciclopedia de la Política.

Sin embargo, en la República Dominicana el continuismo está asociado casi exclusivamente al afán de los presidentes de pretender permanecer al frente del Poder Ejecutivo por más de un período constitucional mediante la reelección.

Y ha sido este continuismo personalista el que más ha contribuido al atraso institucional del país, a la pobreza del debate político y al anquilosamiento de los partidos políticos dominicanos.

El afán continuista del presidente Horacio Vásquez y sus seguidores, a finales de los años veinte, ha sido señalado como una de las razones fundamentales en la gestación de la cruenta dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina (1930-1961).

El continuismo personalista hizo de los gobiernos del doctor Joaquín Balaguer, tanto en los años de 1966 a 1978, como en los de 1986 a 1996, un reinado de la corrupción y los asesinatos políticos.

Incluso el Partido Revolucionario Dominicano, que históricamente ha rechazado la reelección y el continuismo personalista, ha tenido mandatarios que han sido tentados por sus más cercanos seguidores para que se lancen a buscar la reelección.

En el gobierno de Antonio Guzmán Fernández surgió un grupo de sus seguidores denominado Movimiento de Amigos del Presidente Antonio Guzmán (MAPAG), que promovía abiertamente la reelección del mandatario. No fue sino casi al final de su gestión cuando el Presidente Guzmán Fernández declaró públicamente que no aspiraría a un nuevo mandato y que apoyaba las aspiraciones del entonces vice presidente Jacobo Majluta.

En el caso del presidente Salvador Jorge Blanco fue menos notoria la manifestación de los grupos reeleccionistas, aunque los hubo. El doctor Jorge Blanco apoyó las aspiraciones del doctor José Francisco Peña Gómez, entonces secretario general del PRD y síndico del Distrito Nacional.

El continuismo personalista, no importa que se trate de una sola reelección, tiende a ser pernicioso por muchas razones:

1- Porque en un país de normas institucionales tan débiles como la República Dominicana se suele hacer uso de los recursos del Estado en favor de la causa reeleccionista.

2- Porque dentro del propio partido gobernante se maltrata, aisla y se cierra el paso a los funcionarios y dirigentes que no se identifican con la causa reeleccionista y el grupo de seguidores personales del mandatario.

3- Porque incentiva el enriquecimiento ilícito de funcionarios y dirigentes que tienden a conformar una plataforma de apoyo político y económico en favor del mandatario para la búsqueda de la reelección inmediata o para un posible retorno desde la oposición.

4- Y porque malea excesivamente las relaciones del gobierno con las bases del partido oficial y con los sectores más pobres de la sociedad, mediante las dádivas y sobornos que buscan neutralizar cualquier intento de protestas populares, además de comprar votos.

EFECTO INTERNO
Si la reelección y el continuismo personalista han sido negativos para el Estado y la sociedad, mucho peor han sido sus efectos para el desarrollo de los partidos políticos.

En los partidos políticos las posibilidades de reelección alientan que grupos seguidores de líderes mesiánicos se apropien de los organismos de dirección, cerrando el paso a los demás, y castrando las posibilidades de desarrollo de nuevos liderazgos e ideas.

El mejor ejemplo de este mal ha sido el Partido Reformista Social Cristiano, en el cual el doctor Balaguer y sus incondicionales han tronchado la carrera política a cientos de dirigentes que en principio mostraban condiciones de excepción para convertirse en candidatos con altas posibilidades de ganar las elecciones.

Desde Francisco Augusto Lora hasta Jacinto Peynado, pasando por Carlos Rafael Goico Morales, Julio César Castaño Espaillat, Carlos Morales Troncoso, Víctor Gómez Bergés, Guillermo Caram, Caonabo Javier Castillo, Federico (Quique) Antún Batlle, entre otros, han visto en gran medida desgastadas sus carreras políticas por el continuismo personalista de Balaguer y sus incondicionales.

El liderazgo personalista de Balaguer ha preferido que el PRSC se disminuya y camine hacia su desaparición antes que permitir, alentar y apoyar que otros dirigentes conduzcan al partido, y que Balaguer se retire definitivamente de la vida política activa.

En el PRD, que ha sido el menos dado al continuismo reeleccionista, la permanencia de dos liderazgos mesiánicos tan fuertes como el de Juan Bosch (de 1939 a 1973) y el de José Francisco Peña Gómez (de 1973 a 1998), aunque no tronchó el surgimiento de otros liderazgos, impidió que prevalecieran los reglamentos y la institucionalidad sobre los mandatos y hasta caprichos personales de los líderes, sobre todo en momentos de crisis.

En el PLD, que superó con éxito la salida de Bosch de la política activa en 1994, ha retrocedido en su intento de contar con un efectivo liderazgo colegiado para dar paso a un nuevo líder mesiánico en la persona del doctor Leonel Fernández Reyna.

De pronto el Partido de la Liberación Dominicana, que contaba con decenas de cuadros políticos de larga experiencia y con jóvenes formados para asumir la política como un servicio público, ha sufrido una especie de fijación en torno a la persona del doctor Fernández Reyna.

Resulta increíble observar en los peledeístas el comportamiento que durante cuarenta años correspondió casi de manera exclusiva a los reformistas: actuar, pensar y hablar como si su partido y el país dependiesen exclusivamente de quien es su líder único e indiscutido, en este caso el ex presidente Fernández Reyna.

De pronto han quedado opacadas figuras tan importantes en el peledeísmo como el Euclides Gutiérrez Félix, Ramón Andrés Blanco Fernández, Rafael Kasse Acta, Rafael Alburquerque, Norge Botello, Ramón Fadul, Julián y Rafael Serulle, Ramón Ventura Camejo, Jaime David Fernández Mirabal, Danilo Medina, Félix Jiménez (Felucho) y Franklin Almeyda Rancier, entre otros.

Por estas razones, aunque ahora no se pueda ver con claridad, la prohibición definitiva de que un Presidente pueda retornar al poder, tendría a ser altamente positiva para la República Dominicana.


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