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La doble cara de la diplomacia haitiana
Haití siempre se ha opuesto a un acuerdo migratorio con República Dominicana porquele interesa limitar el flujo de migrantes haitianos

Por Santiago Estrella Veloz
Haití sigue sirviéndose con la cuchara grande. Su aguda diplomacia, formal y soterrada, continúa a la ofensiva en sus propósitos de lograr que la República Dominicana acepte sin chistar la pesada carga que significa la creciente migración irregular de haitianos hacia su territorio.
Haití y sus amigos no pierden la más mínima oportunidad para crear conflictos a la República Dominicana, acusándola de todas las penurias de los haitianos que viven en el país. Es como si quisieran rendir al país por cansancio.
El objeto de esas denuncias es lograr que nada se hable de la creciente ola migratoria, con todas las consecuencias que de ella se derivan --como por ejemplo aumentar la demanda de viviendas, escuelas, hospitales y servicios, de por sí precarios para los dominicanos. Pero aún más, buscan evitar que esa ola migratoria se extienda hacia los Estados Unidos, Francia o Canadá, países de preferencia para muchos haitianos, sin excluir a la República Dominicana, a donde les resulta más fácil llegar.
Una vez instalados en el país, los inmigrantes haitianos forman familias cuyos hijos, en virtud del artículo 11 de la Constitución, son dominicanos (aunque experimentados juristas dicen que una situación de ilegalidad no puede originar un derecho legal). Esto es aparte de que Haití reclama, sólo cuando le conviene, que en virtud de su Constitución son ciudadanos haitianos, porque no reconoce la doble nacionalidad.
Haití y sus amigos no vacilan en aprovecharse de cualquier coyuntura para condenar a la República Dominicana, bajo el supuesto de que los haitianos son esclavizados y de que el uso de la mano de obra haitiana está acompañado de una ideología xenonófica y racista. Una declaración de ese tipo, que incluía otras acusaciones, fue la que puso a circular el Movimiento de Mujeres Dominico_Haitianas (MUDHA) en la reciente Conferencia Mundial contra el Racismo, celebrada en Durban, Sudáfica.
Simultáneamente, el ministro de Interior de Haití, Henri Claude Menard, lanza la grave acusación de que unos 300 ex militares haitianos se entrenan en la República Dominicana con miras a un supuesto complot contra el gobierno de Jean Bertrand Aristide.
Las Fuerzas Armadas dominicanas, como es natural, calificaron de totalmente falso el informe de Menard, al tiempo que dijeron que no permitirán que se utilice el territorio nacional para preparar agresiones que comprometan la defensa y la seguridad de naciones hermanas.
Sin embargo, la Cancillería dominicana hasta el momento de redactar esta nota no había dicho esta boca es mía respecto a las afirmaciones de Menard, que no son más que una cortina de humo para distraer la atención pública y ocultar los graves problemas de Haití, donde tradicionalmente los gobernantes piensan en francés para pisotear al pueblo, como en los mejores tiempos de la Colonia.
¿Quién va a creer que es posible mantener en secreto, en un país donde todo se sabe, el entrenamiento militar de 300 personas, principalmente si son extranjeras? Eso no cabe en una mente más o menos lúcida y enterada de cómo funcionan las cosas en la República Dominicana, donde el chivateo es norma y casi nadie puede guardar un secreto.
LA DENUNCIA DEL MUDHA
En cuanto a la denuncia en la conferencia de Sudáfrica, el MUDHA trató de aclarar que no presentó en Durban ningún informe acusando al país de discriminar a los haitianos. Pero lo filtró a la prensa, en este caso a una agencia alemana. A pesar de que ahora el MUDHA lo niega, el mismo documento plantea que las mujeres dominico-haitianas sufren una discriminación cuádruple, por ser pobres, mujeres negras y de ascendencia haitiana.
Es como quien dice: No dije que es un explotador malvado, sino que ese malvado nos explota.
Pero el Gobierno dominicano calla, mientras los voceros haitianos siguen en las suyas, siempre diciendo que quienes no les hacen coro son racistas antihaitianos, lo que rememora la década de 1960, cuando a los que no eran comunistas se les acusada de reaccionarios pro-imperialistas. El tiempo se encargó, tempranamente por cierto, de demostrar quiénes eran y siguen siendo los reaccionarios y pro-imperialistas.
En cuanto al debate sobre la migración haitiana, tanto masculina como femenina, esa es una prueba de lo que se llama manipulación, con una retórica de rosca izquierda acostumbrada a denunciar y luego a hacer aclaraciones, mientras la opinión pública se queda con la falsa creencia de que lo que afirman es absolutamente cierto.
Sin embargo, en el caso de que fuera así, las mujeres pobres dominicanas, negras o blancas, sufren las mismas penurias derivadas del subdesarrollo, marginándoseles de la toma de decisiones por carecer de verdaderas organizaciones que las representen. Los mismos trabajadores dominicanos son burlados con artificios mañosos para pagarles el mínimo o para reducirles sus compensaciones en caso de despido, como por ejemplo no reconociéndoles las horas extras en determinados trabajos, o pagándoles un jornal legal y un completivo que no figura para fines de liquidación en caso de término unilateral del contrato de trabajo. Si ninguno se queja, sea haitiano o dominicano, ese problema no puede considerarse como un ejemplo general de las relaciones obrero-patronales.
El MUDHA se quejó de que el limitado acceso a la educación y la falta de documentación de las inmigrantes haitianas y las dominicanas de ascendencia haitiana, junto al racismo y el antihaitianismo, las colocan en clara desventaja frente a las dominicanas.
Uno se pregunta si la República Dominicana es la que tiene la culpa de que esas mujeres inmigrantes carezcan de documentos, porque en Haití no se los expide su propio gobierno.
El 19 de junio de 1998, en un Memorándum de Entendimiento para Asuntos Migratorios, se consignó la expedición de documentos de identidad y documentos de viaje a sus nacionales por parte de las autoridades de cada país (Haití y la República Dominicana), dentro del contexto del potencial flujo migratorio de esas personas a través de la frontera entre los dos países.
Los dominicanos siempre han tenido documentos de identidad. ¿Entrega Haití documentos de identidad a sus nacionales? La respuesta es no, excepto que sean diplomáticos o funcionarios del gobierno.
Sin hacer mención de que en el país se atienden a miles de parturientas haitianas en hospitales públicos, a donde llegan directamente de Haití con el exclusivo propósito de parir, el MUDHA exige que se les reconozca el derecho a la salud, como si en los hospitales se les negara atención médica a las mujeres haitianas.
El MUDHA sostiene que el Estado dominicano viola la Constitución y los acuerdos internacionales de que es signatario al negarle a los hijos de haitianos nacidos en el país la nacionalidad.
Uno se pregunta si no sería invadir una jurisdicción haitiana si eso sucede, puesto que la Constitución de Haití, como se dijo, no reconoce que los haitianos nacidos en el extranjero asuman otras nacionalidades. La única que prevalece es la de Haití, y mal podría la República Dominicana tratar de oponerse a una decisión libre y soberana de su vecino. Pero la Cancillería dominicana nada habla de esto. Sólo los haitianos y sus amigos llevan la voz cantante en sus denuncias contra los dominicanos.
NO EXISTE UN ACUERDO MIGRATORIO
Entre el 26 de julio de 1867 y el 23 de febrero de 2000, Haití y la República Dominicana han firmado 20 Tratados, Acuerdos, Convenios y Protocolos oficiales, sin que en ninguno de ellos se haya formalizado uno de carácter migratorio.
La pregunta que surge es por qué. La respuesta es: porque Haití siempre se ha opuesto a un acuerdo de ese tipo, en vista de que sus autoridades saben que si se pusieran en práctica estrictas regulaciones migratorias se limitaría considerablemente el flujo de migrantes haitianos.
Sus autoridades están conscientes de que mientras más haitianos descontentos haya en Haití, por la ineptitud de sus gobernantes en crear y fortalecer un régimen democrático en el que imperen la libertad y la justicia social, más posibilidades existen de un estallido violento. La República Dominicana, en ese caso, es la válvula de escape más viable para evitar la presión.
Los que tratan de desacreditar a quienes dicen que la migración haitiana constituye la amenaza principal a la identidad nacional y cultural actúan igual que los haitianos.
¿Cómo se califica el odio de los haitianos contra sus propios nacionales mulatos o contra los blancos, que son una minoría étnica? ¿Es que el racismo sólo es la expresión negativa contra el negro? ¿Cuál es la diferencia entre el odio de los blancos hacia los negros y del odio de los negros hacia los blancos? ¿O es que el odio puede ser bueno o malo dependiendo de quien lo aplique?
Los que acusan de intolerancia a los dominicanos son los mismos que callan frente a la intolerancia prevaleciente en Haití, donde los que reclaman respeto son asesinados o encarcelados, no como ocurre aquí, donde se les acoge y se les ofrecen garantías de las cuales muchas veces abusan, al extremo de morder la mano que les da de comer. Mientras eso ocurre, Haití sigue su ofensiva diplomática, sirviéndose con la cuchara grande.
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