24 de Septiembre de 2001 • Edición número 1,221
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Guillermo Moreno
Partidarización de la Justicia


Una tomadura de pelo resultó la sesión del Consejo Nacional de la Magistratura del pasado jueves 13, en la que se eligieron los tres jueces faltantes de la Suprema Corte de Justicia.

De esa reunión lo bochornoso no es que sus resultados fueran el fruto de un pacto político, sino la capacidad mostrada para simular y mentir.

¿Con qué derecho se puso a hacer el ridículo a decenas de prestigiosos juristas y a jueces honorables, dejándolos participar en un concurso previamente arreglado? ¿Cómo es posible que las más encumbradas autoridades de la nación afirmen, sin el mayor sonrojo, que se trató de un proceso transparente y participativo, cuando es evidente que se trató de una falsa selección? ¿No hubiera sido preferible evitar el simulacro y simplemente, luego del almuerzo del miércoles, comunicarle al país el acuerdo arribado por los sectores integrantes del Consejo?
Para nadie fue sorpresa que las representaciones políticas del Consejo impusieran como jueces de la Suprema Corte a abogados con lealtades partidarias a las que se deben.

Lo que sí llenó de asombro fue ver a los jueces de la Suprema, miembros del Consejo, sometidos a la lógica de esos partidos políticos, favoreciendo con su voto a dos candidatos con procedencia y lealtades políticas bien definidas.

A los jueces de la Suprema, precisamente en ese escenario, les correspondía reiterarle al país las razones de porqué las tres vacantes debían ser llenadas por jueces de carrera, y los perjuicios que traería a la reforma judicial designar como jueces a dirigentes políticos. Si las circunstancias no permitían hablar, lo menos que se esperaba de ellos era que expresamente se abstuvieran de votar por esos candidatos.

Podrá decirse que, aun con la oposición de los jueces de la Suprema Corte, los partidos iban a imponer sus candidatos en el seno del Consejo. Es cierto. Pero el valor de una oposición de principios por parte de los jueces de la Suprema a las tratativas de los partidos, si bien no hubiera hecho variar el curso de la elección, serviría de testimonio para las futuras jornadas.

La reunión del Consejo de la Magistratura fue una magnífica oportunidad perdida para apuntalar el proceso de reforma judicial iniciado hace 5 años. Resultó todo lo contrario. Ahora tenemos una Justicia con menos independencia política y la Ley de Carrera Judicial quedó gravemente lesionada.

Se argumenta que estos nuevos jueces pronto quedarán arropados en el seno de una Suprema Corte de Justicia agobiada de tareas. Puede ser. Pero lo significativo es el precedente. A nadie, incluyendo a los demás jueces de la Suprema, le pasará desapercibido que a pesar de la mentada reforma judicial los partidos mantienen un peso significativo en la Justicia, siendo esta la razón por la que se ha elegido como juez a un reconocido cuadro político reformista. Ya desde antes a varios de los jueces se les identificaba con el PRD. La “partidarización” de la Suprema Corte de Justicia, esto es, la división de su membresía en cuotas partidarias, a partir de ahora bien puede reproducirse como esquema en todo el cuerpo de la judicatura nacional.

Quedó evidenciado, una vez más, que nuestro liderazgo político, más allá de las puras apariencias, realmente no le interesa un Poder Judicial independiente. Su rasero no rebasa el horizonte de una Justicia servil y políticamente sometida. Es un liderazgo sin el más mínimo sentido de trascendencia, incapaz de ver más allá de sus intereses de grupo y personales. Es un liderazgo sin verdaderas convicciones democráticas, que no tiene reparo en colocar sus conveniencias particulares por encima del interés general de las intituciones y de la ley.

A nuestra sociedad no le queda más que despertar y entender que la construcción de la democracia no se le puede delegar a los partidos, líderes o Presidentes. Que éstos no son confiables y debemos siempre vigilarlos y tratarlos bajo sospecha.

Lo del Consejo Nacional de la Magistratura apenas es un primer ensayo en que el liderazgo político tradicional impuso su visión y su estilo.

Para los próximos días está anunciada una reforma constitucional que podría incluir la prolongación del período de los actuales legisladores, la reelección presidencial y modificaciones para asegurar la reproducción en el poder del actual partido gobernante. Estamos hablando de palabras mayores.

Hay que tomar una decisión crucial: o nos resignamos al dominio y control excluyentes del ejercicio del poder que imponen estos liderazgos políticos y partidos, decidiendo sobre el destino de todos a nuestras espaldas; o la ciudadanía, actuando con independencia de ellos, confrontándolos de ser necesario, se decide a participar con sentido de pertenencia en la definición y construcción del tipo de democracia y de sociedad en que deseamos desarrollar nuestra existencia.




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