24 de Septiembre de 2001 • Edición número 1,221
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¿Balaguer forever?
segunda entrega



Los adversarios del caudillo lo mantienen en el poder, aunque esté fuera de la Presidencia


Por Gustavo Olivo Peña

Si el vacío político que los norteamericanos observaban en el país en los primeros años de los sesenta sirvió a Joaquín Balaguer para sus propósitos políticos, más le serviría el apogeo de la guerra fría.

En los sesenta se hablaba en Washington de no permitir que surgiese "otra Cuba" en Latinoamérica. Se hacían todos los esfuerzos políticos y militares para evitar que los comunistas, o cualquier corriente política considerada como tal, estuviese cerca del poder.

En consecuencia, todo gobernante, dirigente político o gobierno que sirviese al propósito de perseguir y frenar a los comunistas y a sus aliados contaban con todo el apoyo de la Casa Blanca.

Balaguer no sólo utilizó el discurso anticomuista para atemorizar a los empresarios y a la población ante la posibilidad de que el PRD u otro partido pudiese desplazarle del poder (ver los discursos compilados en La Marcha Hacia el Capitolio), sino que permitió que se efectuase una verdadera cacería contra los dirigentes de la izquierda marxista.

Los asesinatos políticos sumaron miles durante los gobiernos de los doce años (1966 a 1978), y las arbitrariedades alcanzaron incluso a líderes tan importantes como Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, a los cuales se les persiguió y se les impidió hablar por radio y televisión durante mucho tiempo.

Sin embargo, Balaguer seguía contando con el apoyo de EEUU, a pesar de que justificaba los crímenes de su gobierno con el pretexto de que en el país actuaban fuerzas incontrolables.

Cuando la corrupción alcanzó condición de tragedia nacional, la justificó afirmando que se detenía en la puerta de su despacho, y admitió que más de 300 de sus colaboradores se habían convertido en millonarios.

NO TODO LE SALE BIEN
Si bien es cierto que Balaguer contaba con el respaldo de las fuerzas sociales más conservadoras del país y con el respaldo de EEUU, no es menos cierto que las contradicciones entre los partidos de oposición y la abstención electoral facilitaron el contuinismo entre 1966 y 1974.

Para los comicios de 1978 ya Balaguer no tenía todas las circunstancias a su favor. El PRD, ya bajo la dirección del doctor José Francisco Peña Gómez, estaba decidido a tocar las puertas claves en EEUU y en otras naciones para asegurarse la solidaridad internacional en caso que fuese necesario.

En el país, ya Balaguer no atemorizaba a nadie con el fantasma del comunismo ni con la represión descarada que desataron las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

El PRD derrotó a Balaguer, pero no obstante los reformistas no entregaron el poder sin hacerse ilegal y arbitrariamente con la mayoría senatorial, violando las más elementales reglas de la democracia.

Para 1982 Balaguer volvió a ser derrotado por el PRD, a pesar de que sus seguidores confiaban en que su sola presencia en las calles del país, que recorrió electoral intensa, les garantizaría el triunfo.

Para 1986 Balaguer obtuvo unos cien mil votos menos que Jacobo Majluta, candidato del PRD, pero pudo volver al poder porque esos votos fueron anulados por estar marcados al unísono en las boletas perredeístas y en las del partido aliado La Estructura.

Para los comicios de 1990 pudo imponerse porque los liberales, agrupados en el PLD y en el PRD, no lograron ponerse de acuerdo para acudir unidos a los comicios.

En 1994 se produjo una crisis política que le obligó a dejar el poder en 2 años y firmar un pacto con la oposición para reformar la Constitución, prohibir la reelección e introducir otras reformas políticas.

Enojado dio la espalda al candidato de su partido, Jacinto Peynado, quien fue vencido por el PLD. Pero esta jugada contra Peynado se habría de volver en contra del propio Balaguer, cuando 4 años después aspiraba de nuevo a la Presidencia de la República, y su partido no pudo responderle como esperaba.

Distinta habría sido la historia del 2000 si Balaguer hubiese apoyado con todo su entusiasmo y convicción a Peynado en los comicios del 1996.

Y la crisis actual del PRSC es el producto de ese error. Pero sus seguidores y quienes se suponen sus opositores (el PRD y el PLD) no son capaces de ver en Balaguer defectos, sólo ven virtudes y sabiduría. Por eso continúan alabándolo e inflando su real poder actual. Ya Balaguer no tiene el peso ni la influencia que tuvo hace 20 ó 30 años, pero el PRD ni el PLD acaban de enterarse. No se dan por enterados de que Balaguer se vio obligado a negociar con los dirigentes más importantes que la gente de su casa querían dejar sin poder dentro del PRSC (tal es el caso del ingeniero Federico Antún Batlle, por ejemplo). De Balaguer sólo queda el mito. Y es a ese mito que temen el PRD y el PLD.


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