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Entrevista
Luis Martín Gómez
No soy un intelectual, apenas sí un escritor intuitivo
Por Rafael García Romero
Luis Martín Gómez un día escribió un relato y lo entregó como práctica de escuela. Esa práctica trajo un elogio tan brillante y de gran impacto para él que lo llevó a escribir todo un libro que tituló Dialecto. Ese libro mereció el Premio José Ramón López, que entrega cada año la Secretaría de Estado de Educación. El premio llegó en 1998 y desde entonces Luis Martín Gómez es dos personas: él y un escritor. Ahora escribe, participa en tertulias literarias. Lee, estudia y piensa en la literatura como una vía fundamental para mantener una conexión con este enredado mundo en el que nos desenvolvemos. Un mundo que para él dejó de ser blanco y negro hace años con su entrada en la televisión y en miles de hogares dominicanos. En su condición de escritor vive alerta. Doblemente alerta, toma y deja. Trabaja su literatura "con un apacible ritmo de trabajo", pero a toda conciencia.
[A]. ¿Cuál es tu reflexión sobre el momento que vive la literatura contemporánea dominicana?
LMG. En cuanto a producción, vive un buen momento, de ebullición creativa, de surgimiento de nuevas voces que, junto a las ya establecidas, forman un sonoro coro, no monofónico, por suerte, sino ecléctico, variado, que se nutre de la tradición pero experimenta, que transita los caminos abiertos pero abre trechos hacia nuevos rumbos.
En cuanto a difusión, ha avanzado muy poco, las editoriales (y los autores individualmente) trabajan con mejor criterio de lo que debe ser el producto literario: portada más atractiva, diagramación más cuidada, por ejemplo; pero el mercadeo de la obra y de su autor sigue siendo deficiente. El resultado es obras buenas, bien presentadas, poco vendidas.
[A]. En el país, ¿contamos con un mercado para vivir de la literatura? ¿O qué otras alternativas o condiciones tienen que explotar los escritores para el desarrollo de su talento y la colocación en sus obras?
LMG. Lamentablemente aún no hay mercado literario para que el escritor dominicano pueda vivir de su obra. Ni siquiera un best-seller criollo, que significa vender de 5 a 10 mil ejemplares, reporta la anhelada holgura económica que permita escribir a tiempo completo. La alternativa, entonces, es el multiempleo: escritores que son publicistas, periodistas y visitadores a médico al mismo tiempo. Tal diversidad ocupacional deja poco margen para la literatura, y aún así, se hace el trabajo. En mi caso, soy un periodista que escribe cuentos, si bien mi deseo es invertir la fórmula.
AUSENCIA DE EDITORIALES
[A]. ¿Qué grado de dificultad ofrece el medio para publicar y hacer llegar las obras a la gente?
LMG. Además de las urgencias económicas que quitan tiempo y concentración al escritor, está la ausencia de editoriales verdaderamente profesionales que asuman la evaluación, impresión y mercadeo de las obras. Hay instituciones que están trabajando en ese sentido, cierto: Fundación Corripio, Casa de Teatro, Banco Central y Banco de Reservas, pero no es suficiente. Contrario a la televisión, área en la que hay muchísimos canales y pocos talentos, en la literatura hay muchísimos talentos y pocas editoriales que los den a conocer.
[A]. ¿Qué ponderación harías de tres escritores del pasado y del presente. Aportes en la literatura dominicana del sesenta hacia atrás y desde el 60 a la fecha?
LMG. No soy un intelectual, apenas sí un escritor intuitivo con algunas lecturas, así que carezco del rigor metodológico que me permita evaluar la labor de los escritores sin el riesgo de cometer una injusticia o un yerro irreparable. Paso, entonces
[A]. ¿Qué hace falta en la escuela para afianzar su labor académica, motivación hacia la literatura, interés por el libro, tomando en cuenta los retos del próximo milenio?
LMG. Decíamos que carecemos de editoriales, eso es una parte del problema; la otra, igualmente grave, es la falta de incentivo para la lectura y la escritura en la escuela. Recuerdo que en mi tiempo la gran práctica literaria era escribir una composición sobre lo que habíamos hecho en vacaciones; ahora, con mis hijos, no veo que la situación haya cambiado mucho. Hace falta, pues, que la escuela acerque a niños y niñas a los libros, pero no como castigo por no hacer las tareas escolares o como relleno para los tiempos muertos en clase, sino como parte de un plan integral de enseñanza de la lengua y de la literatura, que empiece desde el preescolar, pintando libros, garabateándolos, escuchando su contenido a través de canciones y dramatizaciones, y siga en los cursos superiores, con concursos de escritura creativa, con ensayos sobre obras claves, poniéndolos además en contacto con los libros electrónicos y los sitios de la red dedicados a las letras. La literatura debería ser una elección como carrera, igual que la medicina o el derecho. Hay libros que sanan más que algunos medicamentos o te liberan más que un veredicto.
[A]. Todo artista tiene una valoración de su obra y de sí mismo. ¿Cuál es la evaluación que haces del tránsito entre Dialecto y los cuentos que escribes ahora?
LMG. No puedo ver mi trabajo desde un punto de vista racional, sólo tengo sensaciones de lo que hago; en ese sentido, no sé decir cuándo mi trabajo es bueno o malo, si ha evolucionado o está estático, sólo experimento emociones, un cuento me llega más o menos, me toca profundamente o me deja indiferente. Veo a mis cuentos como veo una obra pictórica: no entiendo de composición ni colorimetría, pero puedo sentir la vida del cuadro o sentir su muerte. Tengo insertado en algún lugar del cuerpo el famoso detector de Hemingway, pero el mío se activa automáticamente, sin que me dé cuenta.
[A]. Entre los escenarios internacionales, ¿cuál tiene mayor importancia en la promoción y divulgación de tu obra?
LMG. Sólo he tenido una experiencia internacional importante, la de I cactus non temono il vento, la antología italiana de cuentos dominicanos preparada por el escritor y crítico literario Danilo Manera, quien ha hecho contacto con la editorial española Siruela para publicar una versión en español de dicha antología.
[A]. Entre los aportes del Estado al arte, ¿a cuáles reconocería como verdaderamente valiosos y coherentes a través del tiempo?
LMG. En literatura, la que mejor aporte ha hecho, pese a sus limitaciones, es la Secretaría de Estado de Educación a través del concurso nacional.
[A]. ¿El ejercicio del periodismo ha dado más al escritor que el escritor a su ejercicio periodístico?
LMG. En terminos económicos, sí. En terminos de reconocimiento, también. Pero ha habido un riquísimo intercambio entre los géneros que creo que ha beneficiado a ambos. El periodista le ha enseñado al escritor a descubrir temas, perseguirlos y atraparlos. El escritor le ha enseñado al periodista a conocer la lengua, respetarla, dignificarla. De todas formas, periodista y escritor se llevan bastante bien, les conviene esa convivencia, pues tienen mujer e hijos comunes y hasta les gusta la misma música. En ocasiones, el escritor siente celos por la fama del periodista, y éste recela los premios del escritor, pero eso es manejable.
UNA SEGUNDA OBRA
[A]. En los planes inmediatos, luego de tu obra Dialecto, ¿está la posibilidad de un libro de cuentos o una primera novela?
LMG. De una novela, lo dudo. De un libro de cuentos, seguro; estoy trabajando en una segunda obra, que a mi apacible ritmo de trabajo quizás esté lista para el 2003.
[A]. ¿Qué le falta a la literatura dominicana para que se abra un camino de mayor consumo?
LMG. Editores profesionales (públicos y privados) y lectores motivados.
[A]. Entre todas las batallas que libra un escritor dominicano, ¿cuál es la que mayor fatiga le causa?
LMG. Competir con los políticos. Hacen mejores cuentos y la gente se los cree.
[A]. En tu caso, ¿hay un escritor insignia, que con el paso del tiempo ya alcance la categoría de símbolo. En todo caso, un símbolo que siga, distinga o venere? Háblame de tu experiencia y el ascenso de ese escritor en su propia carrera.
LMG. Desde que recuerdo, Juan Bosch en mi vida afectiva y literaria. Pero en honor a la verdad, son dos argentinos los que cuentan más en mis cuentos: Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. Al primero me lo presentó mi querido profesor José Alcántara Almánzar en el siempre bien recordado Círculo Literario de Intec. Muchos de mis cuentos de Dialecto tienen una deuda impagable con Cortázar. A Borges lo descubrí en los tramos de Centro del Libro Cuesta. Hay escritores que me acompañan a ratos en el camino hacia mí mismo, hacia mi propia expresión: Arreola, Rulfo, Kafka, Monterroso, Benedetti
. que vienen de vacaciones a mi senda; y Peix, Almánzar, Alcántara
que a veces me dan bola en su guagua.
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