17 de Septiembre de 2001 • Edición número 1,220
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Rafael Peralta romero

PLD: víctima de su conducta


Con la llegada del Partido de la Liberación Dominicana a los órganos del Poder estatal se descontinuó el acuerdo tácito, fundamentado en la caballerosidad, sostenido por las dos organizaciones mayoritarias que hasta ese momento controlaron el Congreso Nacional y los ayuntamientos.

A pesar de su rancio antagonismo, el Partido Revolucionario Dominicano y el Reformista Social Cristiano asumieron, a partir del avance democrático de 1978, un pacto de caballeros para dirigir los cabildos y las cámaras legislativas de acuerdo a la representación ganada en las elecciones anteriores.

Garantizaban de este modo el predominio de la voluntad de los votantes, pero el PLD no creía entonces en democracia, a la que llamaba despectivamente “la mentada”. En realidad, la vocación democrática del partido morado nunca ha contado con suficiente solidez.

Ha sido cuestión doctrinal para el PRD que, tanto en las cámaras legislativas como en los gobiernos municipales, la presidencia se otorgue a la organización que haya ganado mayoría de puestos, aun no completase la mayoría absoluta.

Como la historia es la maestra de la vida, de acuerdo a un viejo decir, conviene recurrir a ella para juzgar los hechos del presente. Desde el periodo 1982-86 el PLD comenzó a creer en la “mentada” democracia representativa, pues ganó siete puestos en la Cámara de Diputados. Fue el inicio de la desaparición del bipartidismo.

Tras las elecciones del 86, el PRSC obtuvo 56 diputados, el PRD 46 y el PLD 16, pero para el doctor Peña Gómez era inconcebible sumar sus votos a los del PLD para arrebatar a los reformistas la presidencia del organismo. En el período 90-94 las cosas se ponen mejor para los peledeístas, pues obtuvieron 44 bancas contra 42 del PRSC y 31 del PRD.

Ninguno estaba en capacidad por sí solo de ganar la dirección del bufete, pero el PLD comenzó a disfrutar de la caballerosidad de los otros partidos y se le otorgó la presidencia de la Cámara. Norge Botello se mantuvo allí por cuatro años.

El siguiente período, 94-98, entusiasmado por el “botellismo” que implantara en el referido organismo, el PLD, que sólo ganó once diputaciones, no se ruborizó para coger el cuarto puesto en el ordenamiento jerárquico del Estado.

El regalo vino a las manos de Danilo Medina y en el siguiente año tampoco hubo empacho para que le tocara a Ramón Fadul. El ingeniero Rafael Peguero Méndez, cuando era perredeísta, ocupó la presidencia de los diputados cuando asomó el retorno de la práctica anterior. Más tarde sirvió para que Leonel Fernández y su partido desataran sus pasiones y lo impusieran por mecanismos maquiavélicos. Por una generosidad del PRD, la señora Rafaela Alburquerque es presidenta de la Cámara de Diputados, pero la dirigencia reformista ni la exigió ni la usurpó, como ocurrió en la Liga Municipal Dominicana cuando Leonel Fernández mandó a las Fuerzas Armadas a imponer al señor Aristy Castro en la secretaría general, a contrapelo de la ley y la moral.

Este recuento viene para llegar a la actitud reciente del PLD con respecto a la integración del Consejo Nacional de la Magistratura. El PLD provoca gran alharaca porque se ha quedado fuera del organismo seleccionador de los jueces de la Suprema Corte de Justicia. Pero olvidó sus comportamientos anteriores.

Tenía alguna lógica que el partido fundado por Juan Bosch aportara el senador miembro para el CNM, por cuanto es la organización con mayor número de butacas en la cámara alta después del PRD. Pero no había derecho a reclamarlo, sino a cabildearlo.

Sin embargo, el partido morado tuvo el tupé de presentar candidatura en la Cámara de Diputados al momento de escoger el diputado miembro del CNM, que a todas luces le correspondía al partido blanco, que es el mayoritario.

Ese mismo hecho le restó validez a sus alegatos en el Senado. Lo cierto es que el Consejo está compuesto y hay que admitir como una realidad que el PRD tiene mayoría, pero no mayoría usurpada, sino obtenida en buena lid en las elecciones nacionales.

Los jueces que saldrán designados en esta semana serán producto de una decisión del único organismo competente para escogerlos. A la bulla peledeísta por la integración del CNM ha seguido el amplio despliegue publicitario de los grupos de presión, encabezados por la Fundación Institucionalidad y Justicia.

Es provechosa la preocupación de grupos de la sociedad por asuntos públicos de tanta trascendencia, pero parecería exagerada la campaña de promoción y el operativo de vigilancia para escoger tres jueces. Se ha proclamado hasta la necesidad de participación “masiva” en el proceso.

Los partidos políticos tienen que buscar el mantenimiento del acoplamiento para regir las instituciones colegiadas. El llamado consenso debe resultar de cómo quede cada quien después del conteo de los votos de la población.

Se proyecta una tendencia a desconocer que la soberanía reside en el pueblo. El pueblo es quien determina la condición de mayoritaria o minoritaria de una fuerza política. Y de ahí es que depende también la composición de organismos cono el Consejo Nacional de la Magistratura. Lo otro es hablar por hablar.




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