17 de Septiembre de 2001 • Edición número 1,220
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El caso milingo
La caza de los devotos negros

Desde 1973 Milingo fue un dolor de cabeza para el Vaticano, pero lo toleraron por su incidencia en África. La secta Moon vio en el controversial arzobispo la posibilidad de expandirse en el “Continente negro”


Por José P. Monegro

Muchos aún no han logrado entender porqué el Vaticano jugó sus cartas como lo hizo con el caso del arzobispo emérito de Lusaka, Zambia, Emmanuel Milingo. ¿Quién es este obispo que hizo que el propio papa Juan Pablo II manejara personalmente el caso? ¿Por qué el Vaticano simplemente no dejó que se uniera a una secta como han hecho cientos de sacerdotes en el mundo? ¿Por qué no fue excomulgado? ¿Por qué el reverendo Sun Myung Moon encabezó la ceremonia en la que contrajo matrimonio con la acupunturista María Sung? ¿Cuáles eran los planes que tenía Moon para con él?

Son sólo algunas de las interrogantes que muchos se hicieron desde este lado del mundo mientras esperaban el desenlace de lo que pareció una novela salida de la imaginación del más fino escritor de ficción.

Todas esas preguntas tienen respuestas y lel origen de la mayoría están en el “Continente Negro”, Africa, que es hacia donde las iglesias de occidente quieren extenderse. No en vano en los corrillos del Vaticano se habla con insistencia que un africano o un latinoamericano podrían sustituir a Juan Pablo II. Estas son las dos regiones de mayor posibilidad de crecimiento para una Iglesia Católica que se enfrenta a retos diferentes de los que tuvo en el siglo XX.

Desde 1973 Emmanuel Milingo ha sido un dolor de cabeza por su escandaloso estilo de promover el cristianismo en Africa. De una recia personalidad y con condiciones de liderazgo incuestionables, pero con problemas depresivos, el controversial sacerdote empezó a poner en práctica una especie de “sincretismo” entre el cristianismo y las prácticas religiosas autóctonas de su natal Zambia y de otras comunidades africanas, llegando incluso a escandalizar a los cristianos, católicos y protestantes, que llegaron a conocer su método.

Su estilo y carisma hicieron crecer su popularidad en toda Africa, lo que unido a que fue ordenado obispo con apenas 39 años, le permitió constituirse en una ficha importante para la propagación de la religión cristiana en un continente donde el politeísmo y las prácticas paganas soncomunes.

Los informes sobre prácticas de hechicería y hasta divisionismo en su arquidiócesis hicieron que en 1983 el papa Juan Pablo II lo llamara a Roma para que respondiera a todas las acusaciones que se le hacían. Se defendió lo mejor que pudo, pero parece que no convenció al Sumo Pontífice, quien lo trasladó a Roma, donde pensó que no haría más escándalos, y lo nombró en el Pontificio Consejo para los Migrantes y Desplazados.

Milingo nunca paró sus actividades, incluyendo la realización de exorcismo. Tanto es así que en mayo de este año emitió un documento en el que anunciaba su decisión de casarse con María Sung y reiteraba lo que él considera que es un don divino, “por el cual ha sido perseguido por las autoridades eclesiásticas”.

“El 3 de abril de 1973 descubrí, casi por casualidad, que estaba bendecido con el don de la curación. Desde entonces Dios no ha cesado de usar mi don para bendecir a muchos. El Espíritu del Señor está sobre mí, ya que me ha ungido para predicar el evangelio, curar a los enfermos, y aún más allá de lo que espera, exorcizar demonios. Siendo obediente a Dios como Su instrumento tuvieron lugar incontables milagros”, escribió el arzobispo Milingo cuando anunciaba su decisión.

En ese párrafo de la declaración se ponen de manifiesto sus pretensiones mesiánicas, una característica común en la mayoría de los fundadores o promotores de sectas, quienes se creen, o hacen creer, que actúan respondiendo a una orden directa de Dios.

RECHAZO DE LA CURIA ROMANA
Contrario a lo que se pensaba, desde su llegada al Vaticano, el carismático prelado se constituyó en un verdadero dolor de cabeza para la Curia Romana, especialmente para el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el influyente cardenal alemán Joseph Ratzinger.

Este dicasterio tuvo que emitir un documento titulado “Instrucciones sobre plegarias para obtener de Dios las curaciones”, en el que establece reglas para las plegarias de curación y los exorcismos. El texto íntegro, hecho público en noviembre del año pasado, parecía estar dirigido al controversial Milingo.

“Cualquier cosa que luzca como histerismo, artificialidad, teatralidad o sensacionalismo debe ser excluida de tales encuentros, sobre todo de parte del oficiante”, señala el decálogo en lo que muchos consideraban como una franca referencia al estilo del arzobispo africano.

El poco convencional estilo de Milingo hizo que los obispos de Milán, el cardenal Carlo María Martini y el encargado de la arquidiócesis de Roma, cardenal Camilo Ruini, decidieran prohibir que Milingo utilizara los templos diocesanos para sus celebraciones. Por la importancia de estas diócesis se da por descontado que el papa Juan Pablo II tenía conocimiento de esas decisiones.

Los esfuerzos de los obispos italianos para controlar al arzobispo africano no dieron muchos resultados porque sus rituales entonces fueron trasladados a los salones de los principales hoteles de Roma, pagados por sus fervientes seguidores, la mayoría de ellos pertenecientes al movimiento católico denominado “Renovación Carismática”.

Las misas de sanación y la invocación del Espíritu Santo son comunes en este grupo que se ha propagado por todo el mundo y que en República Dominicana tuvo su principal mentor al extinto padre “Emiliano Tardiff”. Su estilo se parece mucho al de las sectas protestantes, por lo que muchos obispos la mantienen en permanente observación para evitar desviaciones dogmáticas.

“Como sacerdote, sólo cumplo con el ejemplo de Jesucristo, quien también hacía exorcismos”, fue la respuesta de Milingo a las reglamentaciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe, una de las más poderosas en la organización eclesial.

CON LA MIRADA HACIA AFRICA
Aunque resulte extraño para muchos, el cristianismo tiene su origen en Africa y de este continente provienen varios de los más importantes “padres de la Iglesia”, entre los que se destacan San Agustín (354-430 d. C.), obispo de Hípona, que estaba en territorio de lo que hoy es Turquía, y Tertuliano (160-223 d. C.), quien fue el primero en traducir la Biblia del griego al latín, lo que permitió su posterior difusión en el imperio romano.

No fue sino hasta el siglo VI cuado se inicia el predominio de la religión musulmana en la región de Africa cuando Atila, el bárbaro, inicia la conquista de este continente y su poder se expande hasta lo que hoy es Europa.

Históricamente África tiene mucha importancia para el catolicismo. El “Continente negro” es una fruta apetecible para las iglesias cristianas y las sectas que quieren propagar su presencia en el mundo.

Una muestra de la importancia que tiene Africa en los planes de expansión del catolicismo es que por primera vez, desde los primeros siglos del cristianismo hasta nuestros tiempos, se empieza a hablar de la posibilidad de que un negro sea coronado Papa y ocupe el trono de San Pedro.

Se trata del cardenal nigeriano Francis Arinze, que en la actualidad dirige el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. Algunos argumentan que Arinze es para Africa lo que Juan Pablo II fue para el mundo socialista.

Para nadie es un secreto el papel que jugó el Sumo Pontífice en la caída del bloque socialista y el hecho de que un cardenal de la entonces comunista Polonia fuera elevado a Papa contribuyó en el renacer del catolicismo en los países de la denominada Europa del Este. Muchos creen que una jugada similar pudieran hacer los miembros del Colegio Cardenalicio cuando se reúnan para escoger al sucesor de Juan Pablo II.
Argumentos similares son utilizados por los que entienden que el colombiano Darío Castrillón tiene posibilidades de ser el primer latinoamericano que llegue a Papa, en adición que se estaría reconociendo así a la región que aporta más del 60 por ciento de los católicos de todo el mundo.

En medio de este juego de ajedrez para la expansión de la Iglesia entra el arzobispo de Lusaka, Emmanuel Milingo.

Su carisma, popularidad y habilidad para utilizar en actos cristianos elementos de los rituales paganos que se utilizan en muchas naciones africanas (la mayoría de las cuales están dividas en tribus) le convirtieron en una persona importante para la evangelización de África o para la propagación de una secta en decadencia como es la de Moon.
Esa ha sido la razón principal por la cual Juan Pablo II ha sido tan paciente con Milingo. La Congregación para la Doctrina de la Fe, que en el pasado era conocida como la “Santa Inquisición”, dejó abiertas varias puertas para el regreso del travieso obispo africano al redil. No actuó de forma tan drástica como en el pasado lo hizo con sacerdotes latinoamericanos seguidores de la denominada “Teología de la Liberación”, a muchos de los cuales sancionó condenándolos a períodos de silencio o no se inmutó cuando buscaron en una pareja la salida a las múltiples presiones a las que eran sometidos.

Sin embargo, cuando la autoridad de la Congregación para la Doctrina de la Fe entendió que la autoridad del Vaticano podía empezar a ser cuestionada dio un ultimátum y aunque no cerró la puerta fijó tres condiciones innegociables.

Para aceptar de nuevo a Milingo y no se decretara la excomunión, se le exigió separarse de María Sung, romper todo lazo con la secta de Moon y declarar públicamente su fidelidad a la doctrina y a la praxis eclesiástica del celibato y a manifestar su obediencia al Sumo Pontífice. El obispo africano cumplió con las tres exigencias.

LA SECTA DE MOON
Pero la de Moon, al igual que otras sectas, también tiene su vista puesta en África, por eso intentó atraerse a un arzobispo católico con gran carisma en ese continente, frecuentes problemas dogmáticos en la Iglesia y un aprovechable estado depresivo.

El reverendo Moon hizo todo lo posible por convertir a Milingo en su “buque insignia”en África para que su poderío económico, unido al carisma del arzobispo de Zambia, le permitiera relanzar una secta que está en decadencia.

Esa intención quedó claramente expresada en la declaración del prelado en la que anunciaba su decisión de casarse. “Mi compañera María y yo retornaremos a África, un continente que sufre los estragos del SIDA, un continente sumergido en la confusión política, económica y social, no obstante una tierra con una herencia rica en valores tradicionales de familia, comunidad, respeto por los mayores y espiritualidad”, escribía Milingo para dejar sentado que luego de su “retirada”de la Iglesia Católica sus intenciones eran regresar al territorio donde tiene más popularidad.

Sus intenciones de ser pieza clave en la propagación de la secta Moon están explicitas en el párrafo que reza: “es nuestra misión renovar esa herencia y llevar el amor sanador de Cristo, y usar la piedra angular de familias de fe para reconstruir la sociedad. Dios nos ha llamado para que fomentemos un movimiento de curación y renovación, y voy a invertir el resto de mi vida terrenal en el continente donde nací”.

Al no lograr su objetivo, el cual vio bastante cerca cuando encabezó un ritual matrimonial con 60 parejas, entre los que estaban Milingo y María Sung, el reverendo Moon optó por enfrentar al Vaticano en su propio terreno.

Sus amplios conocimientos sobre el mundo de las comunicaciones, pues es propietario de medios de comunicación millonarios, le permitieron colocar al Vaticano a la defensiva con aseveraciones como las de que María Sung estaba embarazada, lo cual no resultó verdad, o de que le estaban aplicando un lavado de cerebro al arzobispo africano para que abandonara la secta, lo cual tampoco resultó ser cierto.

Entonces vino su último recurso, el elemento humano, la huelga de hambre de María que amenazó con inmolarse de ser necesario para recuperar al hombre con el que se desposó en Nueva York en mayo pasado. Pero las noticias aparecidas en la prensa italiana de que en 1995 esta mujer se había casado con otro hombre en una ceremonia similar contribuyeron a que bajara la guardia y desistiera de sus intenciones luego de una conversación a sola con Milingo.

Como se puede ver lo que estaba en juego era la expansión religiosa en África, y el arzobispo emérito de Lusaka era una ficha importante en esa partida de ajedrez.

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