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Santo Domingo está convertida
en un cráter
Las empresas telefónicas son las que mayores problemas están causando a las autoridades del Ayuntamiento y de Obras Públicas, pues excavan y luego hacen un trabajo de muy mala calidad.
Por Enilda Torres
En la avenida República de Colombia hay una zanja que lleva cerca de tres años abierta y que ha inhabilitado uno de los carriles del tránsito, convirtiéndola en una vía de alto riesgo para los conductores. En la Núñez de Cáceres, entre la John F. Kennedy y la Olof Pálmer, también está inhabilitado uno de los carriles desde hace más de un mes, creando entaponamientos en la vía, sobre todo en las horas pico.
Casos similares se repiten en otras calles y avenidas de Santo Domingo que convierten a la ciudad en un cráter.
Pero lo que más preocupa, además del tedio y los problemas que causan estas aberturas en plenas vías a los transeúntes y conductores, es la calidad de los trabajos que se están haciendo.
El departamento de Drenaje Pluvial del Ayuntamiento del Distrito Nacional, en una comunicación enviada al síndico Juan de Dios Ventura, expresa su preocupación y con razón sobre el desastre que están cometiendo las compañías de ingenieros que tienen a cargo los trabajos del sellado de las áreas zanjadas.
Estas compañías trabajan usualmente para empresas de comunicaciones, tales como Codetel, Centennial y Tricom, con el fin de soterrar cables y fibras ópticas para la instalación de líneas telefónicas. Pero igual poca calidad en los sellados se observa en los trabajos que les son encomendados por instituciones públicas.
Dice el comunicado de Drenaje Pluvial que las excavaciones que llevan a cabo estas empresas están destruyendo las aceras de buena calidad para echar un material malo, que es arrastrado hasta por una ligera llovizna.
[A]HORA comprobó durante un recorrido por la ciudad que ciertamente el sellado de las aceras es un trabajo de chapucería: los bordillos de las aceras se ven frágiles y pequeños, con muchas ondulaciones, además de que la capa de material que se echa es tan fina que se mezcla con la tierra. La aludida comunicación dice también que las excavaciones lesionan los imbornales y los filtrantes, los cuales no son restaurados en su forma original, además de que la profundidad, de apenas 50 centímetros de la cablería, va a impedir que en un futuro se coloquen imbornales para los alcantarillados.
¿QUIÉN CONTROLA?
Esa es la gran interrogante. De acuerdo a Luis José Chávez, funcionario del Ayuntamiento del Distrito Nacional, no existe un organismo interventor, lo que genera una situación caótica. Sin embargo, añade que fruto de esa situación, por primera vez en la historia reciente, el Ayuntamiento se reunió con otras instituciones involucradas en el problema, como Obras Públicas, que tiene que ver con la aplicación de normativas pero que realiza obras en las vías públicas, así como el proceso de semaforización en la zona central de Santo Domingo; la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo, que desarrolla un programa de rehabilitación y mejoramiento de las redes de distribución del agua, y las empresas telefónicas que rompen y abren zanjas para soterrar cables y fibras ópticas para la comunicación.
LEYES REGULATORIAS
Existen varias leyes que tocan el problema, como la ley orgánica del Ayuntamiento número 3456, en sus artículos 9, 11 y 13; la 6232 sobre Planeamiento Urbano; la 4848 sobre Urbanización y Ornato Público; la 241 sobre Tránsito de Vehículos y la 232 que obliga a las instituciones públicas y privadas a reponer el pavimento de calles y carreteras afectadas por obras, pero ninguna, al parecer, se pone en práctica o se hace cumplir.
Obras Públicas, por ejemplo, en un comunicado público advierte a las empresas que no cumplan con lo que dicen las leyes que están expuestas a sanciones legales. ¿pero se aplican esas sanciones? No se aplican, porque de lo contrario no conviviéramos con tantas zanjas y hoyos por tanto tiempo. Supuestamente una zanja no debe permanecer abierta más de un mes, ni se debe permitir que la obra implique una zanja de más de cien metros sin cerrarla para continuar el tramo siguiente. Todo esto queda en el supuesto, porque la realidad es otra.
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