Max Puig
El nicho de lo orgánico
Los intercambios comerciales internacionales crecen de manera sostenida en el mundo contemporáneo. Cada vez son mayores el volumen y el valor de los bienes objeto de transacción. Con el propósito de facilitar esta tendencia se reducen las tarifas aduaneras y se eliminan restricciones al comercio entre los distintos países.
El principio adoptado internacionalmente es el del libre comercio. Para garantizarlo se ha venido montando todo un sistema, en el centro del cual se encuentra la Organización Mundial del Comercio (OMC). Paradójicamente, muchos de los países que lo defienden con más ardor y pretenden imponerlo a los demás por todos los medios, practican políticas proteccionistas en sectores fundamentales de la producción.
Por otro lado, la liberalización súbita del comercio está trayendo consigo resultados de consideración. Son muchas las sociedades que resultan desarticuladas al no ser capaces de resistir la introducción masiva de productos de consumo extranjeros. Las consecuencias sociales son conocidas: la pérdida de empleos, con el consiguiente incremento de las franjas de población pobres y muy pobres, tanto en términos relativos como absolutos.
El fenómeno es complejo y sus manifestaciones y efectos se expresan a escala planetaria. De ahí que no resulte fácil encontrar respuestas únicas ni sencillas. Es preciso constatar que todos los países se ven compelidos a seguir el movimiento de la economía mundial y para ello están obligados a aumentar sus exportaciones.
Este aumento no resolverá por sí solo sus problemas y dificultades, pero sí constituye parte de la solución. La cuestión estriba en saber cuál es la mejor manera de lograrlo. La respuesta es diferente para cada país. No todos tienen el mismo clima o estructura productiva, o los mismos saberes, experiencias y tradiciones, ni tienen a su alcance los mercados apropiados.
Partiendo de su propia realidad cada pueblo está llamado a encontrar los que ahora se llaman nichos de mercado, es decir aquellas necesidades no cubiertas o que pueden ser satisfechas de manera más adecuada por productores y exportadores emprendedores, creativos y eficientes. La República Dominicana, como las demás naciones, está obligada a descubrir su nicho, o quizás sea mejor decir a construir su espacio en el nuevo comercio internacional. Puede intentar lograrlo de diferentes maneras o en distintas direcciones. En todo caso, la tarea requiere de una clara conciencia nacional y de una colaboración clara entre los más diversos grupos y sectores.
Por ejemplo, nuestro país debe aprovechar las oportunidades que se le presentan en el terreno de la producción y exportación de productos biológicos u orgánicos. En los países llamados desarrollados, donde buena parte de las necesidades básicas de sus poblaciones han podido ser satisfechas, un importante movimiento en torno a la calidad de la vida toma fuerza creciente. Esto implica una mayor preocupación por el medio ambiente y el consumo de alimentos sanos, muy concretamente que no hayan sido objeto de manipulaciones genéticas ni atiborrados con toda suerte de agroquímicos.
De este modo el mercado de los productos biológicos u orgánicos es un mercado en plena expansión. Ya hemos comenzado a aprovechar la oportunidad que ello significa. La República Dominicana es el primer productor mundial de banano orgánico. Gracias a la iniciativa de dinámicos empresarios nacionales estamos logrando también uno de los primeros lugares en la producción de cacao orgánico. Interesantes proyectos destinados a desarrollar la exportación de café gourmet o de calidad están en marcha, con apoyo de la cooperación internacional.
El futuro de la agricultura dominicana no está en las tradicionales políticas fomentalistas a las que se nos tiene acostumbrado, sino en un cambio en las culturas productivas. Precisa entender, de una vez por todas, que el problema no estriba en producir más mediante la distribución de más semillas, sino en producir de manera más inteligente.
El mercado de los productos orgánicos o biológicos nos ofrece una oportunidad. Que lo entiendan el gobierno y los empresarios progresistas, pero sobre todo los grupos campesinos organizados que pueden encontrar en él una palanca que les ayude a mejorar su condición.
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