3 de Septiembre de 2001 • Edición número 1,218
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El elector atrapado en las redes de los tres grandes partidos



Hace 19 años que la lucha por el control del Estado y las simpatías electorales son del dominio exclusivo de tres grandes partidos y no se vislumbran posibilidades de que puedan ser desplazados
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Por Gustavo Olivo Peña


Una de las características más curiosas de la política dominicana ha sido la gran cantidad de partidos y movimientos cívicos surgidos a partir del derrocamiento de la dictadura trujillista el 30 de mayo de 1961.

Y a pesar de las diferencias que en principio exhibieron y resaltaron los distintos partidos, el tiempo y las circunstancias han terminado por hacerlos iguales. Cada partido que llega al poder termina por hacer lo mismo que criticó a sus competidores.

Para las elecciones celebradas el 20 de diciembre del 1962 habían surgido unos 12 partidos, casi todos con presencia nacional.

Los que participaron en esas elecciones fueron el Partido Revolucionario Dominicano, que llevó con candidatos a Juan Bosch y a Segundo Armando González Tamayo; la Unión Cívica Nacional, que llevó a Viriato Fiallo y a José Augusto Puig; el Partido Revolucionario Social Cristiano, que llevó a Alfonso Moreno Martínez y a Josefina Padilla; el Partido Nacionalista Revolucionario Democrático, con Virgilio Martínez Reyna y Mario Read Vittini; la Alianza Social Demócrata, con Juan Isidro Jiménez Grullón y Buenaventura Báez Ledesma.

Asimismo, los partidos Vanguardia Revolucionaria Democrática, con Horacio Julio Ornes Coiscou y Manuel de Jesús Viñas Cáceres; el Partido Nacional, con Raúl Carbuccia y Máximo Vásquez Gautier. El Partido Revolucionario Dominicano Auténtico, con Joaquín Balaguer y Nicolás Silfa, que fue rechazado por la Junta Central Electoral.

Según narra Sandino Grullón, en su libro Historia de las Elecciones en la República Dominicana, el 14 de Junio, que dirigía Manuel Aurelio Tavárez Justo; el Partido Progresista Demócrata Cristiano, dirigido por Ramón A. Castillo, y el Partido Nacionalista Revolucionario, dirigido por Pedro Pérez Cabral, se abstuvieron de participar en dichos comicios.

NACE EL TRIPARTIDISMO
El PRD, con el profesor Bosch, derrotó a la Unión Cívica en los comicios del 1962. La UCN se fue disminuyendo a partir de esa derrota, y en sólo tres años quedó convertida en un partido pequeño, con escasa influencia en la población.

En los comicios del 16 de mayo de 1966 el PRD ya no tendría que competir con la UCN, sino con el Partido Reformista, encabezado por Joaquín Balaguer y Francisco Augusto Lora.

Por muchas razones el PRD y el profesor Bosch no pudieron hacer el trabajo electoral que demandaban las circunstancias y fueron derrotados por Balaguer y el PR.

Entre 1966 y 1974 Balaguer gobernó de manera tiránica, impidiendo mediante los crímenes políticos, la represión, las desapariciones y las deportaciones que la oposición pudiese expresarse libremente. Líderes tan importantes como Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez fueron arbitrariamente perseguidos e impedidos de hablar por los medios de comunicación.

Los partidos más golpeados fueron los de la izquierda marxista, que sufrieron las más fieras persecuciones y asesinatos. Sus dirigentes fueron perseguidos de manera implacable por los organismos de seguridad del régimen balaguerista.

En esas circunstancias el PRD se convirtió, en cierto modo, en el refugio de la izquierda marxista y en la esperanza de la población para poder sacar del poder al reformismo.

En diciembre de 1973 el PRD se dividió, fruto de las contradicciones entre Bosch y Peña Gómez, pero para la mayoría de la población el partido blanco siguió siendo el emblema de la oposición.

Entre 1973 y 1978 el PLD se mantuvo como un pequeño partido, que descansaba en el prestigio de su líder fundador, más que en la cantidad de sus militantes.

En los comicios de 1978 el PLD se dedicó a hacer oposición al PRD, más que al PRSC y a Balaguer. Obtuvo apenas 18 mil votos en todo el país.

Sin embargo, el desgaste sufrido por el PRD en el poder y la debilidad del PR llevaron el PLD a un crecimiento impresionante, obteniendo en 1982 cerca de 180 mil votos.

Esas elecciones fueron ganadas por el PRD, con los candidatos Salvador Jorge Blanco y Manuel Fernández Mármol. Balaguer y el PRSC quedaron en segundo lugar.

Pero el hecho más trascendente de esos comicios fue el nacimiento del tripartidismo, que hasta ahora domina la política nacional.

NI CONTIGO NI SIN TI
A los tres grandes partidos se les ataca desde todos los frentes, pero siguen firmes en su quehacer, a pesar de quienes piensan o sueñan con una coyuntura similar a la que han vivido Venezuela, Perú y otras naciones en donde las organizaciones tradicionales han sido desplazadas por nuevos grupos y líderes improvisados.

Las posibles opciones electorales que competirían con el PRD, el PLD y el PRSC no se alcanzan a ver en el horizonte del país político dominicano.

Por un lado están los partidos pequeños de la derecha, que rechazan este calificativo y se autodenominan "emergentes", aunque tengan treinta años o más en los afanes políticos.

Esos partidos no han hecho más que jugar a la ganancia electoral entregando su apoyo a uno u otro de los tres grandes a cambio de cargos electivos (senadurías, diputaciones, sindicaturas, regidurías) y nombramientos en el Estado.

Entre los más viejos y notables están el Partido Quisqueyano Demócrata, fundado a mediados de los 60, y que ha sido aliado circunstancial del PRD y del PRSC.

Asimismo, el Movimiento de Conciliación Nacional, también fundado en los sesenta. Pero también están los que se fundaron posteriormente, como la Unidad Democrática, el Partido Revolucionario Independiente, el Partido Demócrata Popular, el Partido Liberal la Estructura, el Bloque Institucional Socialdemócrata, el Partido del Pueblo Dominicano, la Fuerza Nacional Progresista, el Partido Nacional de Veteranos y Civiles, el Partido Renacentista Nacional, el Partido Humanista Dominicano, la Unión Demócrata Cristiana, el Partido Demócrata Cristiano y el Partido de la Esperanza Nacional, entre otros.
Estas agrupaciones no muestran signos de crecimiento ni cuentan con postulados programáticos ni ideológicos propios; más bien suelen contemporizar con uno de los tres partidos grandes cuando creen que les puede resultar políticamente beneficioso. Y, ciertamente, de la única manera que han podido tener diputados y otros representantes en los poderes del Estado ha sido con el apoyo de los partidos grandes.

En la izquierda, desde el ala liberal hasta la más radical, se encuentran numerosos partidos que lucen petrificados en el pasado. No han encontrado la manera, y obviamente que no están interesados en hacerlo, de insertarse en la lucha política dentro del único sistema socioeconómico posible en el mundo de hoy: la democracia capitalista.

Esta izquierda ha sido incapaz de ver con ojos críticos todo lo sucedido en el antiguo mundo socialista y se conforma con afirmar que en la URSS y los demás países en donde se derrumbaron los regímenes marxistas nunca hubo un verdadero socialismo. Sin embargo, continúan apoyando a gobiernos similares a los desaparecidos, como son los casos de Cuba, VietNam, Corea del Norte y Cuba.

Entre los más notables están la Fuerza de la Revolución, que surgió de la unión del Partido Comunista Dominicano con otros grupos marxistas. Asimismo, el Movimiento Popular Dominicano, la Unión Patriótica, el Partido de los Trabajadores Dominicanos, el Partido Comunista del Trabajo, el Partido Comunista de la República Dominicana, el Frente Amplio de Lucha Popular, el Movimiento Independencia Unidad y Cambio, el Partido Nueva Alternativa y el Partido Comunista Unificado, entre otros.

Estos partidos y movimientos, con algunas excepciones coyunturales, se mantienen firmes en su oposición al PRD, el PLD y el PRSC, pero no han sido capaces de ponerse de acuerdo para conformar un frente opositor amplio que permita ofrecer a la población una opción política diferente.

Ni siquiera lo han podido lograr para fines puramente electorales. Siguen defendiendo las mismas concepciones de hace 40 años atrás, y se empecinan en proponer "soluciones" inviables para los problemas nacionales.

Un ejemplo muy significativo es su propuesta de echar atrás el proceso de participación privada en las empresas del Estado, especialmente en el sector de la electricidad.

Su mayor incidencia ante la población y la opinión pública se logra cada vez que convocan a protestas nacionales, sobre todo huelgas generales. Pero han insistido tanto con este tipo de protestas que ya es muy poco lo que pueden lograr por esa vía.

Las jornadas de protestas suelen tener mayor éxito cuando los partidos grandes las apoyan desde la oposición, sirviéndose de los partidos de izquierda para sus propios fines.

Son estos absurdos de la izquierda, y el oportunismo de los partidos pequeños de la derecha, las razones que permiten al PRD, el PLD y el PRSC reinar a sus anchas en el quehacer político nacional, sobre todo cuando se trata de competir y ganar elecciones.

Y ante la falta de alternativas viables, la población, por más desilusionada que se encuentre, lo único que puede hacer es seguir votando por los tres partidos grandes y sus aliados o abstenerse definitiva e indefinidamente.



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