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No puedo imaginarme qué inmoviliza al Presidente Hipólito Mejía para declarar que la República Dominicana, que él debe administrar desde el 2000 hasta el 2004, no puede, ni debe, debido a razones de portentoso peso, asumir la sede de los PANAM del 2003.
Los PANAM 2003
¿un orgullo mal entendido?
Por Jacinto Gimbernard Pellerano
Si no han puesto la menor atención respetuosa las gentes del gobierno y del olimpismo a tantos reclamos, quejas, inconformidades y alarmas de multitudes desconcertadas por los astronómicos gastos absurdos que implica la celebración (¿habrá algo que celebrar?) de los Juegos Panamericanos del 2003 ¿tendrá algún valor que vuelva yo a unir mi voz, mis palabras y hasta mi indignación por lo que representa este descomunal dispendio de dinero ajeno -porque es nuestro dinero, no de los inconmovibles ejecutivos que ni oyen, ni ven, ni entienden-, en un evento que es formidable para un país que no tenga agobios de multitudes, pero criminal para un país sin electricidad (por razones económicas) en el siglo XXI, un país que, por carencias fundamentales de la población, ve cambiar la naturaleza de su gente, que se hace violenta, hosca y ácida, que secuestra, viola, tortura y mata como nunca habíamos visto aquí? Realmente no creo que tenga, esta irritación mía, otro valor que el de ser expresada.
De ninguna manera quiero que, con mis silencios agobiados, sea yo cómplice, por omisión, de la deshumanidad e irrespeto al buen juicio que muestran los promotores y ejecutores de unos Juegos, cuando no es tiempo de jugar, sino de trabajar por un país más justo, en el cual media población aspira abandonar su patria para buscar un futuro en el extranjero y, por amor a su comunidad, ayudar económicamente desde donde sea, realizando trabajos que resultan denigrantes para los nacionales de tales países: trapeando (ahora decimos mapeando), limpiando toilets, barriendo, envueltos en tales labores denigrantes, que llegar a ser encargado de un edificio viene a ser un honor. Cuando no se trata de caer en tráfico de drogas, prostitución o en los horrendos brazos del crimen organizado.
No puedo imaginarme qué inmoviliza al Presidente Hipólito Mejía para declarar que la República Dominicana, que él debe administrar desde el 2000 hasta el 2004, no puede, ni debe, debido a razones de portentoso peso, asumir la sede de los PANAM del 2003.
Hay demasiada pobreza en el país. Carecemos de lo esencial: agua y electricidad, viviendas moderadamente decentes para los pobres, calidad de vida que no sea misérrima. Sobre todo de atletas adecuadamente preparados.
¿Se tratará de un orgullo nacional mal entendido? Parece que, efectivamente, con esto de los Panam del 2003 y con las privatizaciones, el Partido de la Liberación Dominicana encabezado por el doctor Leonel Fernández (Bosch jamás habría actuado así desde su originario PRD o desde una eventual transformación de siglas nacidas del desencanto) dejó al Señor Presidente actual (no quiero que me meta preso) un regalo envenenado.
Últimamente un avezado periodista me ha dicho que S.E. el Presidente Mejía es, en verdad, inteligentísimo. Que usa términos y actitudes populacheras para envolver astucias.
Siempre que te pregunto, que dónde, cuándo y dónde, tú siempre me respondes: quizás, quizás, quizás, eso se puede aplicar al inescrutable doctor (que ahora quieren quitarle hasta el doctorado al muy docto señor), quien sabe manejar las evasivas inteligentes al punto de que hasta cuando responde con mucho gusto hay que abrigar dudas acerca de sus intenciones.
Pero el Señor Presidente actual carece de la luenga práctica política del Doctor, y las habilidades y terquedades que dieron a luz un suntuoso Faro a Colón y otras obras discutibles como prioridades, que realizó a su mejor parecer, sin grandes problemas.
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