27 de Agosto de 2001 • Edición número 1,217
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El PLD y sus posibilidades de triunfo en las elecciones



Los problemas internos del PRSC y el desgaste del gobierno del PRD ofrecen al PLD una situación privilegiada para consolidar sus posibilidades de triunfo en los comicios del 2002 y en el 2004
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Por Gustavo Olivo Peña


De la política se ha dicho que es la ciencia de lo posible, pero al mismo tiempo depende más que ninguna otra del vaivén de los acontecimientos.

El triunfador de hoy puede ser el derrotado de mañana y viceversa. Cuando en 1986 el PRD salió del poder, al perder las elecciones frente al doctor Joaquín Balaguer y el PRSC que retornaban luego de ocho años en la oposición, hubo quienes se atrevieron a pronosticar su desaparición como fuerza política de primer orden.

Este criterio se afianzó cuando se intensificaron las luchas internas entre 1986 y 1990, que dieron lugar a la salida definitiva del PRD de Jacobo Majluta y su grupo. El PRD acudió a las elecciones con José Francisco Peña Gómez como candidato presidencial, y por primera vez bajó al tercer lugar, superado ampliamente por el PLD y el PRSC. Pero en cuatro años el PRD volvía a convertirse en el gran partido que ha sido desde que se instaló en el país en 1961 proveniente del exilio.

Con el PLD ocurrió otro tanto en 1994, cuando quedó en el tercer lugar. Muchos se adelantaron a considerarlo un partido fuera de competencia para los comicios que se celebrarían en sólo dos años.

Este criterio se afianzaba más que en el retiro de don Juan Bosch, en el hecho de que el PLD ensayaba la búsqueda de un candidato nuevo, y la decisión de sus organismos favoreció al más joven y menos conocidos de los tres pre candidatos: el doctor Leonel Fernández Reyna.

Pero los acontecimientos y el sentido de la oportunidad de los dirigentes peledeístas colocaron al PLD en una posición de alto privilegio, hasta ganar las elecciones al PRD y al doctor Peña Gómez el 30 de junio de 1996.

SE COMIENZA CADA DIA
El recuento anterior puede servir para comprender lo que podría suceder en los comicios congresionales y municipales del próximo año, y en los presidenciales del año 2004.

El PRD logró dos grandes victorias electorales consecutivas en 1998 y en el 2000. De alguna manera el PRD mantenía a su favor la alta popularidad del doctor Peña Gómez, contra quien sus adversarios hicieron todo lo humanamente posible para impedirle ganar unas elecciones y convertirse en Presidente de la República.

Para el PLD y el PRSC resultaba muy difícil luchar contra el PRD, porque en cierto modo estaban luchando contra un credo, una devoción: el perredeísmo peñagomista.

Cuando el doctor Peña Gómez fallece, el 10 de mayo del 1998, las encuestas lo registraban como el líder más popular y de mayor poder de convocatoria. Y la gente identificaba al PRD con el doctor Peña Gómez.

Hoy las cosas son muy diferentes. El PRD tiene en sus manos prácticamente todo el poder estatal (Poder Ejecutivo, Congreso Nacional y ayuntamientos con mayoría abrumadora). Pero ese poder hace al PRD blanco de presiones sociales: la gente más pobre quiere soluciones, quiere ver convertidas en realidades las promesas de campaña. La gente rica, la minoría, se resiste a cualquier política económica que limite en lo más mínimo sus posibilidades de ganancias. La oposición, haciendo su labor, fustiga cualquier medida que ponga en práctica o anuncie el gobierno del presidente Hipólito Mejía, como en su momento lo hizo el partido que ahora está en el gobierno contra el PRSC y el PLD.

Pero el PRD tiene un problema mayor: lidiar con más de un millón de perredeístas que demanda empleos en la administración pública, y que sobrecarga las nóminas de las oficinas públicas, generando problemas financieros y de bajo rendimiento. En la secretaría de Salud Pública, por ejemplo, el sobregiro presupuestal mensual sobrepasa los RD$25 millones. En la secretaría de Educación hay más de 2 mil profesores que no cobran con regularidad sus salarios, y en muchos casos se ignora si fueron sacados de sus puestos de trabajo; otros ni siquiera saben si han sido realmente nombrados.

En consecuencia, el poderío acumulado por el PRD en las dos últimas elecciones podría convertirse en un problema inmanejable, y de hecho está afectando seriamente su popularidad.

Hoy nadie se atrevería a asegurar que uno de los tres grandes partidos tiene ventajas notables sobre sus competidores en las simpatías electorales de la población. De mantenerse las tendencias que registran las encuestas hoy, cuando llegue el 16 de mayo del 2002, el PRD, el PLD y el PRSC competirán de manera cerrada por el voto de la ciudadanía.

Y cuando la competencia es muy cerrada, cualquier error puede resultar sumamente costoso, puede causar la derrota.

EL PRSC Y OTROS FACTORES
El PLD tiene una ventaja extra sobre sus dos principales competidores: su disciplina. El PLD logró hacer su Sexto Congreso Ordinario Juan Bosch sin mayores inconvenientes.

El PRD tiene el reto de democratizarse internamente, dejar a sus militantes la oportunidad de elegir a sus dirigentes, desde el presidente hasta los secretarios generales de zona y los directivos de los comités de base.

Y si es difícil la situación interna del PRD, mucho peor es la del PRSC. El Partido Reformista Social Cristiano celebró el 1 de julio sus asambleas ordinaria y extraordinaria, que se suponían un paso trascendental hacia la definitiva renovación.

Pero estas asambleas sirvieron, más que todo, para un grupo de dirigentes manejara a su antojo al doctor Balaguer y tratara de golpear y defenestrar a sus rivales en la lucha por el control de la organización.

La debilidad reformista vienen a ser, necesariamente, la fortaleza peledeísta. Porque el PRSC y el PLD ha estado compitiendo por el mismo espacio político desde el año 1996, paradójicamente debido al apoyo que el PRSC dio al PLD para que derrotase al PRD en la segunda vuelta electoral.

En consecuencia, el desgaste del PRD en el ejercicio del poder y por sus pugnas internas, más un PRSC dividido en tres grupos que no terminan de ponerse de acuerdo, están dejado momentáneamente solo al PLD en el escenario político nacional.

De como capitalice el PLD esta buena coyuntura, y de su capacidad para superar viejos errores, dependerá en gran medida su papel en los comicios congresionales y municipales.

Para las elecciones del año 2004 hay otros factores que pueden pesar. Uno de ellos, y probablemente el más importante, es el relativo al candidato. Y el PLD tiene hasta el momento al mejor presidenciable: el doctor Leonel Fernández Reyna.

Pero, por otro lado, el PLD debe dejar atrás muchas de sus manías: creerse mejor que sus semejantes; el delirio de persecución en los medios de comunicación (en todo ven un plan, en cualquier periodista crítico ven a un agente perredeísta); eliminar para siempre esa especie de complejo de inferioridad que los hace aparecer débiles frente a sus competidores, sobre todo al PRD.





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