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Relaciones peligrosas

¿Convendría a dos de los tres grandes partidos auspiciar una alianza que aplaste a un tercero?
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Por Gustavo Olivo Peña
De las informaciones obtenidas de la Encuesta Nacional Hamilton-Beattie & Staff-HOY, publicada la semana pasada, las más novedosas son las referidas al virtual empate entre los tres grandes partidos en las simpatías de la población con miras a los comicios congresionales y municipales del próximo año.
En efecto, el estudio revela que la mayoría de la población está convencida de que las elecciones congresionales y municipales serán muy reñidas entre los partidos Reformista Social Cristiano, de la Liberación Dominicana y Revolucionario Dominicano.
Los encuestados respondieron a la pregunta: Sin importar por quién usted va a votar en las elecciones congresionales y municipales de mayo del 2002, ¿cuál partido cree usted que ganará más puestos en el gobierno? ¿el PLD, el PRSC o el PRD?.
El PRSC es percibido por 30 de cada 100 ciudadanos como la organización que obtendrá el mayor número de puestos electivos en las elecciones congresionales y municipales del próximo año.
En segundo lugar la gente percibe al Partido de la Liberación Dominicana, que fue señalada por 29 de cada 100 ciudadanos, y en tercer lugar al Partido Revolucionario Dominicano, con 28 de cada 100. Un total de 13 de cada 100 ciudadanos no saben cuál partido será más exitoso en los próximos comicios.
Como el margen de error de este tipo de encuestas fluctúa entre cero y 3 por ciento, y la diferencia entre los tres partidos es de 2 a 1 por ciento, hay un empate técnico.
Esto significa que de prolongarse esta situación hasta el 16 de mayo del 2002, el Senado de la República, la Cámara de Diputados y los más de 115 municipios quedarían repartidos en tres partes casi iguales entre los perredeístas, reformistas y peledeístas.
De los 31 senadores (contando la nueva provincia de Ocoa) el PRSC podría ganar 11, el PLD 10 y el PRD 10. De los más de 150 diputados, cada uno ganaría más o menos 50.
Asimismo, de los más de 115 ayuntamientos, cada uno obtendría más de 30, y de los 400 ó más regidores irían aproximadamente 130 para cada uno (tomando en consideración que los partidos pequeños adquieren puestos de regidores y diputados por el sistema de la proporcionalidad).
YA BALAGUER Y EL PRSC NO SON LO PEOR
Cuando en 1996 el Partido de la Liberación Dominicana se unió al Partido Reformista Social Cristiano para lograr un triunfo sobre el Partido Revolucionario Dominicano rodó hecho pedazos el mito de que una organización y unos dirigentes surgidos y forjados en la misma sociedad y en la misma etapa de la historia podían ser inmaculados en comparación con sus competidores.
Esto en cuanto a los peledeístas, porque los perredeístas y reformistas nunca se creyeron inmaculados. Además, ya el país sabía de las alianzas coyunturales y de los entendimientos del PRD y el PRSC en los ayuntamientos, la Liga Municipal, el Congreso Nacional, la Junta Central Electoral y en otros escenarios dentro y fuera de los poderes e instituciones estatales.
Incluso en las coyunturas más extremas, como durante la crisis posterior a los comicios de 1978, el PRD aceptó negociar con el PR y el doctor Joaquín Balaguer para cederle, contrariando las leyes y la voluntad popular, cuatro senadurías y varias diputaciones, además de comprometerse a no aplicar la justicia a quienes robaron a sus anchas y cometieron miles de crímenes políticos durante los gobiernos de 1966 a 1978.
El PLD, fundado por Juan Bosch en 1973, había prometido una forma diferente de hacer política para hacer un gobierno distinto cuando llegase la ocasión. Pero a partir de 1996 el PLD se mostró tal como era: un partido más, con dirigentes iguales o más ambiciosos que perredeístas y reformistas.
El PRD, hipócritamente, quiso rasgarse las vestiduras cuando peledeístas y reformistas se dieron la mano para sellar su pacto político-electoral en el Estadio Olímpico. En realidad el dolor del PRD era generado por el hecho de que sabía segura su derrota y porque el doctor Balaguer escogió al PLD para darle su apoyo para la segunda vuelta electoral.
En consecuencia, se terminó para siempre la idea de que todo lo que proviniese de los reformistas y Balaguer era casi satánico, y que a todo aquel que surgido de la izquierda o de los sectores liberales que se acercase al viejo caudillo debía ser excomulgado, tachado, como el peor de los traidores, un apóstata, un malvado.
¿UNA ALIANZA PARA QUé?
Como el PRD, el PLD y el PRSC son iguales, la cuestión ahora no es si una alianza o pacto político entre dos o más de los tres grandes partidos es ética y/o moralmente reprochable.
Lo que habría que ver ahora es si conviene a uno u otro pactar alianza para los comicios congresionales y municipales del próximo año.
Cuando ocurrió la debacle electoral peledeísta de 1998 algunos de sus dirigentes más críticos advirtieron que si no se corregían las cosas no habría nada que buscar en los comicios presidenciales del 2000. Sin embargo, la mayoría de los dirigentes peledeístas repetían para sí y para la población que todo sería diferente, porque se trataba de una coyuntura totalmente diferente. Pero los resultados electorales dieron la razón a los primeros; en la población había quedado la impresión de que el PLD, electoralmente humillado en 1998, no estaba en condiciones de medirse al PRD.
Esto quiere decir que será un factor fundamental en los comicios presidenciales del 2004 lo que ocurra en las elecciones congresionales y municipales del 2002. Y siendo así, el PRSC, el PRD y el PLD deben sopesar serenamente lo que habrán de hacer en las elecciones del próximo año, si es que quieren hacer un buen papel en los comicios del 2004.
Una alianza del PRD con el PRSC aplastaría al PLD, de la misma manera que una alianza PLD-PRSC aplastaría al PRD, o una alianza PRD-PLD aplastaría al PRSC.
El partido que compita solo frente a dos de sus grandes competidores unidos la pasaría muy mal. Pero los que se unan en el 2002 podrían sufrir una consecuencia peor. En primer lugar no sabrían a ciencia cierta con cuánto apoyo cuentan en la población votante, pues cada uno de los aliados reclamaría para sí los votos que darían la victoria a la alianza.
Por otro lado, la confusión podría apoderarse de los militantes y simpatizantes de esos partidos, y podrían ser atraídos y captados por el partido aliado. Ya el PRSC sufrió este problema a partir del Frente Patriótico de 1996, y todavía no ha podido recuperar su lugar de competidor de primera línea, quedándose como un partido secundón.
En tercer lugar, los partidos que pacten en el 2002 podrían, fruto de la posible confusión señalada, debilitarse y dar la sensación a sus seguidores que serían derrotados por la organización que se quedó sola en la competencia, la cual afianzaría su identidad.
Vistas así las cosas, aunque se pueda desaprovechar la oportunidad para hacerse con una gran presencia en el Congreso Nacional y los ayuntamientos, probablemente lo que se gane en el 2002 devenga en un precio muy alto para los comicios más importantes, que son los presidenciales del 2004.
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