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SESENTA AÑOS DE MÚSICA SINFÓNICA EN DOMINICANA
Concierto conmemorativo
Por Antonio Gómez Sotolongo
El pasado viernes 3 de agosto se cumplieron seis décadas de la creación oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana, y en el auditorio del Palacio de Bellas Artes, la Secretaría de Estado de Cultura, la Dirección General de Bellas Artes y la Fundación Orquesta Sinfónica, Inc. presentaron el programa titulado Primer Concierto Conmemorativo.
Durante la velada se presentó dicha agrupación en un concierto que integraron las obras Elegía, de Ramón Díaz; Encuentro, de Dante Cucurullo; Serenata para Cuerdas Primaveral, de François Bahuaud; Fusón, de Amaury Sánchez; Merengue Fantasía, de Samuel Herrera; Sinfonietta 2000, de Caonex Peguero; Concierto para violín y orquesta en sol menor, Op. 26, de Max Bruch, obra en la que debutó como solista con la OSN la niña Aisha Syed Castro; y para finalizar se escuchó el merengue Santo Domingo, de Bienvenido Bustamante. Por el podio pasaron en total siete Maestros, el primero fue Fernando Geraldes, Director Asociado de la institución; seguidamente, cada compositor condujo su obra, piezas todas laureadas en certámenes nacionales. El maestro Julio de Windt, quien se despidió como Titular con este concierto y pasó a retiro, condujo las obras de Bruch y Bustamante, y, fuera de programa, dedicó al Presidente de la República, Hipólito Mejía, quien se encontraba en la sala, el merengue Caña Brava, de Toño Abreu, en arreglo de Jorge Taveras.
La velada fue una muestra del quehacer musical dominicano en los últimos años. Durante el concierto número 1589 la Orquesta Sinfónica Nacional interpretó un conjunto de obras, entre las que llamaron la atención Encuentro, y Sinfonietta 2000. La primera, es una pieza sinfónica, creada con los recursos armónicos, estructurales y tímbricos que revolucionaron la estética musical durante el siglo XX, pieza que no encajaría perfectamente en lo que algunos estetas han dado en llamar post-modernidad, pero que explota muy bien cada uno de los recursos orquestales que emplea. La segunda, es una obra que utiliza con un alto poder de síntesis las células rítmicas de algunos géneros musicales cubanos y del merengue dominicano. La obra está calada por el mambo, el bolero y la rumba y contiene citas bastante claras de temas populares sin llegar por ello en ningún momento, y me parece lo más importante, a convertirse en una obra bailable. Sinfonietta 2000 se nutre de la danza, pero no es para bailar, no es un mambo, ni un merengue, ni un bolero, no pretende trasladar a la sala de conciertos las funciones de la música bailable, sino que el autor hace una interpretación artística de aquellos ritmos y con ese material crea una obra sinfónica, una obra para escuchar de manera inteligente.
La mejor sorpresa de la velada fue sin dudas la actuación de la niña Aisha Syed Castro. Su preparación técnica y artística se sale de la media acostumbrada en el país entre los niños de su edad; su sonido, aunque todavía infantil, muestra ya, técnicamente, un alto grado de pureza. Pero ella tiene además algo muy importante, Aisha tiene lo que no se aprende: un sonido personal. Aisha ya tiene un concepto acertado del sonido, y eso es mucho. Tiene además, en ambas manos, un buen aparato mecánico que le permite ejecutar con claridad pasajes complejos. Si continúa ascendiendo en la infinita espiral del conocimiento técnico y artístico, ese concierto infantil que escuchamos el pasado día 3 de agosto será el preludio de una carrera profesional de altos quilates.
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