20 de Agosto de 2001 • Edición número 1,216
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La Policía y la Fiscalía de Nagua cambiarán de estrategia para su captura

Angito
el más buscado por la muerte del general Beauchamps Javier

Persecución policial ha hecho de Angito un mito, una persona de quien se dice que tiene un pacto con el diablo, pero que nadie ha visto, sólo la Policía en un confuso intercambio de disparos

Por Angel Barriuso

A la medianoche del 26 de diciembre del año pasado fue muerto de un disparo a la cabeza el general retirado Juan René Beauchamps Javier, cuando apenas había entrado a su casa de campo en la comunidad de Abreu, residencia que tiene una amplia vista al mar Caribe.

En esta zona de la provincia María Trinidad Sánchez el general Beauchamps Javier fue encargado de la recuperación de tierras del programa de Reforma Agraria aplicado en los años setenta por el gobierno del doctor Joaquín Balaguer, de quien se convirtió en uno de sus principales colaboradores, aun después de retirarse y siendo ya miembro del Partido Nacional de Veteranos Civiles.

¿Quién pudo matar a un general de los doce años de Balaguer? ¡Imposible! La fama de aquellos generales es conocida en todos los rincones del país. Son hombres duros, a quienes se hace casi imposible sorprenderlos ni doblarles el brazo. Y dadas las circunstancias por las cuales atravesaron, más de uno de estos hombres no descuida su frente ni la espalda. Lo contrario sería lo absurdo, la inexperiencia gratuita o sencillamente la ingenuidad.

La noche en que fue muerto, Beauchamps Javier portaba el fusil AR-15 que perteneció al coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, sólo que la dejó tendida sobre su cama, inadvertido o posiblemente por la pérdida de los reflejos normal en una persona de más de 70 años de edad y enfermo de diabetes.

Ese día no estaba supuesto que el general viajara a Nagua, municipio cabecera de la provincia. Su amiga Bienvenida Guzmán Almonte recibió una llamada suya mientras iba en camino, lo cual la sorprendió. Dada la llamada, ella le dijo que una pareja amiga residente en la zona los había invitado a cenar, y él lo aprobó diciéndole que estaría a tiempo.

Tan pronto llegó aparcó su yipeta en la puerta de entrada a la casa de Guzmán Almonte. Ella estaba atemorizada porque una ola de robos y atracos se había desatado entre Abreu, Cabrera y Río San Juan, y no hacía mucho de la muerte del canadiense Robert Ethier, de manera que al terminar la cena en casa de sus amigos Guzmán Almonte le recomendó a Beauchamps que se quedara.

ELLA TENÍA MIEDO, MUCHO MIEDO
Pero el general insistió, y decidió viajar solo hasta su casa de Abreu, metida en el fondo de una de sus fincas, a orilla de la costa, razón por la cual Bienvenida decidió seguirlo, y tan pronto llegaron a la casa observaron que algunas de las bombillas estaban encendidas, lo cual les resultó extraño, y tan pronto entraron notaron que alguien había estado allí y removido algunas de sus pertenencias. Fue entonces cuando Bienvenida sospechó que hubo un robo en la casa, cosa que confirmó al entrar a la habitación, donde pudo ver la cama desarreglada y las gavetas revueltas.

En la cocina estaba Beauchamps Javier, sin prestarle importancia a nada, hasta que Bienvenida lo condujo hasta la habitación, y fue cuando dejó caer su fusil en la cama y salió de vuelta a su yipeta para avisar a la Policía. Transcurrieron algunos minutos antes que Bienvenida escuchara un disparo. Salió y encontró el cuerpo de Beachamps Javier tendido sobre la grama.

Perpleja y asustada abrazó al hombre que agonizaba con un disparo a la cabeza, próximo a su yipeta, cuando fue tomada de los brazos, brúscamente, por un hombre a quien no reconoció. El hombre la montó en la yipeta y la trasladó hasta unos matorrales próximo a la casa. La violó y amenazó de muerte. La mujer, con los ojos cubiertos de lágrimas, notó cuando el hombre, flacucho, se retiraba.

Bienvenida reaccionó, montó la yipeta y arrancó velozmente, medio desnuda, en busca de ayuda de la Policía, pero la angustia y el pesar eran tan profundos que pasó por la puerta del destacamento policial sin darse cuenta, por lo que tuvo que girar hacia atrás. Fue así como la Policía local se enteró de los hechos, y de inmediato se llamó a la capital, porque se trataba de la muerte del general retirado Juan René Beauchamps Javier.

Pero, ¿quién lo mató? ¿Por qué lo mataron? ¿Fue un robo? ¿Actuó un simple malhechor o se trató de un crimen político? No faltaron las conjeturas, pues se trató de la muerte de un general de los doce años del doctor Balaguer, una persona con tantos amigos como enemigos, y al decirse que le sustrajeron el arma que perteneció a Caamaño mayores fueron las especulaciones.

Civiles y militares elaboraron sus teorías e hipótesis del crimen, excepto el general Rafael Bencosme Candelier, quien al observar las condiciones en que quedó la casa y sus alrededores sostuvo, desde el primer momento, que el móvil estaba muy claro. Su conclusión fue tajante: no había razón para pensar otra cosa, alguien robó y mató al ocupante de la casa.

Pero siempre hay quien dice lo que se cree, que está más allá de la simple vista. El hombre que mató al general habría permanecido el día completo dentro de una cueva de la loma que está a varios metros de distancia de la casa.

El alumbrado es escaso, pero se afirma que el victimario esperó pacientemente hasta comprobar que no había nadie en la casa. Y entró en la noche. Lo removió todo, encontró joyas, y estando el general muerto, tirado sobre la grama, le quitó el reloj, una cadena y un anillo. También se llevó las armas que encontró dentro de la casa.

NO FUE EL COQUERO
Interrogada por la Policía, Bienvenida Guzmán Almonte seguía confusa. Quizás creyó haberle visto la cara y cualquier seña particular al homicida, quien fríamente decidió violarla en un matorral alrededor de la una de la madrugada. Pero recuerda que el individuo medía unos 5 pies y 6 pulgadas de estatura, trigueño, de pelo ondulado y de cuerpo flacucho.

Con estos datos la Policía anduvo detrás de posibles sospechosos, y fue así como fue atrapado en El Hechal, de Nagua, Gilberto Antonio Paula, alias El Coquero, a quien también se le atribuyó la muerte del canadiense Robert Ethier, ocurrida dos días antes que la del general Beauchamps Javier. Pero ni una cosa ni la otra. Resultó que El Coquero sólo vendía cocos y participaba en la organización de viajes ilegales, lo cual fue admitido por sus familiares, quienes lo señalaron como una persona incapaz de matar y robar.

Descartado este primer sospechoso, el tiempo pasó tan rápido que casi se perdían las esperanzas de que se descubriera la verdad sobre la muerte de Beauchamps Javier hasta que la Policía logró apresar a un grupo de personas señaladas como amigos de un tal Angel Martínez Candelario, a quien apodan Angito.

Entre los apresados figuran José Alberto Pérez Concepción, José Eugenio Núñez y Josefina Altagracia Vargas Castillo, alias Ingris, supuesta concubina de Angito. Se asegura que alguien contó a la Policía que Angito fue quien mató al general.

COMIENZA LA PERSECUCIÓN DE ANGITO
De esa forma la Policía ubicó la compra-venta Castillo, en Cotuí, donde Angito habría empeñado el reloj y otras prendas de la víctima. Los hechos fueron asegurándoles a las autoridades policiales que iban detrás del hombre que efectivamente mató al general Beauchamps Javier.

“Hay que decir que la Policía y nosotros estamos interesados en agarrarlo vivo. Es nuestro interés para presentarlo a la opinión pública para despejar cualquier tipo de dudas que haya surgido en torno a la muerte del general Beauchamps Javier”, expresó el fiscal de Nagua, José Hilario Bidó.

Pérez Concepción, amigo de Angito, habría informado a la Policía que éste lo llevó a una cueva donde le confesó que robó y mató al general Beauchamps Javier, y que se dedicaba a cometer atracos en Abreu, Río San Juan y Cabrera.

La Policía localizó en otra tienda de Cotuí, que vende celulares, otros objetos pertenecientes al general Beauchamps Javier, y los cuales le fueron comprados a Josefina Altagracia Vargas, la cuncubina de Angito, por tres mil pesos. Esto fue el día de Jueves Santo.

Cuando se mostró una fotografía de Angito a Bienvenida Guzmán Almonte ésta no dudó en identificarlo como el hombre que la había violado.

Sobre Angito pesa la acusación de matar al canadiense Robert Ethier, en la madrugada del 24 de diciembre del año pasado, en el proyecto turístico Los Farallones, en Cabrera. También de asesinar a Guadalupe Méndez, la madre de Madelin, una niña de nueve años a quien Angito se llevó, junto a la madre, y hasta el momento se desconoce si vive o está muerta. El cuerpo de Guadalupe Méndez fue hallado en estado de descomposición.

Pero nadie dice haber conocido a Angito. En la calle Libertad, del barrio Buenos Aires, en Río San Juan, donde vivió por largo tiempo, de acuerdo con las investigaciones de la Policía, pocos dicen haberlo visto, excepto el rumor de algunos niños que dicen haber oído a sus padres hablar de Angito como el muchachón que trabajó en la construcción de una cerca del Caribean Village Resort.

EL MITO
El fiscal José Hilario Bidó no cree que el operativo policial haya fracasado. Pero José del Carmen de la Cruz, residente en Cabrera, con 67 años de edad, piensa que Angito es ya una persona inexistente. Nadie lo ha visto. “Sólo se dice que está allí, que estuvo aquí, que se le escapó a la Policía, pero nadie lo ha visto”.

“Ya ni creo en Angito” , dice, “porque es tanto lo que se habla de él…y nunca lo atrapan”. Hace varias semanas que cuerpos especializados de la Policía recorrían la zona y patrullaban día y noche. La gente se mantenía intranquila, porque donde había un grupo de ciudadanos la Policía registraba y desbarataba el grupo. Pocos se atrevían a salir de noche en Abreu, en Cabrera o en Río San Juan.

Pero todos los días, señala el fiscal, aparece un ingrediente nuevo. Los moradores de esas comunidades hacen denuncias permanentes de robos. La gente quiere ya que lo apresen y colabora para su apresamiento, aunque “creo que ya Angito no está en la zona donde originalmente se le ha estado buscando. Se ha movido, pero esto no quiere decir que haya escapado al cerco policial”.

Juan Hilario, quien es profesor de la escuela primaria de Abreu pero vive en Cabrera, dice que la gente que muestra mayor temor por la presencia de Angito es la que vive en la zona rural.

Pero este Angito casi se ha convertido en una leyenda. Se le escapa a la Policía y se muestra ágil ante cualquier cerco. La propia Policía admite que Angito conoce perfectamente el área en que se mueve, las cuevas y las montañas. Tiene 32 años de edad y un cuerpo atlético.

Treparse por estas lomas es agotador. Hay piedras filosas, arbustos espinosos y una vegetación abundante, y entre las lomas y piedras cuelgan bejucos, cual sogas. En la cueva de El Jamo, lo mismo que en la de El Caribe han encontrado objetos que se cree fueron dejados por Angito. En la loma de El Caribe, de difícil acceso, una noche fue cercado y dicen que trepó por los bejucos logrando escapar.

Igual ocurrió en El Jamo, donde hay cuevas de dos y tres niveles, tan oscuras como la boca de un lobo y algunas con salida al mar, y dicen que Angito las anda como perro por su casa. Esto ha provocado que la fama de Angito crezca cual verdolaga.

Francisco Duarte, síndico de Río San Juan, descarta que la persecución contra Angito haya afectado el turismo de la zona, pero admite que la gente de las zonas rurales siente algún tipo de temor porque Angito está considerado como una persona peligrosa. La Policía ha distribuido fotos y se ha reunido con los síndicos, sus ayudantes, lo mismo que con los alcaldes pedáneos. Pero donde la gente se siente más amenazada es en Matapuerco, El Caribe, Caletón, Bretón y en Abreu, donde los operativos son constantes.

“Pero hasta que la Policía y la Procuraduría Fiscal no atrapemos a Angel Martínez Candelario, no descansaremos. Se está diseñando otra estrategia para lograr el objetivo, y el interés de las autoridades policiales y civiles es atraparlo vivo para presentarlo ante la opinión pública y despejar cualquier duda sobre el caso Beauchamps Javier”, afirma el fiscal José Hilario Bidó.

La Policía ha rastreado las cuevas Romedillo, El Bretón, El Caribe, Los Naranjitos, El Dudu, El Indio y El Zapote, entre otras. El coronel José Polanco, de la Policía Nacional, es quien dirige las tropas.

El fiscal Hilario Bidó insiste: “no nos daremos por vencidos, a este hombre lo atraparemos”.



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