20 de Agosto de 2001 • Edición número 1,216
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La persecución de Angito
recuerda las de Enrique Blanco y Correa Cotto

Las historias de Enrique Blanco y del puertorriqueño Antonio Correa Cotto fueron llevadas al cine y sirvieron de inspiración para merengues populares

Por Santiago Estrella Veloz

La espectacular persecución policial del elusivo Angel Martínez Candelario, mejor conocido como Angito, acusado de la muerte del general retirado Juan René Beauchamps Javier, evoca las andanzas de dos personajes que con el tiempo se han convertido en leyendas: el dominicano Enrique Blanco y el puertorriqueño Antonio Correa Cotto, este último un bandido que ganó fama por la facilidad que tenía para burlar los cercos que en la década de 1950 le tendió la Policía.

Las historias de Blanco y Correa Cotto fueron llevadas al cine y sirvieron de inspiración para merengues populares que los más viejos recuerdan, algo que todavía no ha ocurrido con Angito, fugitivo de reciente data.

Los tres pertenecen a la historia de hombres valientes, pero peligrosos, involucrados en hechos delictivos como robos o asesinatos, como ahora es el caso de Angel Martínez Candelario, principal sospechoso de la muerte a tiros del general Beauchamps Javier, exsecretario de las Fuerzas Armadas, hecho ocurrido en la sección Abreu, municipio de Cabrera, en la provincia María Trinidad Sánchez (Nagua), la noche del 26 de diciembre del año pasado.

Con relación a ese asesinato han sido interrogadas decenas de personas, aunque actualmente sólo guarda prisión el nombrado Gilberto Paula Rosario, alias El Coquero, a quien se le atribuyen otros actos delictivos, entre ellos el robo de una pistola al alemán Gert Peter Grohmann.

Los familiares de El Coquero acusaron a la Policía de haber golpeado “brutalmente” a su pariente para que se responsabilizara de la muerte de Beauchamps Javier. En el interrogatorio que la Policía practicó a El Coquero, publicado por [A]HORA en su edición número 1,188 del 29 de enero de este año, no se menciona el nombre de Beauchamps Javier.
Una mujer que acompañaba al general la noche del crimen, Bienvenida Guzmán Almonte, de 37 años, dijo que fue violada por uno de los asesinos. Esa mujer fue interrogada varias veces, pero luego fue puesta en libertad.

PARECE UN FANTASMA
El nombre de Angito salió a la luz pública según avanzaron las investigaciones. Se calcula que en la persecución del fugitivo, en un solo día durante el mes de julio pasado, la Policía Nacional llegó a movilizar más de 1,000 hombres que durante varios días rastrearon inútilmente lomas y cuevas cercanas al municipio de Cabrera, donde muchos atestiguaron haber visto a Angito, al que atribuyen también asaltos a pulperías en las que se surtió de comida para poder subsistir en las lomas.

Pero Angito, de quien se dice es un excelente conocedor de la región, donde existen cientos de cuevas, en todos los casos ha logrado burlar a sus perseguidores.

En una ocasión incluso se informó que le tumbaron a tiros una canasta con comida que llevaba en la cabeza, sin que las ráfagas de los fusiles lograran alcanzarle, como si se tratara de un fantasma. El 31 de agosto pasado Angito escapó nuevamente de un cerco tendido por la Policía de Cabrera, luego de diez días de intensa búsqueda y varios enfrentamientos a tiros, pues el hombre anda armado. Logró escapar de manera inexplicable de la cueva en la que habría sido ubicado en la comunidad de La Catalina.

La búsqueda del fugitivo se ha concentrado en otras cuevas que existen en fincas de Cheperacero y Los Alemanes, ubicadas a un kilómetro del balneario El Saltadero, como también en El Charco y El Jobo, donde se dice que una persona puede vivir “hasta un mes sin ningún inconveniente”.

La Policía ha rastreado las cuevas llamadas Medillo, El Bretón, La Caribe, Los Naranjitos, El Dudu, El Indio y El Zapote, sin ningún resultado.

Las versiones que circulan aseguran que Angito se refugió en una de esas cuevas, pero cuando los policías llegaron y la rodearon éste desapareció como por encanto, dejando tras de sí restos de comida como única evidencia de que estuvo allí. La gran pregunta que todos se hacen es cómo logró escabullirse.

Residentes en Arroyo al Medio, de Nagua, dijeron haber visto a un hombre “vestido de negro y con un bulto”, pero cuando la Policía llegó no apareció persona alguna con esas características.

LA LEYENDA DE ENRIQUE BLANCO
Gentes de los campos, sobre todo personas de edad avanzada, asocian la agilidad gatuna de Angito con la del legendario Enrique Blanco, al que erróneamente se le atribuyen condiciones de héroe, cuando no fue más que un desertor de las filas del Ejército contra quien se emitió una orden de captura.

Las dificultades de las patrullas para dar con el paradero de Enrique Blanco, a las que ponía en ridículo, sirvieron de motivo para que la figura del fugitivo se agigantara, posiblemente porque era un símbolo de resistencia en contra de un régimen que, como el del generalísimo y dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, no permitía tales rebeldías.

La voz popular decía que Enrique Blanco tenía la facultad de convertirse en tronco o animal; que en una ocasión buscaron nueve brujos para sumarse a las patrullas hasta que se dieron cuenta de que en lugar de nueve había diez, pues él estaba entre ellos, aunque logró escapar.

Enrique Blanco Sosa era hijo de Eugenio Blanco y Euvardina Sosa. Nació en Tamboril, Santiago, el 14 de enero de 1907, y prefirió suicidarse antes de ser capturado el 24 de noviembre de 1936.

Junto a su cadáver las autoridades encontraron un macuto con escasas pertenencias, entre ellas ropa sucia, una bayoneta, varias oraciones, siete cadenitas de fantasía, dos recuerdos o amuletos, varias oraciones, un casquillo de bala disparada y tres sin disparar, junto al revólver calibre 38 con cacha de madera y una gorra muy deteriorada.

Un investigador de la vida de Enrique Blanco, el periodista Rafael P. Rodríguez, sostiene que “nunca fue un mártir, pues nadie reclamó en él una causa libertaria o patriótica ni el haber anhelado una muerte gloriosa. Enrique Blanco es una leyenda popular de esas que de tiempo en tiempo brotan de los amurallados anecdotarios pueblerinos”.

Según parece, Angito va por ese mismo camino, pues ha demostrado ser tan huidizo como Enrique Blanco o como el bandido puertorriqueño Antonio Correa Cotto, quien se refugiaba en los cañaverales de su país y, al igual que Enrique Blanco o ahora Angito, siempre se esfumaba como por arte de magia.




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