Max Puix
Sobre los pueblos del Caribe
El Caribe ha sido, y sigue siendo, un cruce de caminos. Son muchos los que aquí se han encontrado. El conquistador europeo hizo de la región escenario de sus enfrentamientos convirtiéndola, al decir de Juan Bosch, en frontera imperial.
Hoy día, el Caribe es uno y múltiple. La diversidad de culturas y el gran número de Estados y territorios que lo componen fueron signados por un mismo y único proceso histórico. La forma de ser de los diferentes pueblos, las actitudes y los comportamientos de su gente, quedaron marcados por su pasado esclavista y por la manera específica en que se produjo en cada uno de ellos la colonización. También, por el modo en que las distintas colectividades y sus pensadores fueron interpretando y asumiendo su pasado, al irse constituyendo en entidades nacionales particulares.
La influencia de las distintas metrópolis fue decisiva. Es en este sentido que se ha hablado de Caribe hispano, inglés, francés u holandés. También lo hubo danés. Todo quedó organizado para que cada pueblo de la región mirara más hacia su respectivo centro metropolitano que en dirección a sus vecinos más cercanos. De ahí que el bovarismo y otras formas de mimetismo cultural les haya caracterizado a lo largo de su historia.
Los contactos e intercambios de los pueblos caribeños entre sí se han visto dificultados. También se han creado distancias entre los pueblos del Caribe no hispano y los latinoamericanos. Andrés Serbin, reconocido estudioso del Caribe, es de los que se ha preocupado por entender cuáles han sido las barreras que han contribuido a mantener estos alejamientos.
Al pasar revista a las características culturales, sociales, políticas y económicas que distinguen los países del Caribe de habla inglesa de los países latinoamericanos, Serbin se refiere a las diferencias lingüísticas y a las distintas tradiciones culturales e intelectuales que predominan en unos y otros. También al hecho de cómo matrices coloniales diferenciadas generaron identidades étnicas distintas: mientras en la generalidad de los países de América Latina se desarrollaron ideologías nacionales que ponen de relieve el carácter mestizo de sus poblaciones, como lo ha destacado Darcy Ribeiro, en el Caribe angloparlante han predominado ideologías nacionales que subrayan una identidad afro-caribeña.
Los sistemas políticos también son diferentes. Mientras en América Latina predominan los sistemas republicanos presidencialistas, en el Caribe de habla inglesa se han establecido, a partir de 1962, democracias parlamentarias inspiradas en el modelo de Westminster, que mantienen lazos particulares, inclusive constitucionales, con la antigua metrópolis. También hay diferencias económicas importantes, si se toma en cuenta que la mayor parte de las naciones del Caribe siguen teniendo economías poco diversificadas, particularmente vulnerables frente a factores económicos externos.
Estos contrastes han dado pie al surgimiento de percepciones mutuas diferenciadas. En el Caribe anglófono se tiende a ver muchas veces a las sociedades latinoamericanas como poco institucionalizadas, proclives a la inestabilidad política y a ejercer la discriminación racial frente a las personas de origen africano. En América Latina, en cambio, se percibe en general el Caribe de habla inglesa como muy particularista y apegado a sus vínculos con el mundo anglosajón, tanto a nivel de sus tradiciones intelectuales como de sus sistemas y culturas políticas. También se señala a menudo el marcado acento racial que se manifiesta en el discurso de sus élites políticas. Es preciso acordarle la mayor importancia a estas percepciones mutuas. Si no se les presta la debida atención ello puede contribuir a acentuar las diferencias.
No se debe olvidar que las élites políticas del Caribe angloparlante mantienen entre sí un contacto muy estrecho. Sus mandatarios y altos funcionarios se reúnen de manera regular, varias veces al año, en ambientes en los que se combinan el trabajo y el intercambio informal. Según el tratado de Chaguaramas, que asocia a los Estados del Caribe de habla inglesa, sus miembros se comprometen a concertar sus puntos de vista en el campo internacional.
Todo esto debe ser tenido muy en cuenta por una República Dominicana que ha avanzado en sus relaciones con sus vecinos del Caribe durante los últimos diez años. Su participación común en los acuerdos de Lomé IV y Cotonú, firmados con la Unión Europea, ha generado múltiples acercamientos en el seno del CARIFORUM o Foro del Caribe. Algunos de los programas ejecutados dentro de este marco han sido sumamente provechosos, como ha sido el caso del Programa Regional Universitario del Caribe, en el que participan tres importantes universidades dominicanas (PUCMM, UCSD y UNPHU), junto a la West Indies University.
Durante la presidencia del Doctor Leonel Fernández la República Dominicana dio pasos para ampliar su escasa representación diplomática en los países de la región, negoció y firmó un tratado de libre comercio con la CARICOM y tomó una iniciativa de envergadura al proponer una alianza estratégica entre Centroamérica y el Caribe. No obstante, es mucho lo que falta por entender y por hacer.
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