13 de agosto de 2001 • Edición número 1,215
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El PLD y el PRSC
se distancian

Por Gustavo Olivo Peña

La colaboración y el acercamiento de Joaquín Balaguer con el gobierno y el Partido Revolucionario Dominicano, y las más recientes críticas de dirigentes peledeístas al líder reformista, han distanciado al Partido Reformista Social Cristiano del Partido de la Liberación Dominicana.

Sorprende que, a pesar de las críticas de Balaguer a los trabajos del Comité Olímpico en el Parque Mirador del Este, y a sus amenazas de endurecer su oposición al gobierno, el líder reformista renovara recientemente sus afectos con el presidente Hipólito Mejía y el presidente del PRD, Hatuey Decamps.

Estos amoríos del PRSC y el PRD vienen de lejos, desde 1998, cuando Balaguer le negó al PLD la oportunidad de pactar para hacer un mejor trabajo en los comicios congresionales y municipales, acción que se repetiría en los comicios del 2000.

Producto de este entendimiento, Balaguer ordenó a sus legisladores, sobre todo en la Cámara de Diputados, apoyar todos los proyectos provenientes del Poder Ejecutivo, en particular los contratos de préstamos, y a cambio el PRD le reelegirá a Rafaela (Lila) Alburquerque en la presidencia del hemiciclo.

Estos amoríos de Balaguer con el PRD han generado tanto encono en los peledeístas que un dirigente tan importante como Bautista Rojas Gómez, senador por Salcedo, consideró política la oposición del líder reformista a los trabajos en el Mirador del Este y le enrostró que había estado colaborando con Gobierno.

En términos similares se pronunció Norge Botello, quien dijo que los peledeístas no apoyarían el movimiento generado por Balaguer, aunque emitían sus propias críticas al Gobierno por lo que ocurría en el Mirador del Este.

Y nada más y nada menos que el secretario general del PLD, Reynaldo Pared Pérez, dijo que se alegraba de que algunos diputados perredeístas estuviesen tratando de impedir la reelección de Lila Alburquerque, porque el PRSC había estado complaciendo al Gobierno y al PRD con la aprobación de los proyectos enviados por el Poder Ejecutivo.

Y en la última visita del Presidente Mejía y el presidente del PRD a la casa de Balaguer se habló hasta de la posibilidad de un futuro pacto político-electoral. Y si el PRSC y Balaguer están tan cerca del PRD es porque, necesariamente, se han distanciado del PLD.

BENEFICIOSO PARA EL PLD
Este distanciamiento PRSC/Balaguer del PLD, lejos de pesar negativamente sobre el peledeísmo podría convertirse en su mejor aliado para asegurarse un espacio político propio y digno. Al PLD, tanto como al PRSC, les conviene despojarse de la imagen de partidos secundones, incapaces de competir individualmente con el PRD.

Para el PRD estos amoríos con Balaguer y el PRSC sirven a sus propósitos de tener más y más poder. Porque el PRD se comporta como si nada ni nadie lograra saciarle sus ambiciones desmedidas de poder; aspira a seguir con su mayoría aplastante en el Senado, en los ayuntamientos y en la Cámara de Diputados, además de mantenerse en el Poder Ejecutivo más allá del 2004.

Para el PRD, a juzgar por las torpezas que está cometiendo desde el gobierno, el poder es un fin en sí mismo, y no se esfuerza por legitimar su presencia en todos los poderes del Estado con una buena gestión de gobierno para las mayorías.

En el caso del PLD, la siempre presente posibilidad de un pacto electoral obliga a un partido tan importante a ser excesivamente complaciente con los líderes y partidos a los cuales considera potenciales aliados.

De una alianza coyuntural en 1996, el PLD pasó a asemejarse de tal manera con el PRSC que terminó por disputarle el papel de principal partido conservador de la República Dominicana. Este rompimiento con Balaguer y el PRSC, de prolongarse hasta y más allá de los próximos comicios, podría forzar al PLD a volver a su papel de partido liberal, llamado a ocupar con dignidad el espacio de la centro izquierda.
Lo contrario sería empeñarse en contar con un aliado que no está obligado con los peledeístas, y que sí podría seguir cobrándoles caro el apoyo dado en 1996.

¿ALIADO NATURAL?
De Joaquín Balaguer y del Partido Reformista Social Cristiano, emblema del conservadurismo y los grupos sociales que surgieron o se fortalecieron como clase gracias al amparo de la dictadura trujillista, han dicho las más importantes voces del peledeísmo que constituyen su aliado natural.

Euclides Gutiérrez Félix, abogado, educador y escritor, dirigente avezado y conocedor del mundillo político dominicano desde hace más de 40 años, es quien mejor ha elaborado la tesis de la alianza natural entre el Partido Reformista Social Cristiano y el Partido de la Liberación Dominicana.

Para Gutiérrez Félix, que no se anda por las ramas cuando de exponer y defender sus ideas se trata, el absurdo más grande para el PLD sería tratar de ganar espacio en la población imitando el proceder tradicionalmente populista del PRD, pues en la República Dominicana “no caben” dos partidos similares.

Otros, menos ríspidos que Gutiérrez Félix a la hora de valorar al partido del cual surgió el PLD en diciembre de 1973, opinan que perredeístas y peledeístas compiten por el mismo espacio político, por el segmento liberal y/o de centro izquierda, y por tanto nunca podrían conciliar intereses.

Desde este punto de vista es más factible que un liberal pacte con un conservador, coyunturalmente, para derrotar al rival liberal.

Este criterio sirvió al PLD, y sobre todo a Leonel Fernández Reyna (quien lo tuvo muy claro a partir de los acontecimientos de las elecciones de 1994 que llevaron al extremo las contradicciones entre el PRD y el PRSC y el doctor Balaguer), para hacerse con el poder en los comicios de 1996, sólo dos años después de haber caído en el tercer lugar de las preferencias electorales.

Una vez alcanzaron el poder, los hombres y las mujeres del Partido de la Liberación Dominicana trataron por todos los medios de mantener el apoyo del Partido Reformista Social Cristiano y, sobre todo, de Joaquín Balaguer.

Pero las cosas no resultaron como calcularon los peledeístas, sobre todo los altos dirigentes del partido morado. En primer lugar porque limitaron su estrategia de halagar y mantener contento a Balaguer, en el entendido de que él, y sólo él, tenía el dominio absoluto del PRSC, y que a cualquier mandato suyo correrían los reformistas a pies juntillas.

En consecuencia, el gobierno del PLD mantuvo contentos a los más cercanos seguidores de Balaguer, a los que siempre rondan la casa número 25 de la avenida Máximo Gómez (Rafael Bello Andino, Aníbal Páez, Guaroa Liranzo, Amable Aristy Castro, Víctor (Tito) Hernández y Luis Toral).

A las bases reformistas prácticamente las emplazaron a pasarse a las filas del peledeísmo, pero de una manera marginal, como peledeístas de segunda categoría, vía los denominados “movimientos de apoyo” (en un momento hubo más de 200 y con los nombres más extraños: Movipaleón, Mpeleo, Ayudemos a Leonel a Gobernar, Nuevo Camino, etc.).

El reformista de las bases que no dijera presente en los planes continuistas del PLD, primero con Leonel Fernández (pues la reelección vía una reforma constitucional estuvo en sus planes), y después con su alter ego, Danilo Medina, era sacado de la administración pública.

Pero también el PLD cometió el error de dar la espalda e incluso maltratar a importantes dirigentes del PRSC, como el ingeniero Federico Antún Batlle y a su familia.

LECCIÓN NO ASIMILADA
El poder emborrachó de tal manera a los hombres y mujeres del PLD que, no sólo llegaron a declarar que se mantendrían en el poder por 30 años o más, sino que profetizaron que el PRD y el PRSC desaparecerían de la vida política nacional o quedarían reducidos a grupos insignificantes.

Estas visiones nostradámicas partían de la premisa de que el PLD estaba haciendo un gobierno tan bueno, que había transformado de tal manera la sociedad dominicana, que el pueblo le correspondería otorgándole al partido morado el triunfo en los comicios congresionales y municipales del 1998 y en los presidenciales del 2000, y en todos los futuros

certámenes electorales. Al PRD le pronosticaban, sobre todo después que desapareciese José Francisco Peña Gómez, la fragmentación en cientos de grupos. Al PRSC, con un desprecio inexplicable al partido que había llevado a los peledeístas al poder, le aconsejaban que asumiera como un hecho su pronta desaparición, y que la manera más honrosa y menos traumática de hacerlo era fusionándose de inmediato con el PLD.

En las ruedas de prensa del PLD antes de los comicios de 1998 eran presentados alegados perredeístas y reformistas que decidían dejar sus partidos para pasar a grupos de apoyo peledeístas.

Pero los resultados de las elecciones del 16 de mayo del 1998 desmontaron esta farsa: el PLD sólo obtuvo 4 de 30 senadores, 49 de 149 diputados; dos o tres síndicos de un total de 115; algunas docenas de regidores, de cerca de 400 en todo el país. Todo el país esperaba que esta humillante derrota sacudiese al PLD, le hiciese bajar de su altar sagrado para comunicarse directamente con la población.

Pero lejos de volverse humildes, de inclinar la cerviz, los dirigentes del PLD quisieron justificar su derrota en el hecho de que supuestamente la muerte de José Francisco Peña Gómez había inclinado a la población a dar un voto de cariño y compensación al PRD.

Los más petulantes llegaron más lejos: afirmaban que el PLD efectivamente había ganado las elecciones, y por tanto no tenía que cambiar nada de lo que había venido haciendo desde el poder. Y, claro está, no podía faltar el chivo expiatorio favorito de los malos políticos dominicanos cuando fracasan en sus aspiraciones: la prensa.

La más socorrida de las justificaciones del PLD era que la prensa dominicana estaba dominada por el PRD; que la gran mayoría de los periodistas son perredeístas, y que por tanto había una especie de plan o tinglado diabólico para desacreditar todo lo que hiciese su gobierno. A juicio de los peledeístas, esa prensa era parte de una conspiración mediática, y todo lo bueno del gobierno era presentado a la población como malo y erróneo.

Era cuestión de percepción: el país estaba bien, pero la gente percibía que estaba mal, porque los medios se encargaban de hacer que se percibiese de esta manera.

Desde el poder y desde las filas del PLD, cual una especie de Aleph, el mundo se veía de una manera muy distinta. Pero pasaron los años y llegó el momento de consultar en las urnas al pueblo dominicano.

De nuevo los partidos pasarían por la prueba de someterse al único día en que el pueblo es soberano en un país democrático: las elecciones para decidir quiénes le gobiernan.

El primer absurdo del PLD fue elegir, por métodos nada democráticos (el famoso voto de organismos, no de individuos), al menos apreciado de sus precandidatos, Danilo Medina, cerrando el paso a quien según las encuestas debía ser su mejor candidato, Jaime David Fernández Mirabal. Se decidió vender al mercado electoral un producto que de antemano había sido rechazado.

La población no creyó en el producto político llamado Danilo Medina. Y no creyó porque su partido, el PLD, tampoco creyó en Medina. Los dirigentes peledeístas se mostraban sobreactuando cuando resaltaban las virtudes de su candidato.

Es más, el propio Medina se mostró incrédulo en sí mismo, y antes que hacer propaganda efectiva a su propia causa dedicó los mejores esfuerzos de su campaña a tratar de convencer a la población de las bondades de Joaquín Balaguer y el PRSC.

De esta manera, los dirigentes peledeístas supeditaron cualquier posibilidad de triunfo a que pudiesen conseguir el segundo lugar en la primera vuelta electoral, para luego diligenciar el apoyo de Balaguer.

Llegada la ocasión, el doctor Balaguer humilló a los dirigentes del PLD negándoles el apoyo para una segunda vuelta electoral. Y fue lo más juicioso. El PLD había socavado las bases del PRSC, comprando con botellas y otros favores a los reformistas de las bases. Y algunos dirigentes reformistas acusaban al PLD de haber comprado cientos de miles de cédulas de reformistas.

Si el PLD y el PRSC acudían a una segunda vuelta se exponían a una derrota todavía más humillante. Hipólito Mejía y el PRD prácticamente habían alcanzado el 50 por ciento de los votos (49.7%) para ganar en la primera vuelta, y sólo tendría que hacerse de unos cuantos sufragios más para ratificar su victoria.

Por eso Balaguer negó al PLD la limosnita implorada por Medina y su equipo político.

Pero hoy, como entonces, la mayoría de los dirigentes peledeístas encuentran pesada la tarea de conseguir y contar con sus propias fuerzas para ganar las elecciones, y siguen culpando a otros de sus errores y problemas. Tienen hoy un partido abierto, que aspira a convertirse en uno de masas, pero sus dirigentes no salen a conquistar las masas, esperan que éstas acudan a ellos, esperan que el pueblo busque al PLD, y no el PLD al pueblo.


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