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Caminante en torno
a la cuestión urbana
El día 15 de agosto en Casa de Bastidas abre la exhibición del más reciente trabajo de Limber Vilorio, Caminantes de la Ciudad Herida
Por Pedro Canó
La historia que se cuenta es una odisea en sentido primario. Es un regreso a casa, a la casita del barrio que, en la pintura, cuelga como utilería muda, torva. Se intenta dotar de símbolos al espacio urbano y tornarlo hacia sí, delatando de esa forma la alienación de éste respecto de sus habitantes, ya convertidos en fichas del juego de la ciudad.
La muestra consta de veintitrés obras de pintura, sobre tela y sobre papel, así como un traje que obtuviera mención en la última Bienal de Santo Domingo. El traje fue especialmente diseñado para caminar por las calles de Santo Domingo, la ciudad herida.
También se exhibirá un video que se ambienta en las calles y que tendrá al traje de Vilorio como protagonista de la odisea del peatón que camina las calles de esta casi urbe, pueblo grande que juega a ser ciudad. La música del video, El Niágara en Bicicleta, a propósito del peatón.
La ciudad es un ente vivo que hace sufrir al peatón los rigores de su estertor. El juicio sirve como punto de partida para desde allí ejecutar propuesta del artista.
Primero fue el traje para caminar en Santo Domingo, que tiene elementos de la necesidad cotidiana de la gente e interpreta, en cierto modo, el vestido de los deambulantes, de los desquiciados que, peatones también, recorren las calles de la ciudad, la ciudad herida.
La pintura es, en cambio, una reflexión sobre el lirismo de la ciudad. Un toque onírico y un juego de manos contrapuestas a los pies que caminan. La exhibición es, en un sentido, un trabajo de denuncia. Su carácter de denuncia le viene dado en tanto descripción y reflexión en torno a la épica del peatón. Insustituible es, sin embargo, el lirismo, que se sirve de Vilorio antes que el artista del lirismo, para urdir la trama de los que caminan entre bache y automóvil, un charquito amenazante por aquí y un ruidoso motorista por allá.
La exhibición consta de dos momentos. Hay una conexión entre ambos. Una parte la componen el traje, el video y algunos textos. La otra parte corresponde a la pintura. El acuerdo temático, sin embargo, resulta en una dicotomía de medios y en una discusión respecto de la función de lírica y épica en el momento actual de la creación dominicana.
La aparente dicotomía es un ejercicio de interconectividad cuyo propósito es mostrar al objeto de arte como resultado de un proceso inconsciente de apropiación de códigos en dos dimensiones diferentes. La componente pictórica, imbuida de una necesidad de reacción que no transige es el producto de un sueño, acaso de la pesadillla del transeúnte, el sueño cruento de la ciudad de los sueños. La componente objetual y audiovisual conspira y construye su propia versión de la historia de los transeúntes.
El artista
Su exhibición anterior, que presentó junto a José Miura, tuvo como eje el teatro y la lírica en el teatro. Se llamó Ofelia o la Pureza.
Ese lirismo, este onirismo y su admiración casi perplejidad por la obra de los vieneses, de Gustav Klimt el gran señor reaccionario son su trampa. Nadie lo conmina a involucrarse con el símbolo, pero no puede escapar.
Su trayectoria ha sido errática. Ha bebido de diversas fuentes, desde la electrónica hasta la música. Desde la tekné hasta la poiesis y viceversa.
Desde pequeño quiso hacerlo todo. A los catorce años, para su sorpresa, obtuvo un premio internacional de dibujo otorgado en Jerusalén. No había escapatoria. Allí fijó su vocación, o talvez ella se fijó en él. Hoy, a la altura de su tercera individual, es apóstol de su obra.
Su formación, admite, es tradicional. Lo demás lo aprende fuera de la academia. El traje, por ejemplo, es un desliz, desde la óptica de la tradición, y un atrevimiento.
Arte y contemporaneidad
El artista puede ser contemporáneo e insertarse como artista contemporáneo desde las técnicas y los medios tradicionales, pero habrá menester de un concepto que lo haga transitar desde un punto a otro. La preocupación por lo actual es la que determina la contemporaneidad de una obra. Su clara enunciación, su defensa del medio pictórico que no su defensa de la preeminencia de dicho medio es contigua con su preocupación por la contemporaneidad.
En su opinión, hay una intención en el artista que se construye y destruye, que se fragua en el concepto y se resuelve en la técnica, en los medios, en la adquisición de un saber y un haber técnico y tecnológico que no aporta con su sola presencia, sino en la medida en que se transforma a sí mismo a partir del concepto en obra de arte.
Tekné y poiesis
La muestra de Vilorio intenta, en rigor, en candor, reestablecer el nexo entre ambas formas de apropiación de la realidad, tekné técnica y poiesis la poesía.
La confrontación deberá tener lugar en un dominio que sea, por un lado, familiar para la tecnología esto es, revelador y, por el otro, fundamentalemente diferente. Ese dominio es el arte. Así reaccionaba Martin Heidegger a la discusión que plantea esta muestra, la relación entre arte y técnica, que en el mundo griego presocrático no era problema insoluble, toda vez que el conocimiento era la revelación, la Alethea, que se lograba con el alma y las manos, con la tekné y la poiesis dos caras de la misma moneda, con el rigor del traje y el somnoliento ambiente de los acrílicos de Limber Vilorio.
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