13 de agosto de 2001 • Edición número 1,215
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Los jóvenes campesinos aprenden a moldear el bambú

Los chinos de Taiwán los entrenan para que construyan muebles, artesanías y hasta viviendas y los más sobresalientes se han convertido en instructores.


Por Santiago Estrella Veloz

Jóvenes de diversas comunidades de Juma, en Bonao, y Samaná, en el Nordeste, reciben actualmente entrenamiento para confecc
Luis Medrano
ionar muebles y artesanías de bambú, planta promisoria que la Secretaría de Medio Ambiente se propone explotar a gran escala para generar empleos y beneficios económicos.

Con ese fin, ese departamento tiene un gigantesco vivero de bambú en La Comadreja, una zona de Monte Plata, que se espera produzca a fin de año unos cuatro millones de plantas. La idea es sembrar entre 6,000 a 8,000 tareas de bambú con fines comerciales.

En las 200 tareas que tiene el vivero hay también plantas de caucho, de gran demanda mundial, que serán sembradas a escala comercial como parte de los esfuerzos oficiales para sacar beneficio a la Naturaleza, al tiempo que se le protege.

En Bonao, la Misión Técnica de la República de China mantiene un taller especializado en bambú, donde 19 jóvenes de diferentes comunidades de la provincia Monseñor Nouel aprenden a fabricar diversos objetos para el hogar, desde sillas y mecedoras, mesas y escritorios, hasta lámparas y otros objetos artísticos de gran belleza.

El ingeniero Lin Shyh-Shiun, especialista en bambú y representante de la Misión Técnica China, dijo que el futuro del bambú “es muy bueno”, incluso para construir viviendas confortables y resistentes, con una garantía de no menos de 20 años sin dañarse. El costo de una vivienda con tres habitaciones, sala y comedor, cocina y baño sería de aproximadamente RD$100,000.00.

“Las casas con muy confortables, muy buenas. Cuando hace calor son muy frescas”, dijo Shyh-Shiun, quien explicó que ahora mismo no se pueden hacer muchos compromisos porque no hay suficiente bambú para atender la demanda. “Eso será superado cuando existan las plantaciones”, dijo.

Shyh-Shiun tiene cuatro años al frente del taller de Bonao. Con anterioridad estuvo en Costa Rica y El Salvador, donde enseñó a jóvenes de esos países a trabajar el bambú.

Este técnico comenzó a trabajar el bambú desde que tenía nueve años, en una ciudad cuyo nombre chino se traduce en español como “montaña de bambú”, donde todas las casas son construidas a base de esa planta.

EL TALLER
El taller dirigido por Shy-Shiun lleva nueve años funcionando. Jóvenes de las comunidades vecinas, recomendados por sus organizaciones, se entrenan allí, donde aprenden las diversas técnicas del bambú. Ellos no son empleados, sino estudiantes, a los cuales se les proporciona la comida y un incentivo. Una vez terminado su entrenamiento, que dura un año, se les nombra para que entrenen a otros, como es el caso del encargado de un taller similar que ahora funciona en Samaná.

La Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales es la que orienta las actividades del taller y de los proyectos para explotar el bambú, con la ayuda de la Misión Técnica China, que ha invertido más de millón y medio de pesos en equipos y recursos humanos. La Secretaría de Medio Ambiente espera invertir este año de ocho a diez millones de pesos en el proyecto global, que incluye la producción de las plántulas que serán sembradas.

EL VIVERO
En las actividades del vivero de La Comadreja trabajan 83 personas oriundas de la zona, todas empleadas de la Secretaria de Medio Ambiente. Ese personal es el encargado de sembrar las plantitas en el vivero y darles mantenimiento hasta que estén listas para su siembra.

En el vivero no solamente hay bambú, sino también decenas de miles de plantas de caucho que serán sembradas oportunamente, como parte de otro proyecto para explotar ese renglón.

El ingeniero Máximo Aquino Méndez, director de Reforestación y Manejo de la Secretaría de Medio Ambiente, destacó la importancia que tienen el caucho y el bambú para propiciar un nuevo modo de vida en el campo, con gran rentabilidad para quienes se dedican a sembrarlo y explotarlo.

En ese sentido citó que muchas de las varas de bambú empleadas en el taller de Juma les con compradas a los campesinos, que las venden a razón de 30 pesos cada una.

Esas varas son sometidas a un proceso de tratamiento a base de gasoil, durante algunos días, para evitar que les caigan insectos dañinos. Ese tratamiento es una garantía de que nunca se deteriorarán por picaduras de insectos, entre ellos la carcoma.

“No nos hemos olvidado del bambú”, dijo el funcionario, en obvia referencia a un artículo anterior publicado por [A]HORA en el que se destacaban las cualidades de una planta de la cual podrían obtenerse múltiples beneficios.


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