13 de agosto de 2001 • Edición número 1,215
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Joe Vasconcellos cree en santería
El cantante chileno es devoto de Yemallá y Changó

Por José Francisco Arias

Joe Vasconcellos es una singular expresión de la música chilena que poco a poco fue hechizando a sus coterráneos con sus canciones hasta envolverlos por completo en su embrujo.

Ese embrujo ha trascendido las fronteras de su tierra y explorado otras latitudes, convirtiéndose así en un enervante fenómeno de popularidad tanto dentro como fuera de su país, cuyos efectos tocan más directamente a la juventud.

Sus composiciones, su estilo, la policromía rítmica de las orquestaciones que sustentan sus temas, sintonizan con el gusto y la pasión de los jóvenes de este tiempo.

El tema que en su voz más ha prendido en el público dominicano es el titulado “Huellas”, aunque también se han sentido con bastante frecuencia en las emisoras nacionales “Pre-emergencia” y “Ciudad traicionera”, que en las últimas semanas han comenzado a adquirir categoría de éxitos.

En sus 42 años de existencia Vasconcellos ha recorrido y vivido en diferentes regiones del mundo y en cada lugar se ha nutrido de sus fuentes musicales, con lo que ha enriquecido su formación y su espíritu creativo.

Su paternidad procede de Brasil y radicó en Italia por un buen tiempo, naciones en las que la música ancestralmente ha desarrollado roles protagónicos y marcado pautas para muchos otros espacios terrenales. Se exige calidad a sí mismo y a su obra artística, y es, indudablemente, un vanguardista; portador y emisor de un concepto lírico-melódico e interpretativo único en la canción.

Es un hombre con una visión clara y definida de la vida y de las políticas que rigen el mundo, consciente de los vaivenes y suplicios a que ha sido sometida la humanidad en toda su historia, que condena las injusticias a través de los mensajes que proyecta en sus composiciones.
Sorprende que un individuo de tales características sea un creyente consumado de la santería, convencido de que, de alguna manera, los luases han iluminado su trayectoria existencial, un ferviente devoto de Yemallá, Changó, Anaísa, Ogún y otras deidades. Podría interpretarse como una gran paradoja, pero realmente es así. Vasconcellos tiene su explicación al respecto:

“Yo soy creyente en la medida en que yo tengo la paternidad en Brasil. Mi hermano directo es sacerdote y el hecho de tocar tambor, el hecho de acercarte a un batá, el hecho de acercarte al tambor, tú tienes una responsabilidad muy grande, porque eso no es gratis… Y en la medida en que uno crece viendo en cada esquina su pequeño despachito (santería), yéndose a la playa a mojarse los pies, viendo tirar flores a los santos…. O sea, eso es parte de mi cultura, eso es parte de mi quehacer, y ahí radica mi devoción por esas deidades”.

En Chile, bastante distante de la tierra de origen de su padre, no existe esa tradición tan arraigada como en Brasil por la santería, y por ello Vasconcellos siente cierta nostalgia.

Antes de visitar nuestro país –ofreció dos conciertos los días tres y cuatro de este mes en Santiago y la capital, respectivamente– tenía conocimiento de que en República Dominicana se desarrollan rituales mágico-religiosos, y más que en República Dominicana, en Haití, país que comparte la isla con nuestra nación, la práctica de la santería es como “El pan nuestro de cada día”, por lo que se preparó para participar en alguna actividad dedicada a las deidades referidas y para intercambiar con otros devotos.

“Yo pensaba que cuando llegara aquí a Santo Domingo me iba a encontrar en cada esquina con un altar, pero no ha sido así. Parece que en Haití sí, pero aquí no he visto todo lo que esperaba en ese sentido… De todas maneras yo espero en este momento aquí poner los pies en el mar y poder agradecer toda esta dicha, porque con todos estos viajes que he tenido no he podido ir a Brasil a cumplir con mis obligaciones y tengo que hacerlo… Soy devoto en la medida en que esto está en mi cultura personal. Yo no soy hijo de santo ni soy quien para valorizar. Yo no soy “babalao”. Yo soy una persona que respeta; porque yo me alimento del tambor, yo me alimento de la cultura africana como latinoamericano; entonces yo le debo un gran respeto. Ahora, no soy “babalao” y es difícil practicar la santería en Chile. Hay charlatanes que sí lo hacen, pero uno tiene que mantener mucho respeto frente a eso”, explicó el cantautor.

Vasconcellos ha casado dos veces y es padre de un bebé que ya lleva un año y ocho meses de edad.

“Mi hijo está en el momento en que todo lo quiere tocar. Y lo peor del caso es que de todo lo que ve siempre quiere tocar lo que para él representa más peligro”.



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Sabrossso!



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