6 de Agosto de 2001 • Edición número 1,214
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El destape de la ADP
Dirigentes involucrados en el escándalo se sacan los trapos sucios

Por Ivonne Ferreras

La campana suena en el ring y los contendientes se preparan para jugarse el todo por el todo en el último round de un escándalo que ha adquirido proporciones inimaginables, a juzgar por las declaraciones de las dos principales rivales en el desfalco de la ADP, y en el cual han salido a relucir toda

clase de chanchullos, chantajes, sobornos, perversidades y otras cosas más no aptas para todo público.

El sandbag se calienta luego de que [A]HORA iniciara una serie de reportajes sobre la situación que enfrenta el gremio magisterial en los tribunales de la República, y en el que, aparentemente, se involucra a buena parte de sus dirigentes, sin obviar a su presidenta Olimpia González, quien a último momento decidió reaccionar luego de varios intentos fallidos por localizarla, y solicitó el derecho a la réplica para explicar lo que a su juicio sucedió en la ADP.

Olimpia llegó a la redacción de este semanario en su rol de víctima y en compañía de su pareja, Luis Tejeda, quien cual ángel guardián la protege y cuida de todo mal.

Comienza la defensa. Alega que ella sólo hizo lo que las anteriores gestiones, por lo que no carga con ninguna culpa en este proceso que tiene todos los visos de ir para largo. “Lo que se podría es hacer comparaciones de manejo y demostrar que esa cuenta no la abrieron Carmen y Olimpia porque quisieron, sino porque se usaba en la ADP, se puede ver atrás”. Si en la gestión mía va por 20 millones el desfalco y a mí me entregaron la ADP con 500 mil pesos, vamos a ver en las últimas tres gestiones en qué se gastaron los cuartos de la ADP. Esa práctica inició en la gestión de Sigfredo Cabral”, aseguró.

La presidenta de la ADP fue suspendida de sus funciones en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) y como miembro del gremio magisterial por el Tribunal Disciplinario el lunes 23 de los corrientes, “hasta tanto los tribunales ordinarios del país, mediante sentencia que haya adquirido la autoridad de la cosa irrevocablemente juzgada, decidan sobre su culpabilidad o inocencia”.

Ella está convencida de que en las tres gestiones que le antecedieron ocurrieron hechos iguales o peores de los denunciados. Explica que sólo a partir de solicitar que se auditen las anteriores gestiones es que comienza la persecución en su contra, cuando a ella le entregaron el mando sin auditar. De ello no excluye la gestión de Sigfredo Cabral, de quien dice fue el primero en iniciar la práctica de aperturar cuentas de ahorro en la ADP, lo que asegura se convirtió en una costumbre.

Esa versión es negada rotundamente por María Teresa Cabrera, anterior encargada de finanzas, quien explica con pelos y señales cómo se hacían las transacciones y movimientos financieros. Plantea todo lo contrario: “Es a partir de la llegada de Olimpia cuando se inicia el proceso de apertura de cuentas de ahorro, que no permite la supervisión y fiscalización de las transacciones. Peor aún, “ella decidió abrir una cuenta de ahorros, lo que no se hace nunca en una institución debido a que los depósitos se hacen por ventanilla y se pierde el control de los movimientos”.

En su convencimiento de la responsabilidad de Olimpia en el desfalco, Cabrera resalta la mala fe con que actuaron tanto la presidenta del gremio como la secretaria de finanzas, Carmen Gutiérrez, quienes además de abrir una cuenta de ahorros procedieron de manera clandestina, lo que se descubre sólo al momento en que se hace un allanamiento a la casa de Gutiérrez y después de haberse presentado la querella por alteración de las firmas de cheques, entre otras imputaciones.

Eso no es todo. Cabrera le sale al frente a los argumentos de Olimpia González, cuando pide las auditorías a las anteriores gestiones, pues según la ex encargada de finanzas fue precisamente la presidenta del gremio la que se negó

a firmar la convocatoria a concurso público para realizarla. Así lo establece la comunicación de fecha 31 de mayo del 2001 que le envía la propia María Teresa Cabrera.

LA NOVELA COMIENZA...
Según Olimpia González, todo inicia en el preciso instante en que se encontraba frente al fax de la ADP y llega el informe del Banco Popular dando cuenta de la alteracion de un cheque por el monto de 203 mil 800 pesos firmado por ella.

Sorprendida por tal noticia, lo primero que pensó fue que alguien había robado el cheque a la auxiliar de contabilidad, Ivelisse Saldaña –quien, por cierto, era el elemento imprescindible para realizar toda transacción financiera por lo que rauda y veloz procede a llamarla a su despacho, junto a la secretaria de finanzas, Carmen Gregoria Gutiérrez Sosa.

Una vez allí, encerradas a cal y canto, bajo la presión de Olimpia González y Carmen Gutiérrez, la auxiliar de contabilidad confiesa su delito y a la única que implica, según la versión de la presidenta de la ADP, es a su jefa inmediata, a Gutiérrez, de quien aseguró le pedía dinero para los asuntos políticos. La cuota era de más de cien mil pesos al mes… Y ese era el principio.

La alarma llega a los demás organismos dirigenciales, los que deciden formar una comisión investigadora integrada por Domingo Mejía y Fernando Rodríguez, éste último responsable de fiscalizar el manejo de las finanzas, tarea que, según Olimpia González, descuidaba aun cuando cobraba por ello 900 pesos diarios.

Pese a que hasta ese momento Gutiérrez era la única señalada como cómplice por Saldaña, la presidenta de la ADP acude al Banco Popular a percatarse de la situación en compañía de ésta, a pesar de que entre ambas funcionarias, siempre según Olimpia González, no existían lazos de amistad profundos. Allí les sugieren querellarse ante la

Policía Nacional. Sobre la base del cheque alterado es que Olimpia y Fernando Rodríguez acuden a la institución del orden público.

González continúa su relato y explica que en el expediente acusatorio constan declaraciones de Ivelisse Saldaña, quien ante la sorpresa de todos en el gremio comenzó a registrar cambios en su estatus de manera inexplicable, y en el que reitera que fuera de Carmen Gutiérrez no había más nadie implicado. Claro está que María Teresa Cabrera tiene otra versión de los hechos.

Cabrera resalta la negativa de Carmen y Olimpia para que el caso se aireara públicamente. Más aún, le sorprende la primera reacción de la presidenta de la ADP cuando se recibe la llamada del banco haciendo la denuncia.

“Olimpia entra en ese momento y al ver el fax se pone muy nerviosa, abre los brazos, y su primera reacción fue decir que ese cheque alguien se lo robó a esa muchacha de contabilidad y lo depositaron en mi cuenta para hacerme un daño”, precisa.

La actual secretaria de educación y formación del gremio asegura que Olimpia González y Carmen Gutiérrez se encerraron con Ivelisse Saldaña sin permitir la entrada a nadie, al extremo de que tuvieron que emplazarlas para que salieran del despacho e informaran de lo sucedido, ya que ese era un problema de organismo, no de comisión.

Sólo entonces, según María Teresa Cabrera, bajaron, momento en que Carmen Gutierrez le dijo que tal situación no debía hacerse pública y manejarse discretamente “porque tú sabes que yo estoy en la lucha”, a lo que Cabrera le contesta que si bien el propósito no era hacer un escándalo la situación era muy grave y había que investigarla.

“Cuando finalmente se reunieron todos, Ivelisse afirmó que Olimpia y Carmen le propusieron que asumiera la responsabilidad a cambio de sacarla de la cárcel. También Olimpia coincidió con Carmen en que dejaran las cosas así porque en resumidas cuentas el dinero no se había perdido porque el cheque no se había pagado”, a lo que se negaron los dirigentes.

A pesar de haberse creado una comisión para investigar, Olimpia y Carmen salieron tempranito para el banco, sólo que las versiones dadas por ellas difieren de la que trajo del mismo Banco Popular Dominicano la comisión designada por el buró. A saber: La versión de Olimpia González es de que sólo dos cheques habían sido alterados; mientras que Fernando Rodríguez y Domingo Mejía se encontraron con más de 20 cheques alterados hasta ese momento.

A partir de ahí el barullo se hace tan grande que la suspendida presidenta no descarta que la contaminación del gremio viniera desde fuera. Esas afirmaciones podrían tener sentido cuando se insinúa que la ADP probablemente servía hasta para el lavado de dinero, toda vez que, según Olimpia, Ivelisse justificaba su prosperidad en el hecho de que un primo que vivía fuera del país depositaba su dinero en la cuenta de la auxiliar de contabilidad.

¿Y LOS CONTABLES Y COMISARIOS?
Las versiones hasta el momento expuestas por Olimpia González hacen pensar que en el gremio magisterial no existía ningún tipo de controles ni supervisión. Y si, como afirma, en la ADP existe un Consejo de Comisarios y un contable, ha de suponerse que ellos también fueron dormidos por el hechizo de Ivelisse Saldaña.

Porque, y esto también lo afirmó la suspendida presidenta de la ADP, “Ivelisse alteró cheques de todo el mundazo, ni Carpas Dominicanas se le escapó”, con lo que reconoce que ese es un sindicato en el que nadie sabe lo que puede pasar.

Tanto dormían los honorables dirigentes de la ADP que, señala Olimpia, el encargado de supervisar las finanzas hacía su trabajo a distancia. Se trata de Fernando Rodríguez, quien reside en Moca, y por teléfono autorizaba la emisión de cheques sin constatar si estaban o no debidamente confeccionados, llegando al extremo de “dejar un sello para que no le molestaran”.

Lo que más extrañeza le provoca a la presidenta de la ADP es que los comisarios, cinco en total, nunca le advirtieran de posibles anomalías en los informes.

“Todo estaba tan bien, que hasta una carta de felicitación nos enviaron por la buena gestión realizada. Lo propio ocurrió con el contable Ramón Cadena Moquete”, asegura Olimpia. Este último llegó a la institución de la mano de Carmen Gutiérrez, quien nunca lo presentó, por lo que no fue sometido al escrutinio de la dirección del gremio como se estila, o sea que Carmen Gutiérrez introdujo al sindicato una especie de Don Gato y su Pandilla, puesto que también fue responsable del puesto que ocupaba Ivelisse Saldaña, sin que nadie se percatara.

“Las finanzas de la ADP son fáciles de llevar, sólo es pago de viáticos, nómina y remesas y estas últimas no las recibo. Las remesas las tenía que recibir Carmen, y Fernando debía revisar, yo no”, pero asegura que la tarea de buscar y

depositar las remesas había sido delegada en Ivelisse, razón quizás por la que hay una remesa perdida, de la cual no se sabe su paradero.

“El contable siempre me daba información de cómo andaba la contabilidad y un Consejo de Comisarios que nunca dejó de fiscalizar las finanzas de la ADP, y nunca reportaron nada anormal”, precisa González.

A juzgar por esas afirmaciones, llama la atención que el contable no esté junto a su jefa y la auxiliar de contabilidad en una celda de Najayo, lo que justifica Olimpia en el hecho de que los investigadores y el juez de Instrucción se dieron cuenta de que “ese pobre hombre no tenía nivel”, como si se tratara pura y simplemente de imagen exterior.

Los manejos de Carmen Gutiérrez hacen suponer que la real presidenta de la ADP era ella y no la ingenua Olimpia, quien fuera un instrumento en manos de gente malvada, discípulos aventajados de Nicolás Maquiavelo.

Las cosas se tornan color de hormiga cuando asegura que los miembros del Consejo de Comisarios “encontraron las anomalías porque le pagaron al banco para que les diera los facsímiles de los cheques alterados, debido a que Ivelisse nunca se los daba”, con lo que se puede presumir que todos en la ADP fueron engañados y según sus propias palabras, “o a todos nos cogieron de tontos”.

En lo que el hacha va y viene la investigación podría ir más lejos por cuanto Olimpia González exige una explicación del Banco Popular Dominicano, “que recibía dineros de Ivelisse, grandes sumas a depositar en la cuenta de la ADP para luego desviarla a la cuenta personal de su adorada madre”.

Pero más que a la suspendida presidenta del gremio, el papel de los comisarios le causa una extrañeza mayor a María Teresa Cabrera, cuando asegura que en una ocasión, después de desvelado el desfalco, en una reunión con los comisarios éstos dijeron que habían advertido a la presidenta en relación a un cheque alterado a nombre suyo –de María Teresa.

Sorprendida, María Teresa pregunta a los comisarios, “y Olimpia se adelanta a responder que la alteración de ese cheque a mi nombre ocurrió cuando murió mi hermana. En ese momento me entregaron una contribución de cinco mil pesos en efectivo a nombre de la dirección del gremio en un sobrecito, pero resulta que se había hecho un cheque por 15 mil”.

Con esto Cabrera trata de advertir que Olimpia González conocía de las alteraciones, pero nunca las denunció.

Pero además, llama la atención sobre el hecho de que los comisarios, que según ellos habían solicitado a Olimpia una reunión con los organismos, a lo que ésta siempre respondía con alusiones personales y no informaron a los organismos de la situación.

“Lo raro es que los comisarios no entregaron copias de esas solicitudes a los demás miembros del buró”, dice Cabrera. Eso no es todo, los comisarios reaccionan sorprendidos cuando se descubre el desfalco, a pesar de que ellos habían detectado algunas anomalías.

Al parecer, y siempre según Cabrera, “los comisarios deberán dar una explicación convincente de porqué no enteraron a los demás miembros de la situación...que por demás era bloqueada por Olimpia”.

OLIMPIA NIEGA QUE DURMIERA
A juzgar por las afirmaciones de la presidenta del gremio, al desfaco de la ADP, que hasta el momento alcanza un monto de 20 millones, hay que sumarle probablemente un millón que retiró María Teresa Cabrera, “sin que nadie sepa para qué fines”. Olimpia González asegura que en fecha 9 de junio de 1997 María Teresa Cabrera retiró del Banco Popular Dominicano un millón de pesos para fines “no determinados” a través del cheque número 18980, “que por cierto, el banco no ha querido entregar el facsímil, se niega, y le vamos a escribir al presidente de la entidad”.

González no acusa de mal manejo a María Teresa Cabrera, pero “lo que yo estoy diciendo es que habiendo ella administrado la ADP, y sabiendo cómo se administra, ha salido hacia fuera con un discurso queriendo empañar, incluso, la imagen nuestra, cuando nosotros creímos en la gestión anterior y no la cuestionamos”.

Agrega que “en el sindicato hay mucha gente que dice que no sabía que ese millón se había sacado. Ese millón se sacó cuatro meses antes del cambio de mando, no sabe porqué se sacó ese millón porque María Teresa nunca nos dijo, no nos dio un informe, mucha gente se pregunta y nadie sabe”.

Olimpia González va más lejos y considera que “María Teresa debe aclarar bastante bien al organismo sobre el destino de ese millón de pesos, pero algo más, probablemente a las autoridades también. Cuando se vaya a juicio de fondo se va a tener que hablar de las finanzas de la ADP, no sólo de Olimpia, vamos a hablar todos, porque allá todo el que usa el dinero sabe para qué se usa”.

Sin embargo, la educadora nacida en La Vega no esperó llegar al fondo de las investigaciones y se presentó a los tribunales donde interpuso una demanda por difamación e injuria en contra de Olimpia González y Eduardo Cuello.

Para María Teresa Cabrera las cuentas están claritas, cosa que según ella no puede sostener Olimpia González. Por tanto, de todo cuanto ocurrió “yo me hago responsable y respondo de ello, por todo, porque yo sí que no estuve como una Bella Durmiente, a mí nadie me ‘falsifico’ una firma y todo lo que tuve que preguntar lo hice”.

Es obvio que María Teresa tiene las suyas para defenderse y narra cómo fue lo del millón: “Ocurrió que en la provincia de Santiago el tribunal disciplinario sometió a Higinio Santos, quien posteriormente fue suspendido, debido a una serie de irregularidades cometidas. Apeló al congreso de la ADP en agosto y se ratificó la suspensión, lo que provocó una crisis que llevó al sindicato a un proceso de embargo que imposibilitó el desenvolvimiento normal de la entidad”.

Agrega que “en ese momento, por decisión del buró, el 14 de mayo de 1997 se solicita a la COOPNAMA un préstamo de 300 mil pesos, lo que demuestra la situación de la institución, y no logramos conseguir el dinero, pero los abogados lograron descongelar la cuenta y sugieren que ante la posibilidad de un nuevo embargo había que retirar un dinero para poder manejar la institución hasta que todo se decidiera en los tribunales”.

Es en esa circunstancia que la entonces secretaria de finanzas retira el llevado y traído millón de pesos, que según su versión es depositado en la caja fuerte que tiene la ADP en la torre del Banco Popular.

“Como medida preventiva, a todo el que se le pagaba se le hacía un registro, se emitía el cheque, se endosaba y se le daba el dinero en efectivo. Todos los gastos se manejaron de esa manera, con un registro --copia de lo cual está en los archivos de [A]HORA--. Cuando termina la crisis, para sustentar el retiro del millón de pesos, se depositaron todos los cheques y a esa cantidad se le agregó en efectivo lo que quedó en caja fuerte, que eran como 500 mil pesos, lo que demuestra la sumatoria final. Y las cuentas cuadraron”, explica.

LA CUENTA DE CONTINGENCIA
Como si de un profundo misterio se tratara, o quizás de un tesoro incalculable, las gestiones anteriores a la de Olimpia González tenían cuentas de “contingencia” para cubrir eventualidades, que según dice la suspendida presidenta de la ADP el propio Radhamés Camacho le explicó estaba contemplado en los estatutos.

Pero lo que aquí entra en discusión no es si existía o no una cuenta destinada a eventualidades tales como falta de fondos, retención de remesas, entre otras urgencias, para lo cual se destinaba el 7 por ciento de las finanzas de la ADP, aunque inexplicablemente Olimpia afirma que era “ilimitada”, lo que a todas luces resulta un contrasentido.

Lo preocupante de todo este asunto esnto la negativa de María Teresa Cabrera y Melanio Paredes, a nombre de quienes estaba la cuenta de marras, se negaron, según Olimpia González, a realizar el cambio de firmas a fin de que las nuevas autoridades tomaran el control de las finanzas del gremio.

Esa situación es la que obliga, siempre de acuerdo a lo dicho por la presidenta de la ADP, a que, junto a Carmen Gutiérrez, tuviera que aperturar una nueva cuenta a sugerencia de la propia entidad bancaria.

“Es una costumbre, una práctica el sacar cuentas a nombre de los dirigentes, pero la cuenta aperturada estaba a nombre mío, de Carmen y/o la ADP”, es decir, no era una cuenta personal como se ha dicho. Me utilizaban a mí para sacar dinero, depositaban sin que yo fuera. ¿Por qué niegan esa cuenta de contingencia?”, se pregunta Olimpia sin hallar respuesta aparente.

Claro, todo parece indicar que la suspendida presidenta no se percató del informe que en fecha 9 de septiembre de 1997 envía María Teresa Cabrera a Carmen Gutiérrez, rindiendo cuentas de lo que existía.

Según los documentos entregados a [A]HORA por Cabrera, en el segundo párrafo del informe en cuestión se señala lo siguiente: “Además existe una cuenta en el Banco de Reservas # 010-237730-8, bajo la firma de Melanio Paredes y quien suscribe, que fue hecha como trampolín en el periodo de la crisis de 1995 y estuvo paralizada, tiene un monto de 16 mil 928 pesos con 26 centavos”.

En esa misma comunicación establece la disponibilidad financiera de la ADP hasta ese momento. “La cuenta número 001-16076-1, cuyo monto asciende a dos millones 298 mil 126 pesos con 30 centavos de balance en banco. El balance en libro es de un millón 863 mil 131 pesos con 79 centavos. La diferencia en ambos balances es debido a que los cheques en tránsito aún no han sido pagados por el banco”.

Parece que la suspendida presidenta de la ADP confundió los numeritos, porque asegura que sólo recibió 500 mil pesos aproximadamente.

Cabrera dice tener respuestas a todo lo ocurrido en su gestión frente a la secretaría de finanzas del gremio, “y esa no es la misma situación de Olimpia, porque es en su gestión que se ha descubierto un desfalco de grandes proporciones y que todavía no se sabe hasta qué punto va a llegar. Tengo el archivo completo de los cheques emitidos en mi gestión y lo puedo demostrar con papeles, porque no acepto piedra sobre piedra como otros”.

Más aún, “hace apenas unos días, el jueves 19 de julio de 2001, Olimpia envía una comunicación al tribunal disciplinario, y ¡oh! sorpresa, el sello con que estaba firmada la carta era el mismo denunciado como falsificado en los cheques alterados”, explica Cabrera, y así se puede comprobar en el facsímil.

Para María Teresa, “Olimpia llega al colmo de la desfachatez cuando aun en medio de este escándalo se siente cansada y se va con su pareja al hotel Cervantes durante un fin de semana, y con todo el desparpajo y descaro imaginables se atreve a presentar la factura para que la ADP le pagara los gastos en que incurriera en sus vacaciones de placer”.

Peor aún, “al protestarse el pago de la factura, Olimpia trata de chantajear condicionando la ayuda que aprobó el buró para que una maestra, con más de 20 años de ejercicio, pudiera llevar a su hijo adolescente – de 14 años— al exterior, en donde le van a practicar una cirugía para que el jovencito pueda recuperar el movimiento de sus piernas”. ¡Qué barbaridad!




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