Rafael Peralta Romero
Las voces y los ecos
Olvidar, olvidar, olvidar
EEl olvido será una facultad, una condición importante de las personas, o será un lamentable desperfecto en el que incurrimos a medidas que se desgastan nuestros sentidos o los componentes que determinan la condición humana. La adopción de una de estas dos concepciones implica una posición ideológica, pues el olvido actúa como epicentro de un dilema filosófico. Hay quienes piensan que lo mejor que le puede ocurrir a las personas es poder olvidar, mientras otros señalan el olvido como una desgracia de las personas y de los pueblos.
En el pasado lejano, Lucio Anneo Séneca aconsejaba "olvidar lo que traído a la memoria nos entristece". Será por eso que en los últimos años se yergue en nuestra sociedad una tendencia a borrar recuerdos de los desaciertos registrados de la Era de Trujillo hacia acá.
El doctor Joaquín Balaguer no sólo fue un actor de primera importancia en la tenebrosa Era de Trujillo, sino que se las arregló para crear un apéndice de la misma, morigerada en algunos aspectos, durante su tristemente recordado gobierno de los doce años.
De Balaguer se sabe que es duro con sus adversarios, dueño de sus secretos, misterioso, calculador y capaz de esperar el tiempo que fuere necesario para vengar un agravio. Muchos que se proclamaron sus enemigos se han postrado ante él, mansos como palomas.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo, tras la decapitación del trujillato, se atrevió a asumir una actitud crítica con su antiguo profesor de Derecho Constitucional, al cual separó de su nómina docente, y durante los doce años pagó esa osadía. Ahí está la prensa escrita, imborrable fuente nutricia de la historia.
Pero al doctor Balaguer le falta un detalle para entonar el cántico de Zacarías. Y está en ebullición la demanda acerca de que la UASD tiene que reconsiderar la expulsión del antiguo catedrático, a pesar de que durante décadas pareció que esa institución no le importara para nada.
Cuando se publicó la información según la cual el rector, Miguel Rosado, declaró que "la expulsión del expresidente Joaquín Balaguer como catedrático de esa alta casa de estudios tiene que ser revisada porque las razones que se dieron para tomar esa medida fueron políticas, y los tiempos han cambiado", era para pensar que el ingeniero Rosado aprendía diplomacia.
Pero el asunto no se queda en palabras complacientes, obedece a una estrategia reivindicativa cuyo resultado, de acuerdo con el periodista Miguel Guerrero, "pudiera ser que el momento no esté tan lejano como muchos creen". Guerrero se ha ocupado también de aclarar que Balaguer no fue "expulsado", sino "suspendido".
Argumentar como políticas las razones que motivaron la resolución emitida por el Consejo Universitario provisional el diez de enero de 1962, no ayuda al doctor Balaguer a quitarse de encima la sanción, pues su comportamiento político posterior le agrava las penas.
¿A quién le habrá dicho Balaguer que le interesa ser reintegrado como profesor universitario? Tal vez ni siquiera el llamado comité de promoción de la iniciativa lo sabrá. Porque en realidad, para el expresidente esta campaña es un motivo adicional para burlarse de sus seguidores y de sus enemigos.
Sus amigos y seguidores esgrimirán todo tipo de argumento para lograr que Balaguer sea amnistiado o perdonado por la UASD, pero que nadie cuente con que él se dará por enterado de lo que está pasando, su actitud será siempre de que le da lo mismo y de que la acción no cuenta con su anuencia.
Los tiempos han cambiado, como dijo el rector Rosado, pero la historia está escrita y muchos capítulos se registraron con fuego y sangre. A la gente no hace bien permanecer con los dolores frescos, el olvido actúa como sanación, pero conviene saber discernir entre lo que merece olvidarse y lo que debe permanecer en la memoria.
El apuro de algunos por la reivindicación del trujillismo quiere imponer una cesación de la memoria colectiva. Balaguer ha sido el dominicano más beneficiado con la tendencia a borrar el pasado traída por dirigentes políticos, intelectuales y medios de comunicación.
El rector de la UASD está convencido de la necesidad de resarcir a Balaguer. El secretario del Consejo Universitario podrá revisar los decretos que firmaba el Presidente Balaguer para reintegrar -contra la ley- a viejos militares de otros tiempos. Los reintegraba, los ascendía y en algunos casos los ponía en retiro en el mismo decreto.
Las autoridades universitarias podrán, partiendo de este modelo, restituir la condición docente a Balaguer, ordenar el pago de los cheques atrasados, -claro, él no los usará- designarlo profesor meritísimo, la más alta distinción a un miembro del cuerpo docente universitario, y luego pasarlo a retiro por antigüedad.
El desagravio debe ser otro acto. El Papa reconoció el error de la Iglesia Católica cuando condenó a Galileo Galilei. La UASD hará algo similar. Luego el doctor Balaguer entonará el cántico de Zacarías. El culto al olvido estará consolidado y así sabremos que para el ingeniero Miguel Rosado el olvido no es un defecto, sino una gracia que concede la Divinidad a las personas.
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