30 de julio de 2001 • Edición número 1,213
 SECCIONES
 



Suscripciones
al teléfono

472-7694 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
La crisis de los partidos políticos
Una expresión del deterioro de las instituciones en el país

Por Ivonne Ferreras

La confluencia de la crisis económico-social y de las instituciones, irresoluble en el marco de las políticas actuales, con el deterioro creciente del sistema político y el rechazo progresivo de la población a su naturaleza excluyente, cierra cada vez más el círculo a los partidos políticos como expresión de la sociedad.

Profundizada en el tiempo, la crisis de los partidos está matizada por ingredientes fundamentales que tienen que ver con el desgaste en las formas de hacer política tradicional, además de un fenómeno más universal que tiene que ver con los cambios y las relaciones económicas en el mundo, que ha provocado que en varios países de la region se registre un proceso de devaluación de los espacios políticos.

En el caso de la República Dominicana se trata de un sistema de partidos con niveles crecientes de cuestionamientos, perversión y clientelización que la población rechaza en tanto profundiza el descreimiento en esos instrumentos de expresión, generando enajenación, desencanto, lo que provoca un sacudimiento permanente en la sociedad.

La más alta expresión de esos cuestionamientos se registran cuando se debate en la actualidad todo lo relativo a la Constituyente, lo que implica que el mecanismo llamado a jugar ese papel no sólo carece de credibilidad, sino que es rechazado por la sociedad en su conjunto.

Tal situación constituye un enorme peligro para todos los sectores sociales porque cuando se desbordan los canales políticos pueden producirse procesos de anarquía y violencia e inevitablemente se articularía la política de manera distinta. No quiere decir que desaparecerá la política y los partidos, porque mientras exista la necesidad de conducir la sociedad y solucionar problemas económicos y políticos, y mientras exista poder, tendrá que existir una organización para su conducción.

Así las cosas, si se combina la crisis económica y social de la nación con el deterioro progresivo de las instituciones, y dentro de ellas del sistema de partidos, se estaría empujando a la sociedad a una confrontación múltiple entre diferentes sectores frente a un gobierno que está supuesto a dar respuesta a las exigencias de la comunidad nacional.

Los analistas del comportamiento de la política plantean un curso casi inexorable hacia una confrontación en la que se cuestiona el poder, su papel, el tipo de gobierno y las formas de organización institucional del país que podría generar un ambiente de ingobernabilidad. Elementos esgrimidos por algunos analistas para demostrar la crisis de los partidos tienen que ver con los niveles de desconexión con la sociedad, donde ya no se puede utilizar como medición la participación de la gente en los procesos eleccionarios. La misma fuerza que fue capaz de ser electa con el 50 por ciento más uno de los votos en las pasadas elecciones se ha anotado el tanto de sortear tantas manifestaciones de protestas y expresiones de rechazo a sus políticas, que todas las huelgas enfrentadas por el ex presidente Leonel Fernández durante su mandato.

Para muchos, la crisis de los partidos es tal que normalmente los que se nutren de los gobiernos casi siempre actúan en contradicción o separación de sus propios partidos. Es la experiencia del Partido de la Liberación Dominicana con Leonel Fernández al frente del Estado, donde la facción de mayor impacto en esa organización, encabezada por Jaime David Fernández Mirabal, actuó en múltiples momentos como contestataria frente al gobierno.

Esa misma práctica es reproducida por todas las facciones del Partido Revolucionario Dominicano frente al presidente Hipólito Mejía, quien por demás no cuenta con una tendencia estructuralmente propia, al menos en las actuales circunstancias. Existe la conciencia de la imposibilidad de un proyecto de reelección, lo que exacerba tales contradicciones.

Del Partido Reformista no hay más que repetir que sólo existe un velatorio infame alrededor de la figura del caudillo para ver quién finalmente hereda esa organización política.

CRISIS DE LIDERAZGO
La desconexión de los partidos de la población, el descrédito, las luchas internas, cuestionamiento de la sociedad a la conducta ética y moral de los gobernantes y la dirigencia de los partidos, provocan un cuestionamiento a un liderazgo que desde hace tiempo se ha dicho que también está en crisis.

Un elemento sacado del componente histórico plantea que ya no existe liderazgo en los partidos tradicionales, al menos que no se presenten seriamente cuestionados. Con la excepción de Enmanuel Esquea Guerrero, la mayoría de los precandidatos o candidatos eternos para optar por la Presidencia de la República arrastran el lastre de señalamientos morales y éticos. Esa realidad revela que también hay carencias en las ofertas de líderes capaces de llenar el espacio dejado por el liderazgo mesiánico.

La crisis se confirma también en el hecho de que a nueve meses de las elecciones congresionales y municipales no se siente la efervescencia de la promoción de candidatos, en un país donde las campañas inician un día después de finalizar los comicios. Según algunos analistas, ese fenómeno demuestra que todas las instancias políticas están entretenidas en su lucha interna.

Otro elemento revelador del debilitamiento de las instituciones partidarias son los problemas estructurales de esas organizaciones, construidos sobre la base de esquemas con estilos caudillistas. Sin embargo, esas figuras mesiánicas ya no existen. Ante la ausencia de José Francisco Peña Gómez y Juan Bosch sólo queda Joaquín Balaguer en medio del velatorio que mantienen todas las corrientes y grupos de intereses creados alrededor del Partido Reformista Social Cristiano.

El Partido de la Liberación Dominicana no cuenta con Juan Bosch para seguir siendo el símbolo alrededor del cual se puedan manejar las tradiciones de esa instancia política, espacio que no llena Leonel Fernández Reyna.

El Partido Revolucionario Dominicano, de su lado, demuestra incapacidad para hacer una convención en los términos que está registrada organizativa y estatutariamente, mientras el PLD se muestra incapaz de mantener el eje de construcción que había tenido, por lo que las decisiones del último congreso la han convertido en una institución con formas organizativas iguales a las del PRD, abandonando el sistema de partido de cuadros para convertirse en una organización de clientela. ¿Qué decir del PRSC toda vez que la última asamblea puso en evidencia la crisis organizativa que tiene cada una de esas formaciones?
Los partidos siguen desconectados del acontecer diario. Cuando la gente hace huelga en un barrio, el PLD intenta construir un comité electoral, los perredeístas pelean por un empleo en una oficina gubernamental y los reformistas se mueven entre la angustia por las cuotas que le pueda ofrecer a un sector el balaguerismo, por un lado, y por el otro en la necesidad de articular el conjunto de grupos de intereses al interior de un partido, que si no ha tenido una explosión interna es debido al peso que todavía tiene el liderazgo tiránico de Joaquín Balaguer.

Todos esos factores revelan debilitamiento de los partidos, los cuales viven un proceso interno de angustia producto de su carácter antidemocrático y excluyente, además de que están hegemonizados por una dirigencia que ha devenido en una práctica común a esos partidos.


Otros articulos

Las siete crisis
del PRSC



El PRSC:
Una maquinaria para ganar elecciones



El PLD luce unido a pesar del grupismo


Darío Gómez
“El PRD perderá sus curules y el control de los ayuntamientos"




VISITE LA WEB DE LOS PERIÓDICOS
Hoy|El Nacional


Revistas Nacionales, S. A. | Santo Domingo, República Dominicana | Todos los Derechos Reservados