23 de julio de 2001 • Edición número 1,212
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Max Puix

Turismo en crisis

El turismo de Puerto Plata está en crisis. Pero que nadie se llame a engaño, lo que está en crisis es un modelo de desarrollo turístico. Y lo que está pasando en Puerto Plata hoy día es un anuncio de lo que puede suceder en todo el país, si no se actúa con prontitud de manera adecuada.

El turismo dominicano responde al modelo del “todo incluido”. Es un turismo de masas que funciona sobre la base de paquetes organizados por las agencias operadoras de “tours”.

El turismo de paquete es generalmente un turismo barato. Tiene sus ventajas e inconvenientes. Entre las ventajas está la de aportar un contingente importante de turistas con bastante celeridad. Un país que se inicia en el negocio turístico puede expandir sus actividades en tiempo récord, como ha acontecido en el caso dominicano.

Sin embargo, este sistema no permite establecer fidelidades: cuando los turistas escogen un destino lo hacen casi siempre en función de las tarifas y no en razón de los atributos de un país determinado.

Es lo que ha sucedido con el turismo dominicano. Caracterizado como uno de los de más rápido crecimiento del Caribe, también registra uno de los más bajos índices de retorno del turista al país visitado.

Entre los méritos del modelo está el de haber permitido el aumento del número de visitantes de manera sostenida durante más de dos décadas. Esto le ha asegurado un mercado a muchos productos nacionales, contribuyendo a un incremento de la producción de bienes.

Los primeros años de la Costa de Ámbar fueron buenos para los inversionistas: los créditos, otorgados en condiciones favorables, pudieron ser recuperados con rapidez. Con el paso de los años las cosas cambiaron. La presión de los operadores turísticos internacionales, que son los que aportan el grueso de los visitantes, obligó a los propietarios de hoteles a ofrecer sus habitaciones a bajos precios, a veces irrisorios, con tal de mantener sus instalaciones con un nivel de ocupación adecuado. Los gastos extraordinarios generados por el colapso del sistema eléctrico nacional y los problemas de higiene y de seguridad, han terminado por colocar al sector en una situación particularmente difícil.

Por otro lado, no se debe olvidar que el turismo barato por lo general le sale caro al país receptor. El turismo de masas implica costos financieros y sociales elevados. Un alto volumen de visitantes conlleva inversiones considerables en materia de infraestructura y servicios. Es preciso construir hoteles, carreteras, instalaciones portuarias y aeroportuarias, extender las redes eléctricas y los servicios de agua potable, así como asegurar el tratamiento de las aguas servidas.

También hay que garantizar los servicios de policía, seguridad ciudadana y migración, así como el aseo urbano. Todo esto, sin mencionar los costos ambientales y sociales del turismo de masas: destrucción de recursos naturales; efectos negativos en materia de contaminación y la extensión de determinadas enfermedades, como es el caso en el Norte dominicano.

Hoy día el modelo hace crisis por su eslabón más débil que es la Costa de Ámbar. Allí hay muchos hoteles medianos y pequeños, independientes de las cadenas hoteleras internacionales, que no soportan el peso de la devaluación del euro y el alza del precio del petróleo.

Ante la alarma provocada por la caída de los niveles de ocupación durante el primer semestre del año, la suspensión de los vuelos de varias líneas aéreas y el cierre de hoteles, se ha producido una movilización del sector y el gobierno ha propiciado la creación de una comisión público-privada que debe trabajar a favor del “relanzamiento de Puerto Plata”.

Aparte de una campaña de promoción en el exterior, se reclama ofrecer nuevas facilidades a líneas aéreas norteamericanas a fin de abaratar el precio de los pasajes desde y hacia los Estados Unidos, mientras los hoteleros solicitan una ventanilla de créditos blandos para remozar y modernizar sus infraestructuras.

Todo esto puede estar muy bien, pero no es suficiente para resolver los graves problemas de la región norte. Además, hay que entender que el asunto no se limita a la Costa de Ámbar. La suspensión de vuelos afecta también a Punta Cana. Llegó el momento de reflexionar seriamente en torno al turismo como parte de una estrategia de desarrollo nacional.

El turismo barato de sol y playa ha jugado su papel, pero no puede seguir siendo la clave única del desarrollo turístico nacional. Su rica biodiversidad y microclimas le permiten a la República Dominicana impulsar el turismo ecológico. El país cuenta con un acervo que le permite trabajar en la dirección del turismo históricocultural. Los avances logrados le aseguran un futuro al turismo de salud. El turismo de lujo y el de convenciones, el doble destino, las marinas, el turismo de aventura y el rural, así como los centros de reposo para personas de edad avanzada tendrían igualmente su espacio dentro de la nueva estrategia. Llegó el momento de diseñarla. Que la crisis del turismo de Puerto Plata sirva como clarinada. No hay tiempo que perder.




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