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Se confirmó la descomunal resistencia de Joaquín Balaguer a renunciar de su mesianismo, en tanto que trata de consagrar su particular semblanza política.
La mascarada del PRSC
Balaguer se impone, de nuevo, a las intenciones de cambios profundos.
Por Ivonne Ferreras
En el curso de los acontecimientos políticos, conforme a una acumulación histórica y presa de rivalidades que sólo pospone el peso del anciano caudillo, el Partido Reformista Social Cristiano vive, de forma especial y talvez por primera ocasión en su desarrollo, la antesala del declive definitivo.
En la angustia de ese velatorio infame se celebró la semana pasada una ebullente asamblea donde la sola presencia de Joaquín Balaguer hizo que confluyeran en torno suyo los diferentes grupos que gravitan en esa instancia política de la corriente más conservadora del proceso político dominicano en toda su historia republicana.
Los reformistas quisieron sobrevivir y ponerse a tono con los tiempos. Pero lo cierto es que todo quedó igual porque, obviamente, que no se trataba de renovar sino de modificar, y por tanto poco importa que sean 20 ó 50 los miembros de la Comisión Ejecutiva de la organización. Lo que sí se confirmó es la descomunal resistencia de Joaquín Balaguer a renunciar de su mesianismo, en tanto trata de consagrar su particular semblanza política.
Los proyectos políticos desarrollados en el país se han construido alrededor de las necesidades de los grupos sociales y económicos. En algunos casos se ha logrado la estructuración de partidos y en otros han resultado proyectos que devinieron en hegemónicos sin conformarse como tales, dependiendo de coyunturas nacionales e internacionales, como fue el caso de la dictadura de Trujillo.
De esa vieja herencia, Balaguer ha resumido y proyectado hasta estos tiempos dos componentes esenciales: el estilo caciquista-autoritario matizado de una ilustración propia de él-, y un proyecto político conservador sobre la base del cual levantó, a partir del primer lustro de los años sesenta, una formación política que nunca pudo construir a la sombra de la dictadura que, con Trujillo al frente, soportó intelectualmente durante décadas de gestión como excelente cortesano.
La década de los años sesenta sirvió como fragua de su condición de jefe político de la clase dominante del país. La articulación de sus ideas y el proyecto conservador le condujeron a hacer causa común con los Estados Unidos y al influjo de la intervención norteamericana coronó las perspectivas sobre la base de las cuales precisó y concretó su proyecto.
Se trata de un Estado bajo su control y un poder sustentado en un partido político levantado desde la manipulación de grupos de intereses encontrados que reunían, desde viejas expresiones de la herencia trujillista hasta sectores conservadores opuestos al tirano, además de núcleos de pensadores liberales que habían sucumbido a las políticas trazadas desde el exterior.
Desde entonces se manejó en un partido en el que personalmente casi decidía la existencia de los grupos de intereses. Para ello utilizó el poder, y de manera especial los recursos que proporciona éste. No hay que olvidar sus confesiones respecto de la existencia de los famosos 300 millonarios durante los doce años de su gobierno.
El manejo del Estado y del partido, por él y alrededor de él creado, lo hizo sobre la tesis de la fragmentación del poder. Es decir, ser eje, iceberg, vértice, elemento de referencia de todos los intereses, grupos, apetencias, esperanzas e insatisfacciones, constituían los objetivos de quien repartía el poder sin entregar nada del mismo.
Así se construyó el Partido Reformista Social Cristiano. Alrededor de Joaquín Balaguer y en dependencia total de sus designios.
Hoy, con una realidad política cambiada, el liderazgo tradicional y mesiánico reducido a su única y disminuida existencia, Balaguer juega a la reconformación de un partido, sin el objetivo del nuevo asalto al poder o la vuelta a la conducción del Estado.
Según los estudiosos del comportamiento de los políticos, sus propósitos finales, presentes en su conformación original de juventud, son la trascendencia desde el poder mismo, y por ello su gran y último desafío lo constituye la pelea con el pesado fardo de la historia para limpiar su imagen de los lastres y manchas dejados por el decurso de los años de incesante combate político en la República Dominicana.
Claro está -según algunos observadores- que esas pretensiones se enmarcan dentro de una visión sistémica que le ha permitido, desde su condición de jefe político de la clase dominante, garantizar que todo lo relativo a las cuestiones fundamentales del poder y del Estado en el país termine o pase por la Máximo Gómez número 25.
Balaguer ha gobernado con su Partido Reformista y con los demás grandes partidos tradicionales. Se ha sobrepuesto a los gobiernos, ha figurado hasta en posiciones anti-imperialistas, ha promovido la desobediencia civil desde la oposición, ha realizado las más espectaculares alianzas políticas, rindió a sus opositores tradicionales y ha inoculado el conservadurismo político en fuerzas como el Partido Revolucionario Dominicano y de la Liberación Dominicana.
A través de esas instancias políticas o en sus gobiernos, Balaguer ha continuado ejerciendo el poder con la consulta entregada, la resistencia abierta o la imposición que genera, manipulando siempre los recursos silenciosos del poder fáctico que regentea siempre los destinos de la nación dominicana.
EL PORQUÉ DE LA EXCLUSIÓN
Como era de esperarse las reacciones llegan en cadena de todos los litorales del reformismo, sobre todo desde quienes se quedaron fuera y distante del pastel o simplemente excluidos. Habrá que esperar los resultados de la primera reunión de la Comisión Ejecutiva a celebrarse en la residencia del anciano líder, para lo cual será necesario esperar que las aguas retomen su cauce.
Es así porque son muchos los sectores internos disgustados con las últimas decisiones. Las impugnaciones ante la Junta Central Electoral no se hicieron esperar, bajo el alegato de que no se verificó el quórum reglamentario, además de negar la palabra a dirigentes de la entidad que como Angel Lockward, según se ha observado, debió ganar adentro sin esperar perder para patalear.
Es claro que al menos Lockward no debe extrañarse de lo sucedido, y se supone que estaba consciente de los cuestionamientos de quienes entienden ha mantenido un rol de oposición al reformismo. Eso en lo que respecta a la dirigencia y la estática membresía, porque las motivaciones del viejo caudillo probablemente han sido otras. La búsqueda de un espacio político que mantuviera su nombre en movimiento no pasaría por alto.
Por supuesto que el de Lockward no es el único caso. Guillermo Caram, quien ha sido la cabeza visible del PRSC en las críticas a la actual gestión gubernamental, ha sido otro de los sacrificados.
Se trata de dirigentes que no se reducen a la tradición caudillista, aunque respetan desde el temor la omnipotencia del líder. En el PRSC existe una hegemonía individual que por su peso aplasta toda posibilidad distinta.
Sin embargo, habrá que esperar como se desarrollan los acontecimientos de cara a la situación misma de la nación dominicana, en razón de que la sociedad en su conjunto influye en todas las formaciones políticas.
Desde el punto de vista político, la corriente que se impone en la nación dominicana, lejos del conservadurismo, tiene un carácter más liberal, democrático y participativo que ha tomado cuerpo en la medida en que crece el proceso de politización general de la sociedad.
Otras tendencias que se han agrupado alrededor de Balaguer, distintas a los grupos que están siendo excluidos, ya no participan del velatorio y sólo conservan el simbolismo, debido al tipo de vínculos que prefieren hacia la población del país. Al menos es el parecer de analistas que aseguran que esos grupos que se mueven en torno a la figura del líder sólo esperan su desaparición física para sustituirlo.
Son sectores que permanentemente aplauden al caudillo, y ante la imposibilidad de enfrentarlo y ganarle la batalla se reducen, se hacen sumisos y se articulan para repartirse el control de la organización ante la inmimente desaparición del líder. Es una herencia que se ha venido trabajando en base a las alianzas, la hegemonía conquistada o al peso económico.
DESCONEXIÓN DEL PUEBLO
El Partido Reformista no ha mantenido un vínculo continuo con las nuevas generaciones sociales del país, lo que ha dado como resultado una desconexión con la población. La movilización hacia la sociedad se producía a través de la masa silente. En ausencia de ésta sólo le queda una conexión vía la influencia lograda a partir del liderazgo mesiánico de Joaquín Balaguer.
Con ese liderazgo cuestionado o marginado del poder, y un partido que por tradición mantenía a la gente en función del control del Estado vía el clientelismo, es normal que esa influencia se reduzca y la desconexión con la población aumente profundizando el abismo entre Balaguer y la gente.
Frente a esa situación, el anciano líder trata de avanzar para superar esa desconexión, intentando lograr la limpieza de su figura histórica y reiterándose como el eje fundamental alrededor del cual se construye el PRSC. Trata de potenciarse en función de sus influencias políticas en los demás partidos tradicionales. Es por eso, quizás, que el caudillo reformista ya no es un blanco ni para el PRD ni para el PLD, lo que implica una ganancia en su proyecto particular de estar, vivir, morir y quedar alrededor del poder.
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