9 de julio de 2001 • Edición número 1,210
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La Antología mayor de la literatura dominicana
Reúne cuentos de (Avelino Stanley, Rafael García Romero, Juan Manuel Prida Busto, Luis Arambilet y Pedro Antonio Valdez) cinco escritores que revelan las direcciones actuales de la narrativa dominicana

Por Rafael García Romero

El hecho de que en la Antología mayor de la literatura dominicana, cuya selección, prólogo y notas son de José Alcántara Almánzar, haya cinco cuentos de escritores que revelan las direcciones actuales de la narrativa dominicana llama la atención, trasciende las fronteras de la propia y constituye una gran revelación, que a la vez se traduce en dos buenas noticias. Eso significa que la literatura dominicana avanza. En sentido general avanza hacia otras fronteras, demanda nuevos espacios, toca y promueve a nuevos escritores.

En cierta forma, las antologías dan el tiempo en cuanto a la literatura. Trabajan con el tiempo real; pero además, en esa medida, las antologías reflejan un avance, el crecimiento, las nuevas plumas promovidas y los alcances de una bibliografía cada vez más abarcadora, que crece y llama lectores.

La segunda noticia es que en todo ese bosque de letras y literatura, la cuentística dominicana contemporánea ya cuenta con escritores y escritoras que tienen una obra hecha, que pueden ofrecer una bibliografía impresionante.

En todo caso hablo del cuento porque estoy convencido que el cuento siempre será un género de búsqueda y conexión, de excepcional preferencia. Un hecho que llevó a los escritores e ideólogos de la Antologia mayor de la literatura dominicana, Manuel Rueda y José Alcántara Almánzar, a valorar y dimensionar la obra de manera singular de Avelino Stanley, Rafael García Romero, Juan Manuel Prida Busto, Luis Arambilet y Pedro Antonio Valdez, y que sobre todo lo hagan porque revelan las direcciones actuales de la narrativa dominicana.

En ese nuevo espacio justiciero se inscribe la Antología mayor de la literatura dominicana de José Alcántara Almánzar, publicada por la Editorial Corripio. La obra tiene ese poder de seducción que se apoya en la fuerza y el valor de los autores reunidos, y que fundamenta una obra en dos volúmenes, de excepción en su conjunto, con definitiva garantía histórica.

Una antología impresionante, abarcadora, y que como lo planteó su compilador, es fruto de lecturas, criterios y ponderaciones sobre el quehacer literario en diferentes épocas y géneros.

El carácter de Mayor permite a esta antología incluir masivamente a muchos escritores y prosista excluidos, desterrados sin ningún criterio, de importantes libros de su especie. Así que en sus páginas vemos la obra de un nuevo grupo de jóvenes narradores que aparece en esta edición y que según José Alcántara Almánzar, puede considerarse como parte de los más activos cuentistas y novelistas nacionales de la actualidad, todos ellos galardonados en concursos locales y casi todos con una obra ya extensa, como son - y cito de nuevo, rgr-Avelino Stanley, Rafael García Romero, Juan Manuel Prida Busto, Luis Arambilet y Pedro Antonio Valdez, que revelan las direcciones actuales de la narrativa dominicana. En cuanto a esta observación, hay que destacar que los escritores incluidos en su condición de reveladores de las direcciones actuales de la narrativa dominicana, son todos ciertamente ganadores de premios locales. Sí, pero todos, premios nacionales. Avelino Stanley con su novela Tiempo muerto, Rafael García Romero con su libro A puro dolor y otros cuentos, Juan Manuel Prida Busto con Huellas en la niebla, Luis Arambilet ganó el premio con Los pétalos de la cayena y Pedro Antonio Valdez que lo ganó dos veces, con su libro de cuentos Papeles de Astarot y la novela Bachata del ángel caído. La publicación ampliada de esta Antología Mayor de la literatura dominicana es una razón más para dejar sentado de que la literatura dominicana avanza. En sentido general avanza hacia otras fronteras, demanda nuevos espacios, toca y promueve a nuevos escritores. Hay que ser más enfático. Pedro Antonio Valdez nació en La Vega, y ciertamente, galardonado en concursos locales: ganó el primer premio en el concurso de cuentos de Casa de Teatro, en 1989. Ganó el premio nacional de cuento con su libro Papeles de Astarot, en 1992. Ganó el premio nacional de novela con Bachata del ángel caído, en 1998 y el Premio Nacional de Poesía UCE con su libro Naturaleza muerta, en el 2000. En cuanto a Luis Arambilet, nació en Santo Domingo. Ganó con Los pétalos de la cayena el premio nacional de cuento, en 1993. En 1994 publicó dos libros: Zona secreta y Homo Sapiens; y en los años 1996, 1997 y 2000 publicó Quinteto (Cinco historias de las tristes), Insectos, caricaturas y El libro de las pasiones.

Avelino tiene un currículo entre la novela y el cuento. Premiado exclusivamente en novela. Ganó el premio nacional con Tiempo Muerto, en 1999. En dos décadas dedicado a la literatura ha publicado: Equis, 1981; Los disparos, 1988; Personajes de la historia, 1990; Catedral de la libido, 1994 y La máscara del tiempo, 1996.

Juan Manuel Prida Busto ganó el premio nacional de cuento con Huellas en la niebla, 1990; tiene la exquisitez de los narradores depurados, y que puede verse en sus obras publicadas: Pieles a mi piel, 1992; Arena de soledad, 1994; y En la luz de la noche, 1999.

Rafael García Romero ganó el premio nacional de cuento (Secretaria de Estado de Educación, Secretaría de Estado de Cultura, 2000-2001); primer y tercer premios en el Concurso Dominicano de Cuentos (Casa de Teatro 1987 y 1992, respectivamente), y el primer premio en el Concurso Literario Club-ADN, 1984. Los libros publicados son, Fisión, 1983; Hábeas Corpus, 1985; El agonista, 1986; Premio Nobel y literatura latinoamericana, 1983; Bajo el acoso, 1987; Los ídolos de Amorgos, 1993, Historias de cada día, 1995, La sórdida telaraña de la mansedumbre, 1997; El artículo se escribe así, 1999; y Obras Narrativas, 2000. En cuanto a los cuentos incluidos de Avelino Stanley, Rafael García Romero, Juan Manuel Prida Busto, Luis Arambilet y Pedro Antonio Valdez basta con una lectura para ver en ellos modernidad. En ese orden se titulan: Repatriación del dolor, Peach Melba con mermelada de fresa, Al filo del destiempo, Los pétalos de la cayena y El mundo es algo chico, Librado, pero a la vez dan absoluta certeza a las palabras que les sirven de presentación en esta fascinante antología de la prosa dominicana.


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